Un río de palabras sobre el papel

En el libro «Siddharta» de Hermann Hesse, hay un personaje llamado Vasudeva. Es un barquero que transporta peregrinos por un cauce de agua, y es él quien inicia al protagonista en el arte de entender el lenguaje del río. Aldo Javier Calveyra, escritor entrerriano pero radicado en Villa Mercedes hace más de 20 años, genera la misma sensación.

Calveyra vive en Villa Mercedes desde el año 1993 y ha tenido una actividad intensa en el ámbito literario de la ciudad.

Calveyra vive en Villa Mercedes desde el año 1993 y ha tenido una actividad intensa en el ámbito literario de la ciudad.

De manera similar a Vasudeva, Aldo Javier Calveyra nos lleva, de alguna manera, a leer el río. En su caso, a ese Gualeguay, que fue el paisaje de su vida en Entre Ríos, su provincia natal.

Calveyra vive en Villa Mercedes desde el año 1993 y ha tenido una actividad intensa en el ámbito literario de la ciudad, colaborando en cafés literarios, encuentros de escritores y lecturas de los clásicos. También ha participado en algunas antologías, además de recibir distinciones en certámenes y concursos de cuentos y poesía.

En sus poemas y relatos, lo rural tiene una gran preponderancia… y el río, en especial, como concepto y como espacio metafórico, atraviesa su producción.

-¿Cómo fue su primer acercamiento a la literatura?

Todo empezó con un libro chiquito que se llamaba «Tabaré», que se lo olvida un tío en mi casa paterna. Siempre digo cuando tengo oportunidad que mi tío, el hermano de mi madre, es el culpable de que yo escriba, porque él fue un gran lector. Y ese libro que se olvidó, «Tabaré» de Juan Zorrilla de San Martín, era hermoso… como un poema épico del Uruguay. Y lo empecé a leer todas las siestas cuando no me podía escapar al río. Y la lectura de ese libro me atrapaba. Después, con el tiempo, fui leyendo otras cosas. Ya de grande leí la Divina Comedia de Dante, pero todo empezó con ese librito.

-¿Ingresó alguna vez al mundo de la academia? ¿Estudió letras?

Fui autodidacta, pero me fui relacionando con gente que leía mucho. Y aprendí que hay que poner mucha dedicación para escribir. En lo que sí he participado es en certámenes nacionales, y en uno he tenido una mención de honor. Me gusta mucho la literatura y tiene un lugar muy importante en mi vida, aunque en los últimos tiempos no pueda escribir mucho por cuestiones de mi trabajo. Pero trato de seguir leyendo todo lo que puedo. Esa fue una de las recomendaciones de mi tío, Arnaldo Calveyra, que tiene una obra literaria muy valiosa: «Lee todo lo que caiga en tus manos», fue una de las recomendaciones a su sobrino.

-¿Cuánto tiempo pasó desde la lectura de «Tabaré» al primer texto literario propio?

De leer a escribir el paso fue casi inmediato, casi automático. Es que, en realidad, leer y escribir son como dos caras de la misma moneda. Son parte del mismo ejercicio, de la misma práctica. Con la lectura vas hilvanando palabras, ideas, o historias.

Calveyra publicó, entre otras obras, "Bagual de Las Correntadas" y varias antologías con autores locales.

Calveyra publicó, entre otras obras, «Bagual de Las Correntadas» y varias antologías con autores locales.

-¿Cómo es su proceso creativo?

Una búsqueda. Es buscar algo que está ahí, dentro mío, para tratar de darle forma. Es un trabajo interior. No tengo muchos rituales, por llamarlo así. Lo que trato es de no escribir bajo estados emocionales, pero obviamente soy una persona, y a veces lo hago. Pero en cuanto a lo demás, trato de hacer como los griegos: un día, una línea.

-¿Qué obras no pueden faltar en su biblioteca?

Todo depende del momento. Lorca es imprescindible. Neruda me gusta, pero no me seduce. Me gusta la poesía uruguaya. Siempre estoy como buscando aquello que no puedo escribir y además conociendo la vida de esos escritores.

