Listado de la etiqueta: novela

Leer o escuchar una novela, el audiolibro quiere seducir al público argentino

Desde los gigantes editoriales hasta pequeños emprendimientos e incluso alguna universidad, los libros grabados en audio llegaron para quedarse. Entre lo que más se vende, figuran los títulos de business, economía, divulgación científica, superación personal y ficción comercial. Oír o mirar, esa es la cuestión.

Entre los autores grabados se encuentran Claudia Piñeiro, Alejandra Laurencich, Gonzalo Gálvez, Jorge Consiglio, Diego Golombek, Federico Bianchini, Gonzalo Garcés, Inés Garland, Agustina Bazterrica, Esther Cross, Ariana Harwicz, Samanta Schweblin, y muchos otros.

“Escuchar una historia dispara mi imaginación aún más, un buen audiolibro te envuelve con la historia y te lleva a imaginar cada escenario y cada personaje en un marco casi onírico”. Quien habla es Catalina Lucas, una consumidora de este formato singular de literatura que entra por los oídos y no por los ojos. “No creo que leer y oír sean lo mismo: son dos experiencias muy contrastantes, que implican modos de acercarse a la historia, de sumergirse en ella. La lectura silenciosa permite un grado de concentración mucho mayor, pero que lo oral nos devuelve un poco a lo más primitivo de la literatura”. Ahora opina Nicolás Hochman sobre la diferencia entre que le cuenten y leer por si mismo. “Escuché algunos audiolibros y me resultaron poco convincentes, a veces, monocordes y otras afectados, sin fluidez de imágenes, ritmo y emoción. No se trata de técnica sino de sumarle a la técnica una intención estética”. Ahora es Graciela Deza que sigue probando y no se desanima. Los tres conocen de cerca el fenómeno de los audiolibros porque, además de lectores-oyentes, ellos mismos protagonizan este desembarco que crece día a día en la Argentina: el de las voces que le pelean el espacio al papel.

Audiocuentos de la Nueva Narrativa Argentina es un proyecto que reúne 75 narraciones y la participación de más de 200 personas en el proyecto, de manera directa.

Audiocuentos de la Nueva Narrativa Argentina es un proyecto que reúne 75 narraciones y la participación de más de 200 personas en el proyecto, de manera directa.

Audiocuentos de la Nueva Narrativa Argentina es un proyecto de UnaBrecha y Grupo Heterónimos en el que participan escritores, lectores e ilustradores, y que busca que la literatura que se escribe hoy en la Argentina pueda ser leída, escuchada y mirada por miles de personas en todo el mundo. “Entre abril y mayo vamos a estar lanzando la tercera edición, en la que incorporamos 30 cuentos nuevos. Con eso llegamos a 75 narraciones, y la participación de más de 200 personas en el proyecto, de manera directa. Por la web ya pasaron más de un millón de usuarios, de 129 países. Y en este momento estamos en un promedio de 140 mil escuchas mensuales. Obviamente el país con mayor número de visitas es la Argentina. Le siguen España y México, y después los demás países de América Latina”, explica a Clarín Nicolás Hochman uno de los creadores del programa que permite escuchar historias breves varias veces en la voz de sus propios autores y otras, en la de lectores seleccionados.

Entre los autores grabados se encuentran Claudia Piñeiro, Alejandra Laurencich, Gonzalo Gálvez, Jorge Consiglio, Diego Golombek, Federico Bianchini, Gonzalo Garcés, Inés Garland, Agustina Bazterrica, Esther Cross, Ariana Harwicz, Samanta Schweblin, Gabriela Cabezón Cámara, Marcelo Figueras, Sonia Budassi, y un muy largo etcétera. “Desde el año pasado, tenemos convocatorias públicas para que cualquiera pueda postularse, y luego hay un comité de preselección y un jurado que dictamina quiénes son autores los seleccionados”, agrega Hochman por correo electrónico.

Desde la Web del proyecto se pueden escuchar gratis todos los cuentos que se quiera. “Nuestra experiencia es que todavía no existe en la Argentina un público amplio, entonces, son pocos los que se sumergen en la experiencia de escuchar un libro entero. Creo que eso va a ir cambiando, porque la oralidad permite un acercamiento diferente a la literatura, muy rico. Por el momento, nuestro desafío es contribuir a que ese público se vaya constituyendo, y para eso tenemos diferentes estrategias”, cuenta y anuncia que están mejorando la página y la app además de que, este año, terminarán de subir todo el material a Spotify.

“Leer en voz alta no es lo mismo que leer para otros", opina Graciela Deza, Fundadora de la Escuela de la Palabra y directora del Programa Abuelos de Cuento.

“Leer en voz alta no es lo mismo que leer para otros”, opina Graciela Deza, Fundadora de la Escuela de la Palabra y directora del Programa Abuelos de Cuento.

Aunque la entusiasma mucho y no deja de probar y experimentar, la experiencia de los audiolibros tiene para Graciela Deza, de momento, sabor a poco. Es probable que su experiencia de narradora oral ponga la vara demasiado alta. Fundadora de la Escuela de la Palabra y directora del Programa Abuelos de Cuento que capacita a personas mayores para que desarrollen la habilidad de contar historias a quien lo necesite, Deza cree que es importante mejorar la selección de lectores: “Leer en voz alta no es lo mismo que leer para otros –puntualiza a Clarín por teléfono–. Es fundamental apropiarse del texto y convidar la lectura de un modo expresivo, utilizando muchas de las herramientas del oficio del narrador oral”.

Para la especialista en la narración, “para convertir una puesta en voz en una experiencia estética y comunicable, es fundamental habitar la lectura: Tenemos que convidar los relatos con la intención de crear una experiencia de intimidad con los oyentes. Se trata de compartir, abrazar, tocar y dejar huellas sensibles en los cuerpos y en la subjetividad de los destinatarios”. Por eso, confiesa que no cree que un lector voluntarios sin una capacitación específica en estos lenguajes, pueda solo desde la intuición ser eficaz en esta tarea. Y su experiencia le da la razón: “Lo que escuché hasta ahora lo vibré más como un producto de mercado. Pero el formato me parece un desafío interesante”, se entusiasma.

Desde la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), funciona Audiolibros, que es una colección de literatura latinoamericana dirigida por Norma Aleandro y narrada por grandes actores argentinos.

Desde la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), funciona Audiolibros, que es una colección de literatura latinoamericana dirigida por Norma Aleandro y narrada por grandes actores argentinos.

Desde la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), funciona Audiolibros, que es una colección de literatura latinoamericana dirigida por Norma Aleandro y narrada por grandes actores argentinos, cuyos títulos son de descarga gratuita en la Web. En este espacio se pueden encontrar clásicos como Cuentos de la selva de Horacio Quiroga, Cuentos fatales de Leopoldo Lugones y Las memorias de Mamá Blanca de la venezolana Teresa de la Parra, todos relatados por Norma Aleandro. Además Realidad nacional desde la cama de Luisa Valenzuela fue narrado por Claudia Lapacó; En la sangre de Eugenio Cambaceres, interpretado por Jorge Marrale; y Fausto de Estanislao del Campo con la voz de Juan Palomino. Además, cada uno de los audiolibros cuenta con el diseño musical del director del Área de Artes Sonoras del Instituto de Artes Mauricio Kagel de universidad, Sebastián Verea.

