Listado de la etiqueta: obra

En busca del libro de terror y muerte que hechizó a Borges

 

En los recovecos de la Biblioteca Nacional, el mítico actor francés Jean-Pierre Léaud quiso encontrar el misterioso “Necronomicón”. Detalles de ese recorrido y una hipótesis cruel: ¿Borges quedó ciego después de leerlo?

El celular interrumpe el remoloneo del sábado. Número desconocido. Atiendo porque soy curioso. “Jean-Pierre Léaud quiere ver el Necronomicón de la Biblioteca Nacional. Ya le dijimos que no es real, pero insiste. ¿Quieres venir?”. El que habla es Rémi Guittet, agregado audiovisual de la embajada de Francia en Buenos Aires.

Apenas tengo tiempo de reaccionar. Jean-Pierre Léaud, el actor fetiche de Truffaut y Godard, el eterno Antoine Doinel que creció ante las cámaras en la pentalogía iniciada en 1959 con Los 400 golpes. Claro que sí, digo, ¿cómo perderme eso? Mi última novela es un gran homenaje al cine. Claro que sí, repito mientras me desperezo. Quizás hasta pueda escribir un pequeño texto para algún medio.

 

Remera azul, saco, ejemplar de mi novela en mano. Llego al hotel cinco minutos antes del horario pactado. Rémi me hace señas desde el bar de la esquina. Jean-Pierre Léaud y su pareja Brigitte Duvivier toman café en la vereda. Estudié francés algunos años, pero no me sale una sola palabra cuando le estrecho la mano a ese hombre de 74 años, melena raleada, ojos achinados y barba de tres días que bien puede considerarse el último sobreviviente -o por lo menos el más activo- de la nouvelle vague. Ni siquiera sé si tengo que decirle bon jour o bon soir. Ensayo una reverencia. Ocupo un lugar en la mesa. Apenas me siento, me pregunta por el Necronomicón. Entiendo otra cosa y respondo en un francés penoso: que no soy periodista, que soy escritor, que mi último libro… Saco el ejemplar de mi mochila. Se lo doy a Rémi, que nota mi desesperación por hacerme entender. Rémi le muestra el libro a Jean-Pierre. Hay una mueca amable. La pregunta viene otra vez: “El Necronomicón -dice Jean-Pierre-. ¿Cuándo vamos a verlo?”.

 

Con Borges. Jean-Pierre Léaud, con afecto hacia el escritor, en la Biblioteca Nacional. / Enzo Maqueira

 Rémi y yo nos miramos. Briggite sonríe, divertida. Pero Jean-Pierre luce convencido. Con cuidado le explico que es improbable que ese libro exista, que todo parece indicar que es un invento de H.P. Lovecraft, el genio del terror que imaginó un libro maldito escrito por el también ficticio Abdul Alhazred. El nombre del supuesto autor es un juego de palabras que hizo Lovecraft con “all has read” (“todo ha leído), pero elijo pasar por alto ese dato. Entre esas páginas se esconderían las fórmulas mágicas para invocar seres sobrenaturales, y leerlo podría provocar la locura o la muerte.

Según el cuento El horror de Dunwich existen sólo cinco ejemplares en el mundo y están repartidos en la Biblioteca Widener de Harvard, la Biblioteca Nacional de París, el Museo Británico, la Universidad de Buenos Aires y la Biblioteca de la Universidad de Miskatonic, en Arkham. Nunca se halló ninguno. La última ciudad ni siquiera existe, pero a Jean-Pierre no le importa. Tampoco que nuestra excursión sea a la Biblioteca Nacional y no a la Universidad de Buenos Aires. Es que la leyenda creció por estas tierras. Cuando fue director de la Biblioteca Nacional, entre 1955 y 1973, Borges escribió la ficha del libro, como si realmente estuviera catalogado. Si Borges la escribió, ¿por qué no podría existir el Necronomicón? El razonamiento es suficiente para que Jean-Pierre mire la hora, ¿vamos?, y se ponga de pie, un cordón desatado, nosotros detrás de él, lo vemos abalanzarse sobre un taxi.

Cuando llegamos a la Biblioteca Nacional hay que subir unas escaleras larguísimas. Jean-Pierre da dos pasos y tropieza, pero mantiene el equilibrio. Los siguientes escalones los sube con más cuidado. Se agarra del brazo de Rémi y también se agarra del mío. Siento sus músculos, sus huesos, la tela del saco contra mi ropa. Tomo conciencia de que estoy subiendo las escaleras del brazo de una leyenda del cine. Es el único momento en que lo veré de esa manera: frágil y legendario. El resto del tiempo tendré una sensación opuesta que tardaré un buen rato en procesar.

Una vez en la explanada, Rémi nos pide que esperemos a que nos vengan a recibir. Jean-Pierre está cansado. Viene del Festival de Cine de Mar del Plata, donde le dieron el Premio a la Trayectoria. En un rato tendrá que irse al Malba a una retrospectiva de su carrera. Se sienta en uno de los canteros. Me acomodo al lado de él. La bandera argentina flamea sobre nosotros. En mi francés balbuceado le pregunto si es cansador ser un actor tan importante para la historia del cine. Briggitte, que espera un poco atrás de nosotros, responde antes que él, pura sonrisa. Tengo poco tiempo y pocas palabras. Prendo el grabador. Ensayo una especie de entrevista. Le digo que siempre cuenta que Truffaut era como un padre para él, pero que a veces necesitamos rebelarnos contra los padres. Briggite otra vez contesta antes que su marido: “Él no, él ama a Truffaut”. Jean-Pierre completa la respuesta, deberé escuchar el audio muchas veces para entenderlo: Truffaut le enseñó el amor por la vida y el amor por el cine. Fue a los catorce años. Le enseñó todo y siempre le estará agradecido. Se embala y le agradece a Godard, a Chabrol, a Raoul Coutard, a lo hermosa que fue aquella época. Pronuncio el nombre de George Delerue, el autor de la música de buena parte de las películas de la nouvelle vague. Abre los ojos grandes y sonríe, me palmea la espalda, parecemos dos compañeros de escuela charlando en el patio.

Nos interrumpe la comitiva oficial. Yann Lorvo, el consejero cultural de la embajada y su mujer, una funcionaria de la Biblioteca Nacional, otras personas que no conozco. En total somos doce. Le explican a Jean-Pierre que daremos una vuelta por los distintos pisos y visitaremos la Sala del Tesoro. Jean-Pierre se pone de pie y habla con amabilidad pero también con firmeza: está muy cansado y quiere que vayamos directo a ver el Necronomicón.

Un silencio expectante

En el ascensor hay un silencio expectante. Me paro a su lado. No lo puedo evitar. Me doy vuelta y digo frente al espejo: “Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel”. Jean-Pierre sonríe. Creo que empiezo a asustarlo. Le pregunto si está nervioso por lo que pueda encontrar. Me contesta algo que no logro entender. Soy yo el que está nervioso. ¿Hasta dónde vamos a seguir con la farsa? Antes de entrar a la sala aparece Damián Blas Vives, coordinador del Centro de Narrativa Policial Bustos Domecq -de la Biblioteca Nacional– y organizador del Encuentro Internacional de Literatura Fantástica. Es el hombre elegido para romper el hechizo.

Un pasillo amplio y mesas a lo largo. De las paredes cuelgan cuadros con las caras de los directores históricos de la Biblioteca. Jean-Pierre se excita, camina dos pasos firmes, abre los brazos, le pide a la esposa que filme el pasillo, los cuadros, posa junto al de Borges. Las doce personas que lo seguimos avanzamos detrás de él como detrás de un chico que piensa que Papá Noel vino a traerle sus regalos. Recorre ansioso los exhibidores donde se suceden los libros de Victoria Ocampo, Silvina, Bioy Casares, Oliverio Girondo, García Márquez, Alejandra Pizarnik. “Sí -dice y se sienta en una silla en la sala de lecturas-, ¿pero dónde está el Necronomicón?”.

Damián Blas Vives se yergue a respetuosa distancia. Son ellos dos en el centro de la sala. Los demás miramos, sacamos fotos, sonreímos con una mezcla de nervios, complicidad y ternura. El consejero cultural traduce.

El relato empieza por lo que ya le habíamos dicho: no es en la Biblioteca Nacional sino en la Universidad de Buenos Aires donde debería estar el libro maldito. Es cierto que Borges escribió una ficha, pero la ficha desapareció dos años después. “¿Y el libro? -insiste Jean-Pierre-, ¿dónde está el libro?”. La Biblioteca donde trabajó Borges no es ésta sino la de la calle México -sigue Damián-. Incluso se dice que Borges quedó ciego después de leer el libro. En esa zona hay muchos túneles subterráneos, catacumbas… Si queremos dejar volar la imaginación, podría ser que Borges hubiera escondido el libro en alguno de esos laberintos.

 

Consagrado Jean-Pierre Léaud recibió el Premio a la Trayectoria antes de la proyección de “Los 400 golpes” en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

“Estoy muy contento por todo lo que estoy aprendiendo, pero ¿puedo ver el libro?”, porfía Jean-Pierre Léaud. El libro no está, quizás se haya perdido en la mudanza de la biblioteca. Dicen que se perdió un camión entero. El libro quizás exista, pero no lo tenemos. Silencio. Nadie se anima a agregar nada. Jean-Pierre abre los brazos, frunce la cara, tiembla un poco, se restriega el ojo. Parece que estuviera a punto de llorar.

“Bueno -dice-, vine a la Argentina por el festival de Mar del Plata, pero secretamente sabía que en realidad venía a buscar el Necronomicón. Crucé el Atlántico por eso. Ahora que sé que aquí no está, voy a tener que creer que el Necronomicón está en la Biblioteca de París, así tengo una buena razón para volver”. Entonce se ríe, aplausos, se pone de pie. Se saca una foto con Damián y con el retrato de Borges. Salimos felices, pensando en lo mucho que le hubiera gustado a Borges todo este asunto. Tengo la sensación de que acabamos de ser cómplices de otra de las travesuras de Antoine Doinel; o que fuimos testigos de un paso de comedia de un actor que supo cómo regalarnos la sensación de haber rozado con los dedos el cielo de las fantasías.

Cuando salimos le pido una selfie. Saco el celular, el mismo que sonó temprano para despertarme de la modorra del sábado. Me acerco y sonreímos a cámara. Estoy tan feliz que las palabras me salen solas. Con un francés perfecto, me animo, lo abrazo y le digo Je t’ aime, Jean-Pierre, je t’aime beaucoup.

 

Diario de Cultura.

 

 

 

Jesús Liberato Tobares presentó el Tomo II de sus obras completas

Tobares es un prestigioso escritor, historiador e investigador puntano. En la tarde noche de este jueves en San Francisco del Monte de Oro tuvo otro sentido y emotivo homenaje. Fue en el cierre de la primera jornada de la VI Feria del Libro donde presentó el segundo tomo, de seis, de sus obras completas.

“Jesús Liberato Tobares es uno de los buscadores más grandes de San Luis”, expresó con efusividad el villamercedino Félix Máximo María en el video que fue proyectado en el salón del Centro Cultural en el transcurso de un acto que contó con la participación del gobernador, Alberto Rodríguez Saá, y la jefa del Programa Cultura, Silvia Rapisarda.

San Luis Libro fue el responsable de la reedición de las obras completas, tal como se anunció   a mediados de año en la presentación del Mega Plan “Sueños Puntanos”. Pedro Bazán, responsable de San Luis Libro, presentó al autor y a su obra.

A continuación el historiador y escritor presentó su obra y agradeció muy especialmente al gobernador de la Provincia, al secretario general de la Gobernación, Alberto Rodríguez Saá, a la jefa del Programa Cultura, Silvia Rapisarda, y a Gustavo Romero Borri, para la concreción de este segundo tomo de sus obras completas al tiempo que brindó una clase magistral de puntanidad hablando de sus pueblos, sus personajes y contando anécdotas. Hasta se dio el lujo de recitar de memoria una tonada dedicada a Juana Koslay.

Tobares eligió contar las historias de los humildes mediante poemas que cultivó durante sus más de 50 años de trayectoria. Su voz temblorosa casi se quiebra por la emoción cuando recordó a una tejedora de Nogolí y el legado de Juana Koslay.

Habló de recuerdos que todavía los persiguen como sombras, sobre todo del drama de los mineros en su terruño, San Martín. Pero también la fraternidad fue su amparo.

Así contó que a los 16 años mientras trabajaba como telegrafista en Concarán conoció a Polo Godoy Rojo, al músico Atilio Jorge Jofré y a Dora Ochoa de Masramón, quienes lo inspiraron en su vocación literaria.

Durante la presentación de este segundo tomo con ensayos folclóricos, el historiador que más ha investigado sobre la puntanidad aclaró en qué consiste este concepto. “Procuramos exaltar el valor de lo raigal sin desdeñar lo universal”, dijo.

“No miramos con desprecio lo que tiene igualmente de valioso lo mendocino, lo sanjuanino, lo porteño, etc.”, señaló, y sostuvo: “Entendemos que en esos espacios de la argentinidad existen similares valores, proyectos, motivaciones y sueños idénticos a los nuestros”.

“La puntanidad no es un concepto excluyente sino incluyente”, subrayó.

“En la argentinidad también va comprendido el sentido de vecindad, solidaridad, cooperación y hermandad con los países de América”, indicó.

Tobares nació el 15 de octubre de 1929 y todavía hurga en las páginas, los paisajes y los rostros puntanos. Sueña con publicar un diccionario histórico de San Luis y pretende sumar a esta colección investigaciones inéditas sobre Villa de Praga, Las Lagunas, populares de la provincia, y sobre 165 familias del paraje Santa Bárbara (hoy, la localidad San Martín).

Para el autor escribir no es un pasatiempo sino una indagación ante la adversidad rural y existencial. El sentimiento de fraternidad lo acompaña cada vez que emprender su tarea.

“Hemos conocido cantores, guitarreros, rastreadores, arrieros, hilanderos, tejedoras, maruchos y todos ellos nos han dejado siempre el calor de su mano fraternal, como es la mano de nuestros hombres de campo”, expresó.

Su legado, como una inmensa veta en la historia social, transmite la calidez y el resplandor de los pueblos puntanos.

 

ANSL.

Apuntes sobre un poeta elogiado por Neruda

El autor villamercedino de la zamba “La tempranera” fue, además, abogado, músico, crítico de arte e historiador. Amó de tal forma a una mujer que se casó dos veces con ella, la musa que inspiró uno de sus poemas más célebres.

Emma Felce debe haberse sentido dichosa. A su rostro, que juzgó inmarcesible, le cantó su amado esposo, León Benarós, uno de sus poemas más célebres, escrito, dicen los entendidos, en clave metafísica. Una confesión de amor y de cómo ese sentimiento fue fuente de su inspiración: “La luz que alumbra mi palabra de su mirada se sustenta”, selló él, en los dos últimos versos

No es sólo esa creación que publicó en 1944, en una obra que lleva su mismo título –“El rostro inmarcesible”–, la que dio trascendencia a Benarós, nacido en Villa Mercedes el 6 de febrero de 1915. Su zamba “La tempranera”, con música de Carlos Guastavino, fue el himno que animó por años cada festival en Monteros. Esa ciudad tucumana donde habían vivido sus abuelos, adonde fueron de visita sus padres inmigrantes, fue el escenario que eligió el poeta para esa historia de amor adolescente.

La tantas veces cantada elegía a una “niña primera, amanecida flor” muestra cómo el poeta superó, airoso, el desafío que le había puesto su socio artístico y creativo. Hasta entonces, Benarós le entregaba sus versos a Guastavino y el músico les ponía la melodía. Aclaración al margen: el reparto de tareas no significaba que el bardo villamercedino, trashumante, que vivió en varias ciudades del país no supiera templar las cuerdas. Pero un día el maestro le propuso que hicieran al revés, él tenía una música en tiempo de zamba y le pidió a Benarós que le pusiera letra. León la estudió y le sugirió un romance juvenil que situó en Monteros, Tucumán.

El villamercedino junto al poeta italo-argentino Antonio Porchia.

“El éxito fue tal durante años, desde la primera versión de los Quilla Huasi, hasta Mercedes Sosa, que fue casi un himno en Monteros, con el que iniciaban los actos populares. Se la enseña como perfecta en acento de letra y melodía”, pondera hoy, con orgullo, Livia Felce, hija del poeta y su amada Emma. Livia recuerda que “en el acto de Maestros del Alma que se hizo en el Centro Cultural General San Martín, de Buenos Aires, en 1996, la cantó el numeroso público”.

Para quien desconoce el valor de la obra del poeta muerto el 25 de febrero de 2012, servirá como referencia lo que dijo el premio Nobel de Literatura Pablo Neruda: “León Benarós le dio al romance su verdadera magnitud, alcanzando un nivel que ni el mismo García Lorca había tratado de profundizar”, afirmó el bardo de Isla Negra.

“Estos romances de los que habla Neruda –acota Livia, entrevistada por “Cooltura”– tienen la autenticidad de que relatan historias y vidas con datos tomados de documentos históricos. Se atienen a la verdad documentada, además de cumplir las reglas del verso y la rima. Esta obra no sólo es tarea de inspiración, sino que en ellos hay conocimiento de los hechos que relata”.

He ahí una mención a otra pasión del poeta, abogado y crítico de arte: la historia. Benarós fue también historiador. Y aunó muchas veces ambas dimensiones de su obra, como en los poemas dedicados a Güemes, al “Chacho” Peñaloza, o el que compuso para Telésfora Castillo, La Telesita.

León, el memorioso

“Lo apasionaba la historia en general, pero la historia argentina ocupaba por supuesto un lugar muy importante, en particular todo lo que abarca la lengua española, con una especial admiración por el Martín Fierro. Él tenía una minuciosa calidad en el análisis y en la búsqueda de información, por eso muchos admiraban sus libros y columnas de la revista ‘Todo es Historia’”, cuenta su nieto, Pablo Kostic. “Recuerdo un encuentro al paso con Félix Luna, donde le preguntaba de dónde había sacado tal información, y León se reía”.

Pablo evoca que su abuelo también tenía fascinación por “la pintura, los cancioneros populares, el campo, los caballos, los pájaros”.

Descendiente de inmigrantes sefardíes, León vivió hasta los 3 años en Villa Mercedes. Luego su familia se mudó a Lomas de Zamora por la enfermedad de su padre, que murió allá. Más tarde vivió en La Pampa y en Mendoza. Pero un lazo afectivo lo unió siempre a San Luis. “En Villa Mercedes –rememora Livia– mi papá tenía dos campos, ‘El Quirquincho’ y ‘El peludo’, destinados al cultivo de alfalfa. Tenía 3 años cuando se mudaron. Más tarde volvió y estuvo en esos lugares que lo marcaron para siempre por su contacto con la naturaleza, el juego al aire libre, el buscar flores, escuchar los pájaros, temas que luego estudiaría con intensidad”.

León “viajó en varias oportunidades a San Luis”. “En 1976 le entregaron el trofeo de ónix de Villa Mercedes que él prometió guardar entre sus cosas más queridas y que aún tengo a la vista. Titi Otazú le hizo varios homenajes en Villa Mercedes y aquí en Buenos Aires, en el Congreso de la Nación, con la presencia de la diputada María Angélica Torrontegui y el senador Adolfo Rodríguez Saá, recibió un homenaje por su trayectoria en noviembre de 2006”, contó su hija.

Había otro vínculo. Para Benarós, el poeta puntano César Rosales era un amigo cercano y querido. “Nos visitaba con su esposa Piedad”, evoca la hija. Ella, en tanto, lamenta no haber estado nunca en San Luis. “Fui invitada cuando se formalizó el plan de lectura León Benarós. Como no pude viajar, grabé en la Casa de San Luis en Buenos Aires una presentación de los libros del poeta, para el acto de inauguración en la biblioteca Rosenda Quiroga, en 2012”, se consuela.

León asegura que aprendió a disfrutar del folclore antes de estudiarlo, en una casona en San Martín, Mendoza, donde siempre se armaban guitarreadas.

¿Cómo era en su vida diaria un hombre que, por lo demás, llevaba una vida extraordinaria, por su dedicación a la poesía, a la música, a la crítica literaria y a la investigación histórica? “Él vivía su vida sin días, prácticamente todos los días eran iguales, me refiero a que un sábado, o un domingo podía ser igual a un martes. Sus actividades de trabajo diario, visitas, reuniones, no siempre tenían por qué adecuarse a días hábiles o fines de semana. Mi abuela Emma fue muy importante en esto, como se suele decir y en este caso aplica, fue la gran mujer detrás del gran hombre, un apoyo en compensar el trabajo con lo social y en su obra”, recuerda Pablo.

León no simpatizaba con ningún club y no le prestaba atención al fútbol, cuentan sus familiares.

Algo que a Pablo lo deslumbraba de su abuelo era que “tenía un conocimiento y una memoria que asombraba a cualquier mortal, sin exagerar”. “Siempre me recordó –sostiene– al personaje de Borges, ‘Funes el memorioso’, podía contarte con exactas palabras su respuesta en un examen de su juventud, y cosas por el estilo, tanto en el arte como en pequeñas historias o anécdotas de historia argentina”.

Estudioso del folclore, León explicaba que aprendió a conocerlo y a disfrutarlo antes de estudiarlo. En una casona colindante con el campo, en San Martín, Mendoza, donde siempre se armaban guitarreadas, la música tradicional se le metió por los poros. Livia cuenta que “allí conoció a guitarreros, hombres de campo, allí aprendió a afinar las cuerdas y a escuchar a quien le dijo ‘mocito, vos tenés la obligación de contar estas cosas’, cuando improvisaban payadas. Y así fue con el tiempo”.

A los 14 años León ya escribía versos, que guardaba en una carpeta. Cuando conoció a Guastavino, el músico, que ya había leído “El rostro…”, le preguntó si no tenía alguna letra para musicalizar. Benarós le dio “El Sampedrino”. Fue la primera colaboración de una complicidad artística que se extendió por más de sesenta composiciones. “El maestro Guastavino escribía su música sobre la poesía que lo emocionaba, sin cambiar una coma”, dice Livia.

El poeta conoció a Emma en los cuarenta, cuando ella también escribía. “Publicaba cuentos y críticas de libros en la revista Nosotros, amén de escribir novelas para radio, tan populares en esos tiempos». Con Benarós escribieron en colaboración, en 1943, ‘Antiguas ciudades de América’, ‘El Ñandú o avestruz americano’, ‘Los caudillos del año XX’ y ‘Pájaros criollos’, en 1946″, cuenta Livia, que también escribe. El primer volumen de cuentos de Livia, “Historia de Nadie”, obtuvo el segundo premio nacional de la Secretaría de Cultura de la Nación, como libro inédito. Y una vez editado, se hizo acreedor del primer premio Letterario Internazionale Jean Monnet 1999, al libro extranjero, en Italia.

Sus relatos han sido publicados en los diarios La Prensa y La Opinión de Santa Fe y en las revistas Proa y Letras, de Buenos Aires.

León y Emma se casaron dos veces, en Montevideo, el 9 de noviembre de 1950, y en Buenos Aires, el 6 de febrero de 1956. Acaso esa es una muestra del amor que se tenían el lírico ponderado por Neruda y la mujer a la que su amado pintó, en sus versos, con el rostro inmarcesible.

El Diario de la República.

A medias: una mirada sobre Raquel Aljadeff

El recientemente inaugurado blog literario «Patio Serrano«, a cargo del escritor Matías Gómez (autor del poemario «Latidos despoblados», publicado por la editorial Caminos de Tinta), ofrece una mirada en primera persona sobre su obra y la de distintos autores vernáculos.

Hace unos días publicó en su espacio «A medias», un artículo cuyo título, en principio lacónico, quizás sugeriría una mirada superficial, pero ni bien adentrarse en sus párrafos se puede apreciar que consiste en una interesante revisión, con matices muy personales (donde resultan inevitables los matices filosóficos, una de las pasiones del joven revisor literario), sobre «Shalom», la obra de la poetisa puntana Raquel Aljadeff, nacida en 1936 y que falleciera 74 años después, en el 2010, tras una vida rumiando las letras…

Nos abre la tranquera, Matías, hacia el bosque de sus reflexiones…

Aunque se trata de ecos que no sé cómo llegan al tímpano pero se convierten en injertos, por estos días otoñales he retomado la obra de Raquel Aljadeff.

Con frecuencia me reprocho que varios de los verbos en mis poemas funcionan como poleas hidráulicas. ¿Por qué anclarme así en el texto? ¿Por qué nadar por acá? ¿Y si asumo el naufragio?

Por suerte, Raquel desconfió de los peldaños y golpeó su propia escritura hasta reventar los signos.

“No hay paz.

Incluso donde aún no ha estallado

la violencia (no denuncio, no juzgo) doy testimonio

no hay paz.

Palomas hay,

no faltan,

el mundo está

lleno de ellas

blancas o no, gordotas

pintadas con olivo.

Paz no hay».

Así comienza “Shalom”. Los espacios entre versos no son blancos, sino rojos. Sangrías ante la aparente virginidad de lo impreso. Una inversión, desde la posibilidad de la imposibilidad de toda otra posibilidad, tal como Heidegger vislumbró a la muerte.

En la tinta de Raquel no hay envolturas, ni decoraciones. ¿Por qué negarle toda esperanza al lector? ¿Por qué salir de las casillas? ¿Para dominar qué? ¿Y por qué una partición justo acá, en esta instancia, en este ritmo de lectura?

Por el momento, ya que aún no concluyo sus dos poemarios publicados, me parece que en los espacios tal vez pueda trazarse otro mapa. ¿Por qué sus versos circulan de esta manera? ¿Por qué suenan a manifiestos a favor de la renuncia? ¿Serán como válvulas de escape ante la parálisis que sufrió desde pequeña?

Acá he introducido una diferencia: vida y obra. Un vinculación con peligro de derrumbe porque tiendo a hablar desde un lugar elogioso y, por lo tanto, señalador. ¿Entonces? ¿Por qué tiene que haber un entonces, algún silogismo o conclusión?

En “Por eso”, apunta:

          y me miro

por eso

desde mi

tiempo antes

y reconozco

           a medias

a ésta que soy

y nos miramos,

ésta que soy

a la que fui y nos

medimos

          mutuamente.

Es curioso cómo a medias y mutuamente tienen otra alineación. ¿Podrían desentramar su modo de no escribir? ¿Hacia dónde llegan estas letras ahora que ella no está? Y esta imagen que sus lecturas han construido en mí, ¿cómo suben o bajan?

¿Será que el sentido es la piedra a la que estamos condenados a empujar como Sísifo? ¿Lógica es igual a sentido? ¿Qué se debilita mientras describo?

 

Fuente: Patio Serrano.

Presentaron la obra “Mi San Luis: La Carolina”

Es un trabajo del Ministerio de Educación junto a la Secretaría General de la Gobernación y el Programa Cultura.

La cita para la presentación de la obra fue el viernes 4 de mayo a las 19:30 en la Sala Rodolfo Walsh, Pabellón Ocre, de la Feria Internacional del Libro en la Ciudad de Buenos Aires. La misma estuvo a cargo de la ministra de Educación Natalia Spinuzza, quien fue acompañada por Natalia Bongiovanni, del Programa Innovación Educativa del Ministerio. Además, las funcionarias Marta Rodríguez y Andrea Catalfamo del Programa Cultura participaron del evento y acompañaron la presentación.

Este libro es el primero de una colección de 9 que retrata historias de pueblos de San Luis desde la voz de los niños y niñas que allí viven. Una colección que forma parte del proyecto multiplataforma “Juana y Pascual”.

La innovadora propuesta nació con el objetivo de darle voz a la infancia puntana, brindando herramientas y recursos didácticos a las escuelas para fomentar nuestro patrimonio cultural y afianzar nuestra identidad sanluiseña.

A través de encuentros y talleres en escuelas de la provincia se fueron registrando relatos, historias y características de diferentes rincones de San Luis, a partir de la mirada y las voces de sus niños y niñas.

En esta oportunidad, el stand de San Luis está inspirado en Polo Godoy Rojo, maestro rural, cuentista y poeta nacido en Santa Rosa del Conlara. Siguiendo los lineamientos literarios que el autor expuso a lo largo de su vida, como han sido la ruralidad y la puntanidad, se ponen en valor sus aportes a la niñez, la docencia y el amor por la tierra puntana. De estos ejes surge la idea de la edición y publicación de la colección “Mi San Luis”. Una nueva propuesta editorial para seguir recorriendo nuestro suelo y seguir reencontrándonos con nuestro sentir puntano, a la par de nuestra niñez.

El stand de San Luis, presente en la Feria del Libro desde el 26 de abril, tendrá sus puertas abiertas hasta el 14 de mayo. Hasta la fecha, miles de personas han transitado el stand que rinde homenaje a Polo Godoy Rojo, admirados por la literatura puntana, nuestra historia y cultura.

ANSL.

Paisaje en ruinas después de Hamlet

El director polaco estrena “El casamiento”, la obra escrita en la Argentina por Witold Gombrowicz, en el Teatro San Martín.

Polaco también, Michal Znaniecki ya había abordado a Witold Gombrowicz en Kronos, una calma erótica, que desarrolló junto a Marilú Marini en base a los últimos diarios del escritor y que presentó en el marco de Ópera Tigre, el festival que organiza y dirige con su mujer desde hace cinco años. En la versión de El casamiento que presenta en el Teatro San Martín se puede apreciar que además de director es un reconocido puestista de ópera, ya que la música y la coreografía dicen tanto como la actuación y el texto.

El simulacro parece haber absorbido la farsa y Znaniecki prefiere ese registro. Los pupitres de Kantor cruzándose con la comedia musical hablan de repetir el pasado bajo otra forma. La guerra es pura imagen banalizada de la que surgen muertos vivos entre kantorianos y marionetas con las que levantar una representación distinta pero igual. Si el mundo es el relato de un idiota, le hacemos coro. Con el don del lenguaje ocultamos nuestra bestialidad y construimos estructuras en las que quedamos atrapados.

–¿Cuáles fueron los ejes de la obra que le interesó destacar?

–Es un texto que permite mucho juego teatral. Pero además, al preguntarme por qué hacerlo hoy y en un teatro oficial, encontré que es muy actual. Cómo se construye el poder, se erige un rey por nombrarlo, se lo instaura con la palabra y la imagen de arrodillarse ante él. Palabra e imagen que hoy manejan los medios. Por eso en la puesta aparece la estética mediática, la guerra tiene forma de Bailando con las estrellas. También me interesó la construcción de la imagen personal: se cree y se hace creer que somos lo que subimos a Facebook o a Instagram, tal como dice el personaje de Enrique: “Yo no soy, actúo mi humanidad, me puedes construir como quieras”. Al igual que Gombrowicz, que jugaba a que era un conde y algunos le creían. En cuanto al clima de absurdo al que lleva el poder totalitario, en mi país vuelve a ser actual. No es que Gombrowicz fuera un visionario sino que la historia es cíclica: no aprendemos de los errores. El futuro es el pasado que regresa, como en Opereta. Y ante esto reaccionamos hoy como Enrique: “No hay responsabilidad, no existe, nadie es responsable de nada”. Hay una forma de la política y de la responsabilidad en la obra muy vigentes. El príncipe dice “no sé qué decir porque soy un idiota” y lo aplauden; dice “no tengo dignidad” y lo aplauden. No puedo opinar sobre la política argentina pero veo que aquí se sienten identificados con muchas cosas. Cuando en la obra se dice “esta es una región maldita”, polacos y argentinos compartimos el sentimiento de nunca poder salir de un mecanismo nefasto.

Gombrowicz. “El casamiento” nació en su exilio.

Gombrowicz. “El casamiento” nació en su exilio.

–Hay además una reflexión sobre la representación.

–Sí, tanto en la política como en el teatro y en la vida. Gombrowicz fue muy moderno en su trabajo con la cita, la provocación de decir ya está todo escrito y tomo lo que me interesa a mi modo. Quise hacer lo mismo en teatro, así como él dice “esto es un poco Shakespeare, un poco Calderón”, yo juego con que de pronto parece Kantor, luego Pompeyo o un Beckett hecho en los 80. También con los registros de actuación es interesante la confrontación entre un actor clásico como Roberto Carnaghi y uno que viene del teatro independiente, como Luis Ziembrowski. Por sus mismos personajes tienen que investigar esas diferencias. Apliqué lo que trabajo en mis clases en Varsovia y en Milán: improvisaciones mezclando lo real y lo ficcional al punto que no se los pueda distinguir. Fue muy útil para trabajar la representación y la verdad. Por ejemplo, el personaje de Enrique quiere ser un Hamlet más natural pero ante un rey que él mismo construyó artificialmente. Otro personaje se sienta entre el público a observar lo que hacemos, es como la verdad del espectador. Además, Gombrowicz llevó esta reflexión a la vida cotidiana, a la honestidad o hipocresía de las relaciones que construimos, en las que las palabras esconden lo que pensamos y lo que pensamos esconde lo que sentimos.

–También aparece la mujer como construcción del hombre.

–La obra es actual también en que presenta a esta mujer golpeada, violada. Aunque Gombrowicz era un poco misógino: no le dio recursos para cambiar su situación, el personaje de María apenas tiene tres frases e Yvonne ninguna. Incluso para la actriz es casi humillante, así es que con Laura Novoa hicimos que de ese silencio surgiera una fuerza y dejamos un final abierto. Al concluir El casamiento podría comenzar la historia de la sobreviviente María. Las mujeres mudas, que observan esa locura masculina de ir a la guerra y ser dictadores, podrían tomar la palabra y modificar las cosas. El tema de la palabra hacedora aparece en su aspecto negativo, María fue violada pero con decir “no es más violada” se oculta mágicamente el problema. Sin embargo, la palabra también podría liberar.

–¿Esta versión irá a Polonia?

–Seguramente al Festival Internacional Gombrowicz. En este momento hay dos versiones de El casamiento en mi país porque su vigencia resurgió ante el regreso de la censura y otras faltas de libertades y la vuelta de un sexismo increíble en 2018: se vuelve a decir que la mujer no debería trabajar ni tener cuenta bancaria. Cuando recuperamos la libertad hace 25 años hubo una explosión de los textos de Gombrowicz que habían estado tanto tiempo prohibidos. Del mismo modo que al caer el muro apareció una mesa con bananas en cada esquina, porque durante décadas no habían pasado la cortina de hierro. Los textos de Gombrowicz parecieron perder su fuerza al no encontrar contra qué resistir. Ahora vuelven.

El casamiento, de Witold Gombrowicz 
Dirección: Michal Znaniecki
Lugar: Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530)
Funciones: miércoles a domingo a las 20

Revista Ñ.

Antígona en tres funciones especiales

La adaptación teatral de la reconocida obra de Sófocles se presenta en tres (3) funciones especiales para público estudiantil, en el Auditorio Mauricio López.

Los días 13, 14 y 15 de marzo, el elenco dirigido por Marcela Aravena sube al escenario del Auditorio Mauricio López en tres (3) funciones destinadas al público estudiantil (secundario y universitario).

Las reservas para los grupos que asistan se pueden realizar vía telefónica al 4520300 interno 5123, o personalmente en la oficina de Extensión Universitaria en 2º piso del Rectorado. En ambos casos entre las 9:00 y las 14:00 horas.

Cronograma

Martes 13 de marzo a las 11:00 horas

Miércoles 14 de marzo a las 18:00 horas

Jueves 15 de marzo a las 11:00 horas

Sinopsis

Antígona está basada en el mito de la mujer que se atrevió a enfrentarse a los hombres para lograr sus propósitos. La trama de la obra, en esencia, plantea una reflexión sobre la tiranía, las razones del Estado y los dilemas de conciencia.

Con la adaptación, puesta en escena y dirección de la licenciada en Arte Dramático Marcela Aravena, la obra fue estrenada el 2 de diciembre pasado en la Sala Hugo del Carril. Cuenta con la música en vivo de Vilma Filippa y las actuaciones principales de Romina Reta (Antígona), Axel Machado, Marcelo Di Gennaro y Vatto Fuhrman.

Foto: Subprograma Gestión y Eventos Culturales

Web SEU.

Publican en formato de novela ilustrada obras eróticas de Alberto Laiseca y Enrique Medina

Una de las últimas obras de Alberto Laiseca, «Manual Sadomasoporno», y «Strip-tease» -novela de Enrique Medina publicada en 1976- son las nuevas apuestas de Muerde Muertos, editorial que combina literatura fantástica, erótica y de terror con ilustraciones de diversos artistas.

A diez años de su publicación original por Carne Argentina a fines de 2007, la editorial lanza una nueva versión de «Manual Sadomasoporno (ex tractat)», una de las últimas obras de Alberto Laiseca (1941-2016) -con ilustraciones de Carlos Marcos-, libro que reúne ciertas obsesiones del autor de «Los Sorias»: sexo, humor y delirios cientificos.

Además, la colección lanzó una nueva edición de «Strip-tease» de Enrique Medina, con ilustraciones de Antonio Seguí, Juan Carlos Virgilio (Carpincho), Geraldine Guterman, Darío Lavia, Gustavo Nemirovsky, Ana Vargas, Naty Menstrual, Christian Mallea, Lara Silisque y Alejandro Kaplanski, entre otros.

– Télam: ¿Cuándo nació esta editorial y con qué objetivos?

Con mi hermano Carlos compartimos la pasión por los libros y empezamos a evaluar la posibilidad de crear un espacio para que circularan nuestras obras y otras afines. En 2010 pusimos en marcha el sello Muerde Muertos para editar títulos vinculados a lo fantástico, el terror y lo erótico, además de acompañar otros proyectos editoriales y colectivos, sumándonos a ferias, festivales y diversos encuentros con los que nos identificamos como lectores y escritores.

– T: ¿Cuáles son las características de la Colección Muerde?

La Colección Muerde responde a una clasificación imaginaria que capitaliza lo que podría llamarse «literatura erótica». Si bien pensamos que todos los textos conllevan un rasgo erótico, la Colección Muerde alberga a las obras que se ocupan de ilustrar, desarrollar y profundizar sobre el deseo humano. Tratamos de que la Colección Muerde y las restantes no se transformen en categorías estéticas obedientes que presupongan valores, temas, estilos o formas, pues entendemos que cada libro es una aventura donde un autor se autoriza a moldear el deseo y el goce a su manera, como uno de los medios más adecuados para frecuentar los vínculos entre lo falso, lo verdadero, lo imaginario, lo simbólico, lo real, lo ficcional y aquello que ni siquiera puede decirse.

– T: ¿Cómo fue la experiencia de editar uno de los últimos trabajos de Laiseca?

Alberto Laiseca es para Muerde Muertos una referencia clave, por ser autor de una obra central en la literatura argentina y por su compromiso con la creación. Tuve ocasión de concurrir a su taller literario y conocerlo personalmente. Cuando nació Muerde Muertos, nos pareció interesante reeditar su novela «Beber en rojo (Drácula)», que es una reescritura del célebre texto de Bram Stoker, donde está contenido el arte poético de Laiseca, con el horror, el erotismo y el delirio como ejes. «Beber en rojo» incluye el ensayo «La importancia del monstruo» que resulta una clase magistral sobre la literatura, donde Laiseca deja constancia de sus influencias medulares. Tras ese libro, nos animamos a poner en marcha «iluSORIAS» (un libro-homenaje a Laiseca con la participación de 168 artistas) y, ahora, reeditar «Manual sadomasoporno (ex tractat)», que tuvo una primera edición muy bonita. Al cumplirse el décimo aniversario de la aparición, presentamos una nueva versión, con diseño de Mica Hernández y una contratapa de Selva Almada.

– T: ¿Cómo surgió la nueva versión de «Strip-tease», de Medina?

El trabajo sobre la novela «Strip-tease» es un paso más en nuestra búsqueda de hablar de autores argentinos que nos han influenciado. «Strip-tease» reunía las características buscadas, con un erotismo sórdido, una potencia increíble, altos contenidos delirantes y una esencia muy visual. A Enrique Medina siempre se lo ha ligado al realismo, pero es un escritor que desborda imaginación y en esta novela coquetea con elementos fantásticos. Nuestra traducción visual cuenta con ilustraciones a cargo de cuarenta artistas, más un estudio introductorio que incluye un resumen del argumento e invita a leer completa la novela original y a zambullirse en su mundo.

Télam.

Teatro y “Serenatas al Poeta” en homenaje a Juan Crisóstomo Lafinur

Organizado por el Programa Cultura, la actividad se llevó a cabo este jueves 15 de febrero, a las 18:00, en el Museo de la Poesía, situado en La Carolina, con la presentación de la Obra Teatral “El Ocultado”. Hubo además un encuentro de escritores y la tradicional “Serenatas al Poeta”.

Este ciclo se realizó en el marco del homenaje por los 221 años del natalicio del poeta puntano Juan Crisóstomo Lafinur y contó con la presencia de la jefa de Programa Cultura Silvia Rapisarda.

La actividad comenzó alrededor de las 18:00 con un encuentro de escritores, donde la premisa fue escribir sobre parajes y/o personajes de los parajes de San Luis.

Luego se presentó la obra teatral “El Ocultado”, basado en las actas de la Logia Valeper, recopiladas por el Prof. José Villegas en su libro ” El Sr. de las ideas”

Los Actores fueron Nelson Rosales, Axel Machado, Darío Gauna, Alejandro Ochoa, Vatto Fuhrman. Musicalizada en vivo por Pablo Borello – violín, Barbara Brizuela – Violonchelo, Hernan Tarasconi – guitarra y Pablo Corvalan – voz.

El guión y dirección de actores estuvo a cargo de Marcela Aravena, el vestuario y Maquillaje por Marcela Chari y la Técnica y asistencia de producción por Lucas Nievas, Ramiro Rezzano Klement y Mario Griotti

La composición Musical fue de Alejandro Moretti y la Producción Musical de Hernán Tarasconi. Producción y Dirección General a cargo de Daniela Pereyra Jameson, con Idea Original de Gerardo Masman.

Al culminar la obra la actividad se trasladó al escenario para dar comienzo a la “Serenata al Poeta” a cargo de los artistas, Carolina la “Colo” Martín, Fabio González, La Cautana y Algarroba.com

Sobre Lafinur

Juan Crisóstomo Lafinur se inicia en la mazonería en la Logia Unidad Argentina fundada por Manuel Belgrano con 18 años; luego en 1821, fundó y fue presidente vitalicio de la Sociedad Valeper, cuyos miembros aún en su ausencia lo siguieron considerando el primer miembro perpetuo. En la Sociedad Valeper se plantearon apasionantes y revolucionarios temas para la época, algunos de ellos fueron:

¿Es o no practicable en nuestro país el juicio por jurado? ¿El hombre tiene o no derecho a disponer de su vida en casos extremos? ¿Cuál es la mejor forma de Gobierno? y la formación educativa en las mujeres, entre otros.

En el marco de los 221 años del natalicio de Lafinur el Programa Cultura y la Secretaría General de la Gobernación convocó a artistas de San Luis para realizar esta obra de teatro, basada en los escritos de la Sociedad Valeper, y por medio de este recurso artístico mostrar a Juan Crisóstomo Lafinur adelantado en su tiempo, señalador de caminos, poeta precursor y defensor acérrimo del libre pensamiento.

ANSL.

“Mis personajes siempre salen a la calle y se encuentran con lo que hay”

En su nueva novela, “Las Maldiciones”, la escritora se mete en el mundo de la política pero no pierde su pluma literaria. Opiniones, consejos y miradas de una mujer de Burzaco que nunca creyó que iba a convertirse en Best Seller.

Claudia Piñeiro lleva más de una década creando historias atrapantes repletas de personajes tan argentinos como reales. Oriunda de Burzaco, en Buenos Aires, escribió una decena de libros y cosechó galardones como el Premio Clarín Alfaguara de Novela en 2005, el Premio de literatura infantil y juvenil Fundalectura-Norma de Colombia y el premio ACE.

En su más reciente trabajo, Piñeiro desmenuza las oscuras tradiciones que pueden envolver al mundo de la política y las fusiona con las historias de dos personajes, muy diferentes entre sí, pero que protagonizan una trama apasionante a lo largo de sus más de trescientas páginas.

De ese libro, de los anteriores, de la capacidad para llevar sus historias al cine y de la litera – tura nacional habló Claudia en una charla extensa y distendida con Cooltura.

—¿Cuál es la trama de “Las maldiciones”?

—Se puede entrar por distintos lugares pero es una road novel o roadmovie en la que hay un personaje principal, Roman Sabaté, que es un joven que trabaja para un partido político y, cuando arranca la novela, aparece en la estación de Retiro con un nene de tres años, escapando, no sabemos de qué ni por qué. Y toda la novela es esta huida. En principio decimos que escapa del mal. Él trabaja para un partido político para el otro protagonista, Fernando Rovira. Entre ellos hay una dialéctica de amo y esclavo, de alguien que tiene poder sobre otro y maneja su vida, de alguna manera empieza a trabajar en ese partido sin saber mucho por qué y, finalmente, se devela por qué este hombre lo tomó para trabajar en el partido y cuál es el sacrificio que debería hacer.

La novela tiene mucho que ver con los partidos políticos armados desde el marketing, el discurso, y con una maldición que hay en la provincia de Buenos Aires que dice que ningún gobernador bonaerense será presidente de la República Argentina. Rovira cree en esa maldición y está haciendo un proyecto de ley para dividir la provincia y quiere hacer creer al pueblo que será beneficioso para la demografía, para la representación en el Senado pero en realidad es por su superstición porque cree que debe sacarse la ciudad de La Plata de encima para que la maldición no le pese y poder ser presidente.

—¿Cree que tiene muchos condimentos de la sociedad actual que parecer estar más interesada en la política?

—Mis personajes siempre salen a la calle y se encuentran con lo que hay. Viajo mucho pero en ningún otro país oigo hablar tanto de política como en Argentina. Cuando va a la panadería, en el colectivo, los programas que se ven en la televisión de cable son políticos, estamos todo el tiempo con eso dando vuelta. Eso por un lado. Y después, quería que transcurriera donde la dialéctica de quien manda y quien obedece fuera muy potente y me parece que ese ámbito es así. También hay cosas que van surgiendo du rante la escritura. Yo imagino la primera escena y de ahí empiezo a tirar la cuerda y ver qué hay en ese amasijo de cosas. Y encontrar la historia y esa primera escena tenía que ver con una conversación donde el líder le plantea esto al joven. Pero no sabía mucho más, sólo que iba a haber algo con la maldición de Alsina pero no los detalles. Me puse a investigarla, sobre la bruja tolosana y otros más, trabajé con la brujería en relación con el poder, tantos líderes de distintos lugares del mundo que tienen brujos muy cerca. Cómo la magia influye en las elecciones; qué tan cerca están los gurúes del marketing de convencer que algo va a funcionar. Cuando me metí con la ciudad de La Plata había tanta riqueza sobre cómo se creó, estudios que dicen que ese plano viene de una novela de Julio Verne; empezaron a aparecer cosas que ninguna me las quería perder para la novela, quería compartirlas.

Escribirla le demandó dos años. Y el resultado no decepcionó a los seguidores. Y es que Piñeiro transita por los prados literarios desde hace décadas y sabe cómo manejar la atención y tensión de sus lectores. Dos de sus obras más reconocidas, “Las viudas de los jueves” y “Betibú” lograron meterse en las carteleras de los cines y la posicionaron como una escritora destacada.

—¿Cómo fue llevar “Las viudas de los jueves” al cine?

—Siempre es una sorpresa porque cuando uno escribe una novela, en ese momento que nadie me conocía sólo había publicado en una editorial chiquita, después gané el premio Clarín, pero “Las viudas…» se hizo muy famosa y se hizo la película. Estaba absolutamente por fuera de mi imaginación, ni siquiera sabía que la iban a publicar y terminó siendo filmada. Me interesa mucho ver cómo el director lee ese relato. Marcelo Piñeyro (quien dirigió el film) se quedó con la parte personal. En cambio, Miguel Cohan, el director de “Betibú», se paró más en la parte policial. Es como que cada uno hace una lectura porque no se puede hacer una trasposición de una novela a una película igual. A veces la gente se queja de eso pero es lo que tiene que hacer el director.

De muy joven, Claudia abrazó bien fuerte su pasión por las letras y cuando tuvo que descifrar su futuro laboral, allá por el ’78, en plena dictadura militar, cuando quería estudiar alguna de las carreras humanísticas debió optar por Contador Público, como sus padres. Ni así perdió el gusto por la escritura.

—¿Qué es lo que más disfruta de escribir?

—El sentarse y escribir es casi una cuestión ontológica, parte del ser, los que somos escritores no podríamos no serlo, no importa si lo hacemos bien o mal. Escribir te centra en tu eje y eso te hace diferenciar lo importante y lo que no. En esos últimos años se nos dieron otras tareas como venir a ferias, hacer reportajes que acompañan al oficio. Lo más importante es leer porque si no, no podés escribir. La corrección también me gusta mucho, retrabajar los textos hasta que salen, una vez que salieron no los miro más.

—¿Está leyendo algo en particular?

—El de Fernanda García Lagos, “Nación vacuna”. Voy a leer con mucho placer la de Reynaldo Sietecase, “No pidas nada” (que presentó a mediados de setiembre). Tengo pendiente una novela española, de Aramburu, “Patria”, que es una novela que tiene que ver con la grieta en los países vascos con el tema de la ETA.

—¿En qué le parece que se destaca la literatura nacional del resto de los países?

—Hay mucha efervescencia, hay mucha gente escribiendo. Quizás en otros países también pasa, porque quizás uno no lo advierte en los demás lugares porque va de visita, no tiene un panorama tan acabado como el del lugar en el que vivís. Me interesa mucho leer nuevos autores, como Marcelo Guerrieri que presentó hace poco “Farmacia”. Si bien no puedo leer todo lo que sale, pero estoy atenta a las cosas nuevas, me gusta saber por dónde andan los escritores que están empezando a aparecer.

—Y de esos autores nuevos, ¿cuál podría recomendar?

—Recomiendo mucho el libro de Martín Sivak, “El salto de papá”, que es un periodista y escritor. Está escrito en clave de crónica familiar, es la historia de su padre, un banquero comunista que terminó sus días tirándose de un edificio, se suicidó, y al recrear la historia de su padre te cuenta la Argentina de esos años, la época posterior a la dictadura, los primeros años de la democracia. Al tío de Martín lo secuestró mano de obra desocupada, ex militares y policías, y cómo se vivían esos años. Es una crónica novelada que está escrita extraordinaria mente y que no solamente cuenta su angustia sino también la Argentina de esa época.

—¿Cree que los argentinos preferimos la novela?

—Dicen que se lee más, pero Argentina tiene una gran tradición de cuentistas. Nuestros grandes escritores, Borges, Cortázar, son cuentistas y hoy, dos escritoras que tienen mucho éxito en el mundo, Samantha Shibley o Mariana Enriquez también los son. Desde el punto de vista económico empresarial de la editorial te van a decir “se lee más novelas y los cuentos los eligen a cuentagotas”. Sin embargo, los grandes escritores que se han destacado muchas veces son cuentistas. Quizás las editoriales deberían reflexionar sobre esto.

—¿Qué tan cierto es que los chicos no leen tanto?

—No hay estadísticas confiables, entonces uno no sabe cuánto se lee y qué se lee. Me pasa que estoy rodeada de gente y chicos que leen, pero debe haber muchos que no lo hacen. La oportunidad de lectura está en el colegio porque no todos los chicos tienen padres lectores. Si en una casa hay una biblioteca y los padres son lectores, a la larga o a la corta, aunque no los obligues, tienen más posibilidades de serlo que si nunca vieron leer. Una vez iba en el auto con mi hijo, yo siempre llevaba un libro apoyado en la luneta porque vivía lejos, entonces mi nene lo agarró y me dijo: “¿qué hay acá adentro que lo llevas a todas partes?”. Y yo pensé que ojalá que esa inquietud sea lo que después lo haga lector. Me parece que quienes ven a sus padres leer con satisfacción tienen más posibilidades. Pero hay muchos otros que tienen que ser introducidos en el colegio y es muy importante qué se elija para leer porque si no perdés a ese lector.

También hay mucha hipocresía. Muchos dicen tienen que leer, no tanta Play Station pero ellos no lo hacen. Graciela Montes dice que la lectura se convirtió en ese mueble antiguo de la abuela que todo el mundo dice “qué lindo” pero lo va corriendo porque molesta en el living. A mí me parece que es extraordinario leer y que es una pena el que se lo pierde. Desde las políticas públicas se puede hacer más, dar más espacios en las currículas a la lectura placentera porque muchas veces los maestros se dedican a lo que dice el programa y eso a los chicos no les gusta y los perdiste. El acceso a libros más baratos, la incentivación a la lectura placentera, la formación docente porque si él no es lector difícilmente contagie la lectura.

El Diario de la República.

El 2 de diciembre, estrenarán la obra “Antígona”

La obra es una producción que cuenta con el apoyo del Programa Cultura, y está dirigida por la licenciada en Arte Dramático, Marcela Aravena.

Aravena dijo que “se realizó un casting para los actores principales. Se llevó a cabo en agosto y los ensayos comenzaron hace dos meses”.

Se estrenará este sábado 2 de diciembre en la Sala “Hugo del Carril”, con entrada libre y gratuita.

El autor de la obra es Sófocles y cuenta sobre un mito griego. Además, Aravena explicó: “Tomé el texto y lo adapté a una versión más contemporánea que tiene que ver con los derechos humanos, es como si Antígona fuese un grito de justicia al mundo”.

Habrá once actores en escena y la musicalización será con músicos en vivo. “Esta producción cuenta con el apoyo del Programa Cultura. Considero que es muy positivo que desde el Gobierno de San Luis se apoyen estas iniciativas artísticas”, concluyó la directora Marcela Aravena.

ANSL.