Me gustan los autores clásicos. Todo depende del estado de ánimo. Hasta puede que me ponga a leer cuatro libros que no tengan nada que ver entre sí.

-Se reconoce autodidacta, ¿cree que hay limitaciones por serlo?, ¿hay alguna desventaja frente al autor que tiene formación académica?

Para mí sí. Creo que el autodidacta tiene un techo. Puede tener un talento natural, y tratar de hacerlo crecer, pero también me parece que hay un punto límite donde, para superarlo, hace falta de otras personas, del estudio, de más lecturas.

-¿Cómo definiría su propia literatura?

Muy directa. Escribo de todo. Escribo poesías, cuentos para adultos, cuentos para niños… Incluso tengo un personaje que se llama Nelson Lescano, que escribe desde la protesta. Y es mi otro yo. Le puse ese apellido porque el de mi abuelo era Lescano. Y cuando me iban a bautizar, mi familia quería ponerme Nelson, pero no se lo permitieron, y por eso me llamo Aldo Javier. Por eso, para mí, Nelson Lescano es ese hombre al que no lo dejaron ser. De hecho, él es muy diferente de Aldo Javier. ¡Quizás algún día me anime a publicar firmando como Nelson Lescano!

-¿Su vida personal influye mucho en sus obras?

Mucho. Muchos escritores hacemos catarsis con la literatura. Escribimos haciendo catarsis. En mi poesía, en mis cuentos, hay mucho de mi vida en Gualeguay, de esas siestas en el río. Me atrae mucho la ruralidad, con todo lo que tiene, con la naturaleza, con su forma de vida, con sus propias historias.

-El río parece tener mucha influencia en su vida…

Claro. De hecho uno de mis libros se llama «Bagual de Las Correntadas», y lo hice para el río Gualeguay. Para mí el río es un lugar que existe, pero al mismo tiempo es algo metafórico. Hablo de él, de sus recorridos, de sus aguas, la vegetación… Me llama también su paisaje. Juan Ortiz, también un escritor de Entre Ríos, fue uno de los primeros que le escribió al río y le dedicó su poema más grande. Y yo seguramente siga también escribiendo sobre el Gualeguay, quizás sobre su aire esta vez.

-Además de «Bagual de Las Correntadas», ¿qué otras obras publicó?

Tengo otro libro de poesías que se llama «El Rocío de una lágrima”. En el 2007 participé de un libro parlante que se llama «Orillando Vientos» que es una antología literaria de escritores de Villa Mercedes. Otra antología fue «Cenizas de oro», un homenaje a Juan Crisóstomo Lafinur, también con escritores de acá. Además, hice un cuento infantil que se llama «Carlito y las hormigas», y otro libro de poesías: «Sinfonías del crepúsculo».

-¿Y qué obras planea para el futuro?

Quisiera hacer algo sobre mitos y bandidos rurales. Sobre Juan Bautista Bairoletto, Antonio Gil, y otros. En particular hay una historia que me interesa mucho, que es la de Martina Chapanay. Era una bandolera sanjuanina. Tengo pensado hacer un poema, pero no logro encontrar las palabras necesarias. Estoy trabajando en eso.

-¿Se considera un escritor puntano?

No. Escribo sobre San Luis, pero no me considero un escritor puntano.

-Muchos hombres y mujeres que escriben en la provincia no se atreven a autodenominarse escritores. ¿Por qué cree que es?

Es un dejo de humildad. Me parece bien, pero creo, en mi opinión, que es negar una realidad. Somos escritores… Buenos, malos, regulares… pero lo somos todos. Además, ésas son cuestiones relativas. Lo que te gusta a vos, puede que no le guste a tu hermano. Todo depende de quién lea, de quién produce, del momento en que esté cada uno. Creo que si escribís poesía, tenés que considerarte un escritor y un poeta.

 

Escrito por Kafka Tamura para Caminos de Tinta.

Foto: Kafka Tamura.

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