“Con este formato, pensamos acercar obras literarias a lectores que de otra forma tienen difícil acceso a los libros. Pensamos no solo en aquellos lectores que tienen disminución visual, sino también en los jóvenes y adultos que disponen de tiempo ocioso por ejemplo, mientras se trasladan de un lugar a otro, o mientras se hace otra tarea y se dispone de la posibilidad de escuchar”, explican desde la Unsam.

Catalina Lucas es directora de Estrategia Digital de Penguin Random House y también está entusiasmada. El grupo editorial es el que, sin dudas, más apuesta a este formato de consumo literario. “Efectivamente, llevamos el tema con mucho entusiasmo y optimismo porque entendemos que es una nueva forma de acercar a nuestros autores con sus lectores”, anota en un correo que manda a Clarín. “La incorporación de este formato a nuestro catálogo comenzó a fines de 2015. Hoy contamos con más de 500 títulos entre los cuales existen unas 40 obras de autores argentinos. Nuestros audiolibros tienen por detrás un gran trabajo por parte del equipo con gran foco en la calidad final: una de nuestras características es que las voces elegidas para narrar son del mismo origen que tiene el autor, es decir que si un autor es argentino su audiolibro será grabado con su propia voz o con la de un narrador de su misma nacionalidad mientras que las traducciones pueden encontrarse en acento neutro o ibérico”, detalla.

Los audiolibros de Penguin Random House se pueden comprar a través de las principales tiendas en Google, Audible, Audioteka, Storytel, y otras.

Los audiolibros de Penguin Random House se pueden comprar a través de las principales tiendas en Google, Audible, Audioteka, Storytel, y otras.

Entre lo mucho y variado que se puede encontrar, figura el último libro de Samanta Schweblin, Kentukis, con un valor de 312 pesos (algo más de la mitad del volumen en papel); Aquí hay dragones (La historia de La Diana 1) de la bestséller Florencia Bonelli a 880 pesos (hay que considerar que son más 33 horas de grabación); Chicas muertas de Selva Almada, a 255 pesos; pero también Bestiario de Julio Cortázar por 341 pesos; el clásico Las viudas de los jueves con el que Claudia Piñeiro ganó el premio Clarín Novela en 2005, grabado por Flavia Pittella a 454 pesos; y hasta Los cuadernos de Diego Cabot por 284 pesos.

Fuente: Clarín

El laberinto de la imaginación: lectura de la última novela de Bazán

Melancólica y existencialista, obscena y fantástica, La Imaginación Sumergida, última novela del escritor Pedro Bazán nos conduce mediante una prosa pausada y milimétrica por los inquietantes vericuetos de la memoria y las pasiones dormidas. Obra madura y filosófica, LIS es un referente ineludible de la nueva narrativa sanluiseña.

El telón de fondo es una ciudad portuaria, sin nombre ni ubicación geográfica, de la que sabemos poco, salvo que nieva con frecuencia. En ese entorno fantasmal, Bazán ubica un elenco de personajes que nada nos costaría imaginar en una ciudad prototípica del interior provincial, excepto por la carencia del protagónico piélago. Con estos elementos, y un proyecto narrativo alejado del regionalismo tradicional, el autor de Trece segundos sin otoño y La Calma nos propone una historia fragmentaria y fragmentada, con pinceladas de realismo mágico y cierta atmósfera humeante de novela policial.

La historia principal está contada por Sebastián, quien ya desde las primeras páginas se define a sí mismo como ermitaño. “No me gusta hablar con nadie. Imagino, y con eso me basta”. Erudito y fantasioso, a lo largo de sus veintitrés episodios Sebastián nos va revelando su naturaleza sensible, su parálisis e incomprensión frente al mundo que lo rodea, su propia identidad y la de los otros.

¡Atención!: a partir de aquí la nota contiene una serie de spóilers.
Se recomienda leer LIS antes de continuar…

El centro de los monólogos o meditaciones ecuóreas del protagonista es siempre el mismo: su propia madre, núcleo ausente alrededor del cual orbitan sus dudas y certezas. La madre inseminada por la espuma de mar. La madre entregada con idéntico fanatismo a la ciencia y a la prostitución. La madre que un día, y sin razón aparente, decide quitarse la vida, dejando un reguero de preguntas sin respuesta. Como un ensayista afiebrado, Sebastián alterna sus recuerdos con repentinas teorías sobre la memoria, la paternidad, la petulancia, el arte de la masturbación, el suicidio, divagaciones cuyo tono oscila entre lo fúnebre y lo absurdo.

El contrapunto dinámico lo constituye la historia de la rivalidad entre Jefferson García y Julián Salcedo. (Como buena novela onanista, La Imaginación Sumergida es también una novela sobre escritores). En esta subtrama, Bazán nos sorprende con un artilugio borgeano por excelencia: el duelo entre dos escritores. Si Sebastián encarna el tipo de lector ideal (“Imagino y con eso me basta”), Jefferson García es el narrador por antonomasia. Infalible contador de historias, su talento se derrumba, sin embargo, cuando quiere poner sus pensamientos por escrito. Como escritor es pretencioso, ególatra, altisonante, una caricatura que por momentos nos recuerda a aquel insigne y ridículo Carlos Argentino Daneri, del cuento “El Aleph”. De su frondosa producción sólo ha publicado una obra, El Estigma de la Putez, objeto de burla y desprecio en círculos literarios. En la otra esquina se encuentra el inspector de policía Julián Salcedo. Pusilánime, tosco, iracundo, también él tiene aspiraciones literarias y llegó a plasmar algunas ideas en lo que dio en llamar Ensayo sobre el criminal de hoy. Por supuesto, tanto Jefferson como Salcedo son escritores fallidos, frustrados.

El desaire inicial entre ambos adquiere proporciones insospechadas cuando se materializa en la enigmática figura de Blitz, “medio monstruo y medio humano, sin corazón y sin alma”, un demonio o voluntad cargada de un odio inquebrantable. Esta proyección o tulpa, concebido para hostigar a Salcedo, se convierte en un instrumento de venganza y de tortura, un rol con el que Blitz, poseedor de una rudimentaria consciencia moral, se encuentra, no obstante, satisfecho. “Quiere sentirse culpable. Quiere ser el garante absoluto de todos los males”. Su irrupción en la vida de Salcedo es fulminante (no olvidemos que en alemán Blitz significa precisamente “rayo”, “relámpago”), y la tensión psicológica entre ambos personajes, que transcurre en pasajes difusos y oníricos, crece hasta alcanzar los límites de una verdadera pesadilla.

En La Imaginación Sumergida encontramos personajes alienados, obsesivos, desmesurados, que pululan bajo el engañoso barniz de una existencia común y corriente. A medida que avanza la trama queda de manifiesto la delicada red que los une entre sí, el modo en que sus acciones afectan la vida de los otros, a veces sin que ellos mismos lo sepan. Fiel al precepto de JLB, de que un hombre equivale a todos los hombres, Pedro Bazán dota a sus personajes de una significancia cósmica, como si ellos no hicieran más que volver a escenificar la misma antigua tragedia de la condición humana. Pero también nos advierte que la imaginación es madre de la realidad. La imaginación, en la cosmovisión del autor, no es sólo una vía de escape, sino una forma de ser en el mundo. Desprovistos de esta poderosa fuerza, terminaríamos por disolvernos como los copos de nieve que Blitz observa caer a través de los barrotes de la cárcel, acaso intuyendo su propia fragilidad mortal.

Por su meticuloso entramado y su ambiciosa estructura formal, por sus juegos metaliterarios y la calidad de su prosa de alto vuelo, La Imaginación Sumergida es un referente insoslayable de la nueva literatura sanluiseña y una lectura repleta de agradables sorpresas.

Artículo elaborado por Maximiliano Ponce y «Sinforiano Digital» en exclusiva para Caminos de Tinta.

Fotografía: Cortesía Pedro Bazán.

Si el destino juega a los dados

Radiografía de la violencia en el conurbano, Luto presenta una vida puntuada por infortunios, rencores, prejuicios y toques de fantasía.

Si el destino juega a los dados

Edgardo Scott. Autor de los cuentos de «Los refugios», de la novela «El exceso» y del ensayo «Caminantes».

Es curioso que el género del western no tenga más peso en la cultura argentina. Todas las condiciones están dadas: las historias de frontera, los paisajes espectaculares y remotos (qué maravillas podría haber hecho un John Ford argentino), hasta los antecedentes literarios (José Hernández, Mansilla, mucho de Borges), pero, comparado con otros géneros como el noir, no parece haber cautivado el imaginario argentino de la misma manera que hizo con el estadounidense.

Quizá es por eso que el texto de la contratapa de Luto, de Edgardo Scott, arriesga el error extravagante de identificar el libro como “western orillero”. A pesar de las dos escenas de violencia con que comienza y termina la novela, nada podría estar más lejos de la verdad. Los antecedentes de Luto pueden localizarse no cabalgando al lado de Zane Grey sino, como tanta literatura argentina, en los entornos venerables de la Francia decimonónica, más específicamente en los proyectos realistas de Balzac o Zola.

Retrato de una vida pequeñoburguesa en el conurbano, Luto tiene como protagonista a Chiche, el dueño de un local de muebles y electrodomésticos en el que a fines de los 80 o comienzo de los 90 –los parámetros de la novela son a la vez muy focalizados y un poco vagos–, acontece la gran tragedia de su vida. Un día cualquiera (título de la primera parte), su mujer es asesinada por ladrones durante un tiroteo que empezó el propio Chiche en el intento de proteger su mercadería.

La escena es una pequeña joya de prosa desenfadada aunque hay, quizá, algo en la mecánica del crimen que no cierre del todo: al sentirse atacado, ¿el ladrón no debería haber respondido al origen de los disparos, es decir contra Chiche, en lugar de tirar contra su mujer?

Sea como sea, el evento, como es de esperar, marca un punto de inflexión en la vida de Chiche. Sin embargo, en vez de ser el catalizador para un cambio, lo que asegura es que nada cambie. La verdadera tragedia para Chiche es que la muerte de su esposa es la muerte de toda posibilidad de crecimiento o evolución. Aunque de ahora en adelante tendrá que arrastrar una carga agravada por el resentimiento, el rencor y el prejuicio, no puede decirse que no existieran antes.

Tal vez ahora incrementen sus fantasías –alimentadas por un gusto por las películas de acción de Hollywood y una obsesión por las noticias policiales– de convertirse en héroe al defenderse a sí mismo o a alguna dama de los ‘negros’ –el prejuicio más marcado y, en última instancia, fatal de su vida–, pero seguramente no son nuevos. Después de todo, había comprado mucho antes las armas que usó en el tiroteo trágico, y no dudó en usarlas. Las únicas novedades psicológicas son la culpa y su negación.

Estructurado en una serie de capítulos cortos con títulos que simbolizan con eficacia la vida lóbrega que lleva Chiche –‘Baldío’, ‘Negocio’, ‘Perros’, ‘Negros’, ‘Hija’– esta novela corta –no se dejen engañar por la cantidad de páginas, fácilmente se puede leer en un día– presenta un examen magistral de un personaje preso de sus propias manías, que no puede, ni quiere, escapar del laberinto vecinal que se ha construido. Es, efectivamente, un capítulo excepcional de una posible comedia humana argentina.

Luto, Edgardo Scott. Emecé, 204 págs.

Fuente: Clarín.

“Escribí de esa gente que siempre espera que le den algo, pero nunca recibe nada”

En su primer libro titulado «El papel preponderante del oxígeno», la autora describe el universo de Rose, que ha quedado huérfana al morir sus padres en un naufragio en el Tigre y es adoptada por sus tíos.

Por Claudia Lorenzón

«El papel preponderante del oxígeno», la ópera prima de Ángeles Salvador, aborda el universo vertiginoso de una joven que, al perder a sus padres, es criada por sus tíos, de quienes buscará alejarse apenas traspase la adolescencia para iniciar una vida marcada por la soledad, en la que, muy a su pesar, acumulará experiencias de fracaso, donde lo absurdo parece envolverlo todo.

El relato en primera persona, dominado por la voz de Rose, está marcado por una asepsia emocional que contrasta con los hechos narrados, que por momentos parecen cruzar el límite de lo real, lo que le permite a la autora tomar distancia y construir un subtexto connotado de sordidez y desesperanza.

En el libro, Rose ha quedado huérfana al morir sus padres en un naufragio en el Tigre y es adoptada por sus tíos, dos personas que poco se interesan por ella, y de quienes buscará separarse lo antes posible e irse de Vicente López a la Ciudad de Buenos Aires.

En la Capital encontrará sustento trabajando en una peluquería de Barrio Norte, símbolo de la superficialidad y las apariencias, donde cambiará su nombre de Rosa a Rose, y aprenderá el arte del peinado y cómo embellecer pieles y uñas de personas, muchas veces, en decadencia.

Salvador logra en esta novela atrapante anclada en los años 90 una atmósfera asfixiante, por momentos morigerada por el humor, donde la protagonista solo parece encontrar remanso en el medio líquido en el que desaparecieron sus padres.

La autora, que comenzó a escribir a los 38 años de la mano de una experiencia teatral y es madre de tres hijos, abre el libro con una dedicatoria a su padre, quien le donó un riñón y con él, una mejor calidad de vida, según confesó a Télam.

– Télam:¿Qué idea originó esta novela, marcada por lo delirante?
– Ángeles Salvador:
Trabajé con la hipótesis de que al personaje nunca las cosas le salen bien, desde el principio, con la orfandad, al morir sus padres. Ese fue un trabajo deliberado, y me pareció que debía llevarlo al extremo. Ese juego de que todo le sale mal me exigía a mí, como autora, que la próxima escena fuera distinta y peor que la anterior. En cada vuelta de tuerca tenía que delirar más para sorprender y el humor me dio permiso para llegar a una estética medio arriesgada a la que le di cabida.

– T: La voz narrativa aparece como muy obsesiva y le otorga al relato un clima asfixiante.
– A.S.:
En realidad esa voz surgió de la necesidad de probar mi forma de escribir y desarrollarla. Fuerzo a Rose para que hable así porque necesito escribir así: empiezo a escribir una pequeña idea y luego aparece algo más y algo más, como si fueran capas de su voz.

– T: ¿Por qué decidiste que la historia transcurriera en los ’90?
– A.S.:
Me interesaba representar el mundo de esa gente que espera que le den algo, pero nunca le dan nada. De la misma manera Rose trabaja en una peluquería de ricos, pero ella nunca lo será. Quise representar ese movimiento ascendente y descendente de clase social, eso de sentirse desplazado que se da mucho en este país, donde no hay posibilidad de ahorro.

En ese momento se dio mucho también el fenómeno de los nuevos ricos con el uno a uno, gente que luego no tiene un peso. Gente que perdió dinero con el corralito, o la situación de los jubilados en la que no hay previsibilidad, y no hay buenos trabajos ni sueldos, para gente que estudió mucho.

– T: La sexualidad aparece no como un lugar de placer, sino como algo desagradable, bizarro, de sufrimiento.
– A.S.:
En la novela aparece lo sexual como parte de lo iniciático y, en base a la hipótesis de que todo le sale mal, pensé en los inicios sexuales donde no hay amor para que apareciera la crudeza, lo mecánico de lo erótico.

– T: Hay una aparición fantasmal de los padres debajo del agua, momento en que parece encontrar algo parecido a la paz.
– A.S.:
Luego de que el intendente le niega la búsqueda del cuerpo de sus padres, ella sueña con que los padres siguen vivos y eso está relacionado con una experiencia personal porque mi madre murió cuando tenía 13 años, y entonces soñaba que estaba viva en los Estados Unidos, y me llamaban por teléfono … son fantasmas de uno que aparecen.

– T: Si bien en general los discapacitados son personas que necesitan un cuidado o afecto especial, acá aparecen como seres dañinos y crueles, ¿por qué los pensaste así?
– A.S.:
Me gustaba esa idea de la compensación del defecto. Ponerle una limitación tan escandalosa a cualquier personaje es como una ayuda para poder escribir. Por otra parte, ciego es una metáfora del escritor que no ve la historia que va a contar. Así me sentía escribiendo yo. La idea de la ceguera también tiene que ver con lo que uno no ve, y en el caso de la novela, con la ceguera de los vínculos familiares y la ceguera social.

Fuente: Télam

François Bon: “La literatura no puede ser reducida a contar historias amenas entre bellos amigos”

En su novela «Daewoo», el escritor francés reconstruye una historia a partir del cierre de una emblemática fábrica que deja a más de 200 obreras en la calle.

 

Por Milena Heinrich

 

En «Daewoo», una novela de François Bon que se publica en la Argentina más de una década después de su aparición en Francia, el escritor francés reconstruye una trama bella y dolorosa sobre la memoria a partir de los retazos de una historia industrial repetida aquí­ y allá: el cierre de una emblemática fábrica que, de un dí­a para el otro, deja a más de 200 obreras en la calle.

«Se da vuelta una página, pero en esa página estábamos nosotras», suena rotunda la frase de una trabajadora despedida, uno de los tantos testimonios que pueblan el libro y que componen la materia prima con la que el narrador va armando de a pedazos una novela con un sentido claro: saber lo que no se puede saber, qué pasa con ellas, las desplazadas en 2002 de la filial francesa de una mega fábrica coreana dedicada al ensamble de televisores y microondas.

Al ritmo de una trama abrumadora, por todo lo que se desprende a partir de las voces de sus protagonistas y los cruces de su narrador, el francés da forma a una experiencia colectiva dramática con referencias a tiempos pasados; a dignidades en sombra; a cuerpos con nombre de mujer; a cuentas que deben ser repetidas para que cierren los números; y a dolores que, para muchas, no tienen horizonte de sanación.

Pero también, y sobre todo, «Daewoo» es una novela que hace memoria sobre la modernidad. Como escribe su autor «si las obreras ya no tienen su lugar en ninguna parte, que la novela sea memoria». Y así­, el libro recae en la incertidumbre de estar ante realidad o ficción, pues a la estricta literatura se le acoplan recursos de otros universos: testimonios, encuestas, notas, comentarios, entrevistas.

Traducido por Sol Gil y Nicolás Gómez, «Daewoo» (Milena Caserola) es el segundo libro del francés que llega a la Argentina, tres años después de «Mecánica». Su trama nació del caso que primero lo inspiró a escribir una obra de teatro y más tarde, con las notas que quedaban pendientes y que juntó de Internet, decidió trasladar a una novela sobre el desmadre económico y sus víctimas colaterales.

Un poco de su biografí­a permite arriesgar alguna hipótesis acerca del interés por Daewoo, que en definitiva es un interés por el microcosmos industrial, por el desorden económico y por la experiencia humana: Bon (Vendée, Francia, 1953) estudió ingeniería y filosofía, y trabajó en la industria agroespacial y nuclear hasta 1982 cuando publicó su primer libro «Salida de fábrica». Desde entonces se abocó a la literatura.

-Télam: «Daewoo» se edita en la Argentina doce años después de su publicación en Francia. A la distancia, ¿qué cree que representa hoy ese nombre?
-François Bon: No tengo la menor idea. El libro fue escrito como una investigación pero el trabajo (como concepto) es un tema que permanece arraigado como uno de los grandes temas en nuestra sociedad. Estamos viviendo en una sociedad sin trabajo, algo que de alguna manera parece nuevo, aunque se trata de la cara de una cuestión más antigua. Las fábricas cerradas, desiertas o sencillamente demolidas siguen siendo eventos cotidianos en la actualidad.

-T: Al comienzo del libro deja dos cuestiones muy en claro: por un lado, que se trata de una novela y por el otro que es el intento por reconstruir una experiencia. ¿Por qué?
-FB: Se trata de una novela porque fue hecha desde un escritorio, con una computadora y con acceso a Internet. No suelo usar las categorí­as de «ficción» o «no ficción»: escribir es una experiencia en sí­ misma, y su asunto principal es lo que somos capaces de hacer con ella en nuestro propio cerebro. Las formas elegidas, un diario y entrevistas, son las dos ficcionales, utilizadas porque crean una fuerte ilusión de realidad.

-T: Tal vez, por esa ilusión de realidad, «Daewoo» puede leerse como una crónica sobre el capitalismo, narrada como una historia colectiva de la modernidad a partir de testimonios, ¿qué significa para usted el testimonio?
-FB: No pretendí­ escribir un testimonio. Mi trabajo es enfrentar la realidad, que es un concepto de enorme complejidad y muchas dimensiones, que implican al dinero, el poder, los flujos económicos y las polí­ticas territoriales. Balzac y Marx nos educaron en este sentido. El terreno de la literatura no puede ser reducido a contar historias amenas entre bellos amigos.

-T: Por momentos también parece una etnografí­a, pues el narrador parece un investigador implicado con su campo… ¿es posible disociar Bon narrador del Bon más personal, el que estuvo ahí investigando junto a su narradora para dar forma a los testimonios de esas mujeres?
B: Que el narrador es parte de sus propias historias ya lo aprendimos de Marcel Proust. Las otras son cuestiones que ya tienen su tiempo. En principio, este suerte de drama social del cierre de una fábrica moderna establecida en un valle dominado por las ruinas de la industria del acero, algo muy documentado, no fue pensado como un libro. Habí­amos decidido producir una performance teatral y montarla con cuatro actrices del valle. La idea era actuar en base a la monumental documentación que existe de la lucha de esas mujeres. La obra se hizo, en el festival de Avignon, dirigida por Charles Tordjman, y ganó el premio Moliere. Las primeras notas en mi computadora son sobre esta performance. Pero un dí­a me di cuenta de que esas notas eran en sí­ mismas un libro.

-T: En un fragmento escribe que «si las obreras ya no tienen su lugar en ninguna parte, que la novela sea memoria». ¿La literatura tiene la potencia de oficiar o garantizar la memoria? 
B: Por supuesto, en cualquier tiempo el funcionamiento de la narrativa trabaja con la memoria, y las artes de la memoria. Pero la tarea del escritor sigue siendo subjetiva. No podemos elegir lo que ingresa o permanece en la memoria colectiva, solo hacer nuestro trabajo, que es obedecer. Nuestra ley es la realidad, la sintaxis y la composición.

T: Una singularidad de la novela es que su estructura aparece como fragmentada, hecha de distintos géneros, ¿tiene que ver con una búsqueda por renovar los géneros literarios?
B: No hay nada demasiado nuevo acá. Hay docenas de libros hechos con una composición sinfónica y fragmentaria. Además de Proust, Henri Michaux lo hizo, por ejemplo. Con respecto al uso de los diálogos vienen mayormente de Nathalie Sarraute. Pero en un sentido diferente, lo que hemos aprendido de la narrativa es que cualquier historia es, en principio, la historia de su propia manera de escribirla. La cuestión central en este libro ha sido lo que concierne al tiempo y la temporalidad.

T: Si es posible definirla ¿qué es significa para usted la literatura?
B: La literatura es el lenguaje como pensamiento, en estado de reflexión. Maurice Blanchot nos marcó el camino en ese sentido. No se trata de lo que uno piensa, sino de cómo uno canta y baila en el fuego de la realidad. Si aprendí­ algo de este libro es el modo en que permanentemente tenemos que caminar a través de la realidad, enfrentarla, construir palabras y frases cuya única ley sea la realidad.

 

Fuente: Télam

Pierre Lemaitre: “No hay crimen perfecto si el asesino no olvida su delito»

La novela «Tres días y una vida», del escritor francés sondea los dilemas morales de un chico que ha cometido un crimen y que no logra sortear el peso de su conciencia.

La novela «Tres días y una vida», con la que el escritor francés Pierre Lemaitre revalida su tradición narrativa, sondea los dilemas morales de un chico que ha cometido un crimen y que a pesar de eludir una condena social no logra sortear el peso de su conciencia, una cuestión que para los lectores argentinos adquiere matices singulares a partir de los debates recientes en torno al proyecto de bajar la edad de inimputabilidad de los menores.

Lemaitre nació en París, tiene 65 años, y hace solo once que debutó en la literatura. Desde entonces no ha perdido el tiempo: ganó el prestigioso Premio Goncourt por su obra «Nos vemos allá arriba», se hizo conocido con una una saga policial que tiene como protagonista al comisario Camille Verhoeven y ha sido el guionista de la versión cinematográfica de su libro «Alex».

Por estos días el escritor que en abril próximo llegará a la Argentina para participar de la Feria del Libro entrega el más intimista de sus relatos, una trama planteada en tres tiempos que bordea el retrato psicológico y que en un guiño «chandleriano» explora la idea de una culpabilidad que se proyecta sobre quien perpetra un asesinato pero no exime al resto de la comunidad.

En los tres días que preanuncia el título de la novela publicada por Salamandra se condensan los acontecimientos cruciales de la historia: Antoine Courtin es un chico de 12 años que en un instante de ira golpea a su vecino de seis y lo mata. Desde entonces, el relato bascula entre el pánico del joven a ser descubierto, el desfile de sospechosos sobre los que recae alternadamente la responsabilidad del asesinato y las insidias pueblerinas que deja al descubierto el episodio.

Las bifurcaciones que Lemaitre plantea con su prosa sin rodeos resquebrajan las fronteras morales del lector y de los habitantes de la localidad de Beauval, donde transcurre la historia. De algún modo, la necesidad de identificar al asesino del pequeño Remy tiene motivaciones que van más allá de reestablecer el sentido de justicia: el escritor sugiere que hallar a quien quebrantó la ley es siempre tranquilizador porque permite «aislar al culpable» y alimentar la fantasía de que el resto de la sociedad no es responsable de contribuir a un sistema que por sus exclusiones a veces termina empujando al delito.

Al autor de «Irene» y «Vestido de novia» le interesa confrontar al lector con sus contradicciones y explorar el componente maleable de un sistema moral que lo lleva a identificarse con un personaje que ha cometido un crimen horrendo. «Es uno de los temas del libro y de mi obra en general. ¿Debemos perseguir la justicia o la verdad?», apunta Lemaitre a Télam desde París.

Nuestra vida está constantemente poblada de fantasmas y fantasías… sea uno o no un asesino

Pierre Lemaitre

«Aquí el dilema queda instalado por el hecho de que el lector ‘comprende’ a Antoine, al punto de que estaría dispuesto a perdonarlo. Pero al mismo tiempo reconoce su culpabilidad. Entonces, ¿Antoine es más culpable de silencio que de asesinato? Una de las funciones de la literatura es interrogar al lector sobre ese tipo de cuestiones», interpela Lemaitre.

– T: La novela permite reflexionar sobre la manera en que un niño comete un crimen y (no) es capaz de interpretar sus alcances ¿Qué dilemas morales se abren cuando consuma un delito alguien que aun no tiene una comprensión cabal de las normas sociales?
– P.L: Este libro no es tanto la historia de un crimen como la historia de un error. Claramente, Antoine merecería las circunstancias atenuantes: se trata de un accidente más que de un asesinato. Lo que me ha interesado más bien es esa terrible trampa por la cual «el destino» de Antoine, conducido a matar sin ser descubierto, se convertiría en «suerte». Para él, en cambio, es una desgracia para toda la vida. Queda preso de un dilema moral que él mismo será incapaz de analizar, porque carece de madurez. Pero él «siente» el dolor de los padres, sabe que conocer la verdad sería para ellos algo necesario. Pero más allá de su fuerza, Antoine es en el fondo un niño frágil y será luego también un adulto frágil.

– T: Se podría pensar que la protagonista silenciosa de la novela es la naturaleza, en tanto por un lado es capaz de transformar los vínculos -las relaciones en la comunidad se re-pactan a partir de los dos huracanes que sacuden al pueblo- y por el otro es el factor central que le permite a Antoine rehacer su vida…
– P.L: Tiene toda la razón. Esas dos tormentas de 1999 fueron un gran evento en Francia: nunca había ocurrido algo semejante. Son un verdadero personaje de la novela en la medida en que tienen un accionar sobre el destino de los protagonistas. Antoine, y en parte también al lector, piensan que esta tormenta va a «limpiar» todo. Como si los dioses pasaran un paño sobre su crimen. Grave error. Su drama personal sobrevivirá a las tormentas y saldrá a flote.

-T: La atmósfera de pueblo pequeño parece crucial para que las sensaciones del protagonista tengan esas características opresivas. ¿En una megalópolis su padecimiento hubiera sido menos omnipresente?
– P.L: Exacto, esta historia no habría sido posible si Antoine hubiese vivido en una gran ciudad. Para que este relato se desarrolle era necesario esa densa red de relaciones entre las personas, la posibilidad de rumores en círculo estrecho, en definitiva, un lugar de tamaño modesto. En una gran ciudad, Antoine hubiese quedado, de alguna manera, perdido en la multitud. Pienso que hubiese sido menos desafortunado porque su drama no le sería recordado constantemente como le ocurre cuando ya de grande vuelve al pueblo a visitar a su madre, mientras persiste sólo un deseo, el de escapar.

– T: Antoine es acechado por fantasmas y pensamientos que no se concretan en la realidad. ¿De qué manera nos atraviesan nuestras propias ficciones y nuestra percepción del mundo termina siendo una construcción a medio camino entre la fantasía y la realidad?
– P.L: Nuestra vida está constantemente poblada de fantasmas y fantasías… sea uno o no un asesino. Es inherente a la naturaleza humana, ya que es inherente a la conciencia. Obviamente, en el caso de un asesino, ocupan un lugar particular. En el fondo, Antoine ha cometido un «crimen perfecto» ya que nadie lo descubre, pero en realidad, ningún crimen es perfecto si el asesino no lo logra olvidar, si es visitado constantemente por su fantasma. Cuando no hay juez, a menudo uno se convierte en su propio verdugo.

– T: ¿Qué fenómenos cree que han contribuido a la consolidación del policial y la novela negra en Latinoamérica y en Europa en los últimos años?
– P.L: El thriller es la caja de resonancia de todo conflicto social, de toda pregunta que moviliza al mundo. La crisis económica que golpeó a Europa a partir de mayo del 68, como el giro de los años 80 ha sido una fuente de inspiración, especialmente en la forma de neo-thriller francés. Al igual que en la Argentina la dictadura o la existencia de «villas miseria» han inspirado a Oliverio Coelho para escribir «Borneo», a Leonardo Oyola para «Gólgota» o a Martín Kohan para «Dos veces junio».

Fuente: Télam

 

El refutador de leyendas: Pedro Bazán presentó “La imaginación sumergida”

Abrazado a sus dos hijos, Pedro Bazán realiza, inconscientemente, un acto que se ha permitido muy pocas veces en su vida. Llorar. Apenas, pero llora. Contenido por la presencia de muchos conocidos que asistieron a la presentación de su nuevo libro, “La imaginación sumergida”, el escritor sólo deja que sus ojos se humedezcan y tomen el rojo de la alegría. Son lágrimas que salen desde lo más profundo de su sinceridad.

En esa escena completa de ternura y amor fraternal se comprime –como las emociones en el pecho de Pedro- una buena parte de lo que acaba de suceder en la presentación de su nueva novela, un intrincado policial plagado de humor negro que le llevó diez años terminar.

“La imaginación…” cuenta la historia, entre otras, de Sebastián, un hombre que accidentalmente es hijo del mar. También relata la vida de su madre, una mujer convertida en prostituta para encontrar al hombre que embarazó. Y de Salcedo, un policía que busca su condecoración. Y de un escritor en busca de la consagración.

Fue Paola Duhalde –periodista, escritora y compañera vital para Bazán, pero sobre todo madre de su hija más pequeña- quien vio en lo que inicialmente era un cuento, una potencial novela. “Ella me dijo, una vez que leyó el manuscrito, que podía profundizar en la historia”, reconoció el autor en la presentación.

El hecho de que el emotivo acto se haya realizado en “Los libros de Charlie. Palacio cultural” fue especial para Bazán, ex periodista de El Diario de la República y actual jefe de San Luis Libro. La presentación fue la tercera actividad del emprendimiento, que encontró en Fernando Salino, el presentador del libro, una sentida explicación.

“Es muy bueno buscar salir del duelo y del dolor creando una biblioteca, si esto pasara más seguido, otra sería la actualidad cultural”, sostuvo el rector de la ULP.

Sin caer en la autoindulgencia, Pedro prefirió que su alocución se centre más en la literatura universal que en su novela. Contó que cuando era chico y vivía en la zona rural de Rufino se adentraba en las siestas en la biblioteca de la casa y gracias a los clásicos griegos abría puertas imaginarias. Sumergía su imaginación.

“Me emociona la literatura”, puntualizó el escritor en un momento de su charla, entre recomendaciones de Kafka, García Márquez, John Kennedy Toole y Jack London, entre otros. Y fue durísimo con los que considera los responsables de que la gente se aleje de la lectura, los académicos  y los docentes. “No logro aceptar que se etiquete a los autores”, protestó.

Tan preocupado está Pedro en refutar teorías, que a veces, según dijo Salino -quien se consideró su amigo- se boicotea sus propias sentencias. A tal punto llega esa posición, que el presentador dijo que él y el autor piensan exactamente lo contrario “en casi todo”.

La más lúcida apreciación que hizo el rector en torno al alumbramiento de la novela fue cuando la calificó como “un excelente ejercicio de libertad”. Salino celebró el hecho de que Bazán haya tenido a esta altura de su vida la necesidad de contar lo que sucede en “La imaginación…”, una obra que si bien no es autobiógráfica tiene algunos condimentos en los que se reconocen las costumbres del autor.

Los whiskys que se toma uno de los personajes, “son los whiskys que alguna veces se tomó Pedro”, confió el presentador, con el simpático e hidalgo reconocimiento de Bazán, sentado a su lado.

El Diario de la República.

Presentaron “La imaginación sumergida”

La tercera obra de Pedro Bazán le llevó cinco meses de escritura y diez años de corrección. El humor y la tragedia se despliegan en cuarenta y tres capítulos cuya inspiración bucea entre la tradición griega y lo mejor de la novela universal. Un desafío y una declaración de principios.

La presentación tuvo lugar este miércoles en la Biblioteca “Los libros de Charlie”.

La presentación tuvo lugar este miércoles en la Biblioteca “Los libros de Charlie”.

Absurdo. Existenciales monólogos. Escenas salidas de crudos policiales. Su madre. Estos y más elementos dialogan con maestría en la nueva ficción de Pedro Bazán, nacido en Rufino, Santa Fe, que eligió el suelo puntano hace 28 años.

El hilo común es la imaginación, esa poderosa facultad que inunda también lo que aún no se escribe y que constituye el horizonte de cualquier escritor serio. Pedro, aunque reniega de las definiciones académicas, comparte con los poetas romanticistas y surrealistas el presentimiento del caos ante lo que se enuncia. Aun así, insiste en categorías, reniega del tiempo, dispersa, pare con ironía.

La novela se concibió a partir de un relato breve. Tras releerlo, y por consejo de su mujer, Pedro se arrojó frenéticamente al papel. Hace años ya que su amigo Jorge Sallenave le aconsejó ofrendarse a la literatura, porque tiene chapa.

“La escribí en cinco meses y tardé diez años corrigiéndola. En algún momento ‘La imaginación sumergida’ se me volvió absolutamente insoportable y antes de entrar en la variante del pirómano, decidí que el libro estaba terminado. Creo que disfruté ese proceso, esos años, de poner en cada línea una idea y en cada párrafo un concepto y muchas veces me sentí angustiado por no hacerlo en menor tiempo o en el oportuno, pero luego estuve conforme. Es un legado para mis hijos Gerónimo y Lupe, para sus mamás ‘Gaby’ y Paola. Quiero agradecer también a quienes se animaron a leer el libro”, expresó Bazán, quien se desempeña como jefe del Subprograma San Luis Libro.

Este miércoles, la presentación tuvo lugar pasadas las 19:00 en el auditorio de El Diario de La República, puntualmente en la Biblioteca “Los libros de Charlie”, espacio que fue puesto en marcha recientemente en homenaje a la memoria de Carlos Juan Rodríguez Saá. Asistieron amigos, familiares, funcionarios y personalidades de la cultura puntana como la profesora María Teresa Carreras de Migliozzi.

Fernando Salino, rector de la Universidad de La Punta, fue el encargado de hacer una introducción de la obra literaria. “Pedro hubiese estado encantado de pronunciar muchas de las frases que figuran, más allá de que se las haya hecho decir a algunos de los personajes, no hay ninguna duda de que es así”, consideró.

Salino definió a “La imaginación sumergida” como un excelente ejercicio de libertad: “Me gustan mucho los libros que dejan todo en manos del lector, a este libro cada uno tiene la libertad de interpretarlo como quiera, cada uno con una mirada particular; es un ejemplar profundo e inteligente”, dijo.

Con el libro en mano, el rector indicó que la obra se caracteriza por contar el final en la página 12 y todo lo que prosigue corre por cuenta de cada lector. En esas líneas el autor describe: “Al día siguiente, mi mamá tomó un cinturón de cuero del guardarropa, lo ató a una sábana que previamente había cruzado en el tirante central que sostenía el techo de su cuarto, busco una silla, se subió a ella, ajustó el cinturón a su cuello y luego de empujar la silla, se dejó balancear hasta morir”.

“Es un legado para mis hijos Gerónimo y Lupe, para sus mamás ‘Gaby’ y Paola. Quiero agradecer también a quienes se animaron a leer el libro”, expresó Bazán.

“Es un legado para mis hijos Gerónimo y Lupe, para sus mamás ‘Gaby’ y Paola. Quiero agradecer también a quienes se animaron a leer el libro”, expresó Bazán.

Salino subrayó que ese es el final de la historia, la que luego se enriquece aunque se conozca el final. La caracterizó como una historia dura, contada con un humor absolutamente entretenido, el cual fluye en muchos de los capítulos.

Según el presentador “hay sentencias inapelables propias de Bazán, lo cual es propio del autor, de dudar a los 5 minutos de esas mismas sentencias que juzgó inapelables”, como “he sido un buen hijo” o “estoy solo en el mundo en la búsqueda de unas respuestas categóricas, concretas, definitivas, a la espera de insólitos milagros”.

En la página 21 también se detuvo y citó otro párrafo: “La tierra está repleta de hombres inútiles, de seres que deambulan sin sentido, los que andan a ciegas, los que molestan, los que interrumpen, los que no conocen el milagro de pensar, los que no escuchan y que en el mejor de los casos pueden considerarse un error”.

Otra de las frases recurrentes del autor versa: “Me llamo Sebastián y no me gusta hablar con nadie, imagino y con eso me basta”.

“Este libro lo pagó Pedro Bazán y no es un hecho menor, este libro, como dije, es un ejercicio de libertad y pagarse lo que uno quiere hacer también es un ejercicio de libertad, de dignidad, de sostener sus propias iniciativas; sobre todo si sintió una necesidad tan fuerte de algo que tenía para decir”, agregó el rector de la ULP.

Afirmó Salino que a los que son ávidos lectores “nos hace bien leer obras inteligentes, profundas, interesantes, que nos dan la posibilidad de tener estas miradas, nos ayudan a entender algunas situaciones que nos enriquecen muchísimo, desde autores clásicos hasta contemporáneos”.

Bazán, en el inicio de su exposición, agradeció a Payné, al Palacio Cultural “Los libros de Charlie” y al Diario de la República: “Me une un afecto muy grande, muy profundo, he pasado momentos hermosos de mi vida y ha estado siempre presente en momentos muy importantes, así que para mí esto es una doble celebración. Quiero agradecer especialmente a María Luz Rodríguez Saá, directora de El Diario de la República y a ‘Tona’ Salino, que hace un par de meses atrás estábamos inaugurando este espacio y la verdad que es un enorme honor y un enorme orgullo estar acá otra vez, en este caso, defendiendo una obra mía”.

En su introducción le dedicó parte de su presentación a la literatura: “Quiero hacer un alegato de lecturas que fueron esenciales en mi vida y esto podría ser también la explicación de porqué escribo, porqué elijo escribir o elijo la literatura para comunicarme”.

Recordó cómo comenzó a sumergirse en el mundo de la literatura, rememoró que cuando era chico se crió en la zona rural de Rufino, en una casa de campo amplia, donde él tenía una habitación muy grande, quizás no destinada para ese fin, y donde funcionaba la biblioteca de la casa. En el pueblo, la labor rural iniciaba muy temprano en la mañana y culminaba muy temprano en noche.

“Tenían el hábito de dormir la siesta y a mí no me gustaba dormir, entonces hacía como que me iba a dormir, tenía 7 u 8 años y empezaba a indagar en la biblioteca. Ahí me encontré con cosas maravillosas que creo que me formaron y me sirvieron para el futuro”, recordó el escritor.

Entre los ejemplares detalló que había un diccionario, de edición 1948, que tenía el viejo mapa de Argentina y que era muy rico en mitología griega y romana, lo cual al autor le fascinaba.

Así, los primeros personajes que conmovieron a Bazán fueron personajes mitológicos: “Ese es el primer recuerdo fuerte que tengo de mi contacto con la literatura, después descubrí a Homero, a Virgilio. Pensé que era absolutamente normal y que todos los chicos en su casa hacían eso, después con el tiempo me di cuenta que no era tan usual y agradezco mucho a aquella biblioteca y la recuerdo con mucho afecto y cariño”.

Entre los múltiples libros que le permitieron atravesar la puerta de ese cuarto y de múltiples cuartos después, transmitió que hay algunos textos que lo marcaron y recomendó para ser leídos.

Mencionó “Los regalos perfectos” de O. Henry: “Es un relato donde lo que subyace durante todo el texto es la búsqueda de la felicidad y es hermoso; son dos personas que se aman y buscan la manera de hacer feliz al otro. Recuerdo “La Conjura de los Necios”, de John Kennedy Toole, uno de mis autores predilectos, y probablemente sea una de las novelas que más haya disfrutado en mi vida, con un personaje que se llama Ignatuis J. Reilly, difícilmente se haya concebido un personaje con tanta gracia, tanto humor y tanta profundidad a tan corta edad”. Describió que John Kennedy Toole vivió entre 1937 y 1969 y decidió quitarse la vida porque consideraba a su vida literaria un fracaso.

En otras líneas evocó a  “Los miserables” de Víctor Hugo y esos personajes absolutamente imposibles de olvidar como Jean Valjean, el comisario Javert: “Lean el libro que es una obra de arte, de cómo se puede hablar de historia, de geografía, sociología, antropología, política a través de un libro”.

“Crimen y castigo”, de Fiódor Dostoyevski, fue otro de los libros que describió: “Ese  personaje enorme de Rodión Raskólnikov que comete un crimen, en esas circunstancias y en ese contexto y en ese lugar, que cualquiera de nosotros hubiera cometido. Rodión Raskólnikov comete un crimen en la página 21 de un libro de 600 o 700 páginas y está exculpándose en el resto de la historia. Recuerdo cuentos como “Encender una Hoguera” de Jack London, un escritor injustamente considerado menor, y está ambientado en Yukón, en lo más duro y frío de Alaska.

En esa línea prosiguió con “El mensaje de la Luna” y “Grito hacia Roma” de Federico García Lorca; “El poema de los dones”, “El milagro secreto” de Borges y un texto muy pequeño que se llama “El enemigo generoso” que relata la historia de Magnus Bardfor, de la misma autoría. Trata de un rey noruego que toma la decisión de invadir las tierras británicas en el año 1193. Posteriormente se refirió a “La metamorfosis”, de Kafka, cuando una mañana Gregorio Samsa amanece convertido en un monstruoso insecto.

Gabriel García Márquez fue otro de los autores en los que Bazán se detuvo. “En el primer párrafo de ‘Cien años de soledad’, dice ‘años después, frente al pelotón de fusilamiento, cuando el coronel Aureliano Buendía había de recordar el momento en que su padre lo llevó a conocer el hielo’. Es demasiado profundo como para que a uno no se le llene la mente de imágenes y de ganas de indagar al respecto”, señaló.

Una de las frases recurrentes del autor versa: “Me llamó Sebastián y no me gusta hablar con nadie, imagino y con eso me basta”.

Una de las frases recurrentes del autor versa: “Me llamó Sebastián y no me gusta hablar con nadie, imagino y con eso me basta”.

En ese sentido, sostuvo que la literatura lo quiebra, lo emociona. Considera un error, que cometemos los adultos y que cometen los académicos, el tener cierta mirada que se disfraza de profunda a la hora de hablar de algunos temas que deberían ser abordados con mayor simpleza: “En la literatura lo que importa son las historias, los personajes y es lo que vale”.

“La imaginación sumergida” se explaya en 314 páginas y en cada uno de los personajes está dividida y atomizada la historia de su vida: “Uno de los personajes que construí a propósito fue al comisario Salcedo, como a uno de los que no quería y que a muchos les llamó la atención y le terminó resultando interesante, donde hay una parte mía oscura que en ese personaje quiero canalizar cosas que no haría en la vida real”.

El arte de tapa lo realizó el diseñador gráfico Ariel “Bachi” Fernández.

Sobre el final de su mensaje, Bazán se describió como un producto literario donde se conjugan dos fuerzas, por una parte, el haberse animado a llevarle un texto al escritor Jorge Sallenave y haber recibido una definición absolutamente cariñosa lo impulsó a escribir.

“Se conjuga con un hecho político que sirvió para darle espacio a mucha gente, soy un producto de arte de las becas denominadas BAS XXI. Gané tres veces en la categoría literatura y en la primera vez que gané sentí que estaba capacitado y autorizado, entre comillas, a escribir, por lo cual guardo un hermoso y profundo recuerdo de esas becas”, finalizó el escritor.

Su amiga, la escritora Raquel Weinstock, comparó el desafío intelectual planteado por Pedro con lo que plasmó García Márquez en “Cien años de soledad”.

El nuevo ejemplar se suma a la novela “Trece segundos sin otoño” y los cuentos “La calma”. Al final, el público le consultó a Pedro sobre la obra y el proceso de escritura. Nadie le preguntó porqué escribe. Quizás porque Bazán citaría de memoria a su querido Borges, o porque exigiría leer a Baudelaire, o porque cada noche, ante la página en blanco, sale a flote solo con su imaginación.

Fuente: Agencia de Noticias San Luis.

Malones y salvatajes desde Estados Unidos

Un escritor chileno, con relación íntima con la provincia, presentó su nueva novela.

Historias de malones, combates y pasiones se entrelazan en "La cautiva...".

Historias de malones, combates y pasiones se entrelazan en «La cautiva…».

La vida de Antonio Torres Román no conoce de asentamientos. Nacido en Chile, criado en Buenos Aires, actualmente radicado en Estados Unidos, el escritor se casó hace 57 años con una puntana y se considera un hijo más de esta provincia, a tal punto que su dirección de correo electrónico es puntano2@….

Para completar el panorama internacional del autor, en su biografía destaca que su madre es chilena y su padre español, por lo que la visión cosmopolita es aún más visible y profunda.

La última creación del autor es «La cautiva de las trenzas de oro», un libro que escribió en Estados Unidos y que refleja la vida de los pobladores del sur argentino durante la campaña del desierto.

El libro relata los malones indígenas y su forma de contrarrestarlos y tiene como ilustración de portada una réplica de «La vuelta del malón», el histórico cuadro de Ángel Della Valle que es todo una referencia de la plástica nacional.

Torres Román le envió una carta y un ejemplar de «La cautiva…» al gobernador de la provincia, Alberto Rodríguez Saá, a la vez que vertió elogiosos términos a sus gestiones al frente de la provincia. (Ver «La carta…»)

El escritor comenzó su carrera literaria de muy joven, con la publicación de algunas colaboraciones en un diario de Avellaneda.

Cuando tenía 25 años, una editorial de Buenos Aires publicó algunas de sus novelas policiales bajo un seudónimo anglosajón, porque consideraba que de esa manera vendería más ejemplares.

Con su nombre real, Antonio publicó el poemario «Flores blancas» antes de radicarse en Daytona Beach, en Florida, Estados Unidos, donde está radicado en la actualidad con su esposa puntana, con quien está casado hace 57 años y a quien le dedicó su libro más reciente.

En el país del norte el escritor -ya jubilado- continúa con la publicación de sus novelas, en la mayoría policiales.

 

Fuente: El Diario de la República.