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Navegando en los papeles personales de García Márquez

Una reunión con el Papa para pedir por los desaparecidos argentinos, fotos y hasta la lista de los hijos de su padre, extramatrimoniales inclusive.

Uno puede quedarse a vivir en los archivos de Gabriel García Márquez que la Universidad de Texas acaba de poner en Internet,en este link.

Puede quedarse mirando un rostro antiguo, el de la abuela Tranquilina Iguarán Cotes, de nombre resonante. O detenerse en la cara redondita, en blanco y negro, de un Gabo de no más de 2 años, con el pelito lacio y más bien rubio.

O espiar sus notas en la Universidad Nacional, donde, se aclara, se calificaba de 0 a 5: 5 en Economía Política, 4 en Derecho Civil, apenas 3 (aprobado) en Introducción al Derecho.

Uno puede chusmear en un álbum de recortes, donde alguien le ha escrito una maldición: «Lo que distingue a Gabito de un genio consiste en que él se ruboriza de serlo. Pero siempre estará condenado a la persecución del aplauso sin remedio». Es Bogotá, 20 de noviembre de 1952.

Navegando en los papeles personales de García Márquez

La más famosa. La versión original de «Cien años de Soledad». /Coleccion del Centro Harry Ransom

Documentos personales se cruzan en el espacio virtual con originales de sus obras, en los que el colombiano dejó, a mano, sus anotaciones. Por ejemplo, la primera página de El amor en los tiempos del cólera avisa: «Copia corregida por Gabo en PARÍS en X1-85. Última corrección». ¿Qué cosas ha arreglado? Una preposición «con» que se repetía tres veces en una oración. Las marcaba con un circulito rojo y unía las tres palabras con una línea.

Otra: El general en su laberinto. En la portada dice «Versión original corregida por gabito» (así, en minúsculas). Y anota pequeños cambios aquí y allá.

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Hay un cuaderno de notas con letra apretada, datos económicos, ideas. Dice, contundente: «Si la mujer tiene muchos hijos se jode socialmente«.

Está el manuscrito de «El argentino que se hizo querer de todos», discurso sobre Julio Cortázar que dio en México en 1994.

Y, también, una tarjeta con una declaración que puede sorprender: «Nada de lo que se diga o no se diga de Shakira podría ya cambiar su rumbo de artista grande e imparable». La cantante y García Márquez eran amigos: cuando él murió un sitio web tituló: «Murió García Márquez, gran amigo de Shakira».

En el enorme archivo hay material promocional para la edición inglesa de Cien años de soledad, en 1970. Dice que se trata de «una cómica obra maestra» y que es «un best seller que merece ser un éxito».

Navegando en los papeles personales de García Márquez

El escritor Gabriel García Márquez y su esposa, Mercedes, en Bogotá (Colombia) en 1967. EFE/Centro Harry Ransom

Hay, también, algunas líneas de lo que iba a ser la segunda parte de su autobiografía y que quedó inconclusa. Empieza contando algo que parece una anécdota graciosa: él está en un hotel y le tiran un diario por debajo de la puerta. El título dice: «Murió el Papa». El escritor se queja: le dejaron el diario del mes pasado. No, le contestan, «es que el Papa murió otra vez». Se trataba, claro, de Juan Pablo I, quien ejerció el papado apenas un mes, en 1978. Noventa días más tarde, el colombiano estaba sentado junto a su sucesor, Juan Pablo II: había ido a pedirle por los desaparecidos argentinos. En ese momento, cuenta, estima que son 10.000. Pero se le van los diez minutos que le dieron y la charla queda en la nada.

El archivo de esta biografía tiene, también, los materiales que García Márquez reunía para escribirla: una especie de perfil suyo bastante completo y una hoja de cuaderno en la que detalla los nombres de los hijos de Gabriel Eligio García, el padre del autor. Uno por renglón. En total, 15, pone, «11 con doña Luisa Santiaga, 4 fuera del matrimonio». El tercero es Gabriel José, el que pondría al pueblo natal, Aracataca, en el mapa literario del mundo.

Clarín.