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Jornada de “Periodismo no sexista”; Mariana Carbajal disertará en la UNSL

La periodista argentina referente en temáticas de género visitará la Universidad Nacional de San Luis este viernes.

El cronograma de actividades de Carbajal durante su visita a San Luis incluirá la presentación de su nuevo libro “Yo te creo hermana”. También ofrecerá el coloquio “Desafíos para el periodismo en contextos de desinformación”, y además el taller “Periodismo con enfoque de género y derechos”.

Su presentación será en el Microcine de la UNSL, durante la Jornada “Periodismo no sexista. Claves desde el feminismo”, que organiza la Comisión de género del Departamento de Comunicación de la Facultad de Ciencias Humanas, y que forma parte del Proyecto “Mediatizaciones del sentido y procesos socioculturales: identidades, cultura, discurso y poder”.

Cronograma

Presentación del libro “Yo te creo hermana”- 10:30

Coloquio “Desafíos para el periodismo en contextos de desinformación”- 11:30

Taller “Periodismo con enfoque de género y derechos”- 15 a 19

La jornada es gratuita, abierta al público en general y destinada especialmente a trabajadores de la prensa. La inscripción puede realizarse enviando un mail a los correos electrónicos irmillao@hotmail.com o mavafur@gmail.com

Fuente: El Chorrillero.

Quién es Juan Martín Guevara, el hermano del Che que está en la Feria del Libro

Durante la 45ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el stand 139 del Pabellón Azul es sede provisoria del sello creado en 1985 por Juan Martín Guevara, el hermano menor de Ernesto «Che» Guevara de la Serna. «Soy quince años menor. Pienso que cuando era chico, yo era una especie de juguete para él», recuerda. Su hermano nació en Rosario en 1928 y él, en 1943, en la ciudad de Córdoba.

En las pausas entre los viajes frecuentes que lo llevaron por muchos países de América Latina, el Che se mostraba muy compinche con Juan Martín, que a diferencia de sus cuatro hermanos, todos universitarios, no cursó estudios superiores luego de terminar la escuela secundaria. «Hice muchos trabajos en la calle -dice-. Fui camionero, vendedor, presidente de una empresa de habanos y editor». Padre de cuatro hijos es también abuelo.

En la Feria del Libro porteña participa desde fines de los años ochenta. «En la ceremonia de inauguración de este año, escuché los discursos de los representantes del sector editorial y los de los ministros -dice a LA NACION-. Parecía que hablaban de países diferentes». Años atrás, cuando su cargo en la fábrica de habanos Puro Tabaco le exigió una dedicación de tiempo completo, delegó sus funciones de editor en Marcelo Cafiso y desde entonces es una suerte de asesor o amigo de la casa editorial.

Homenaje a José Martí

Nuestra América, como su nombre lo indica, es un sello que honra la tradición humanista formulada en el ensayo filosófico del poeta, periodista y revolucionario cubano José Martí. El catálogo es diverso y se enfoca en literatura latinoamericana, cultura de los pueblos originarios, historia, política y feminismo.

El hermano menor del Che también estuvo preso por razones políticas durante varios años (los años de la dictadura) y fue liberado en 1983, luego del triunfo de Raúl Alfonsín en las urnas. Era militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores y estuvo detenido por la aplicación de la ley 20.840, derogada en 2002.

Juan Martín Guevara en el stand de Nuestra América en la Feria del Libro. Rodrigo Nespolo/La Nacion
Juan Martín Guevara en el stand de Nuestra América en la Feria del Libro. Rodrigo Nespolo/La NacionFuente: LA NACION – Crédito: Rodrigo Néspolo

Del catálogo del sello fundado por Guevara se destacan los libros de Martí, de Versos sencillos a Nuestra AméricaLos que luchan y los que lloran y otros escritos inéditos, de Jorge Ricardo Masetti, los artículos periodísticos de Rafael Barret (como Lo que son los yerbales) y Trovuntivitis. En los caminos de la música cubana, ensayo de Mariana Dosso y Osvaldo Daicich, con ilustraciones de Tony Lorenzo. Crece además la colección Gurí, de libros ilustrados con reproducciones de grabados, como en el flamante Fábulas quechuas-Tarmapap pachahuarainin, compiladas por Adolfo Vienrich y en edición bilingüe, embellecido con los grabados de Luis Morado. El promedio de los precios de los libros de Nuestra América no supera los $400 y, para los días de Feria, Cafiso y su equipo prepararon mesas con promociones. Se venden, además, libros de otras editoriales, como los ensayos de Eduardo Galeano publicados por Siglo XXI y los deJudith Butler, de Paidós.

Guevara participó la semana pasada de un acto en la Feria del Libro en el que se conmemoró la creación de La Pastera, el museo dedicado a su hermano mayor en la ciudad de San Martín de los Andes, por donde anduvieron el Che y Alberto Granado en su recorrida latinoamericana, allá por los años 1950. Ese viaje inspiró el volumenDiarios de motocicleta, de Guevara de la Serna, y luego la película de Walter Salles, de 2004. El Che escribió 1300 páginas de diarios y otras 3000 con artículos y discursos sobre economía y política. Su hermano Juan Martín, por ahora, publicó un libro de conversaciones con la periodista francesa Armelie Vincent, Mi hermano el Che (Alianza). «Está un poco caro en la Argentina porque se edita en España», opina el coautor. Ese libro cuesta $1400 y consiste en la puesta en páginas de varias horas de conversaciones entre él y Vincent.

Junto con amigos y familiares, Juan Martín Guevara creó la Fundación Che Vive, que permitirá acceder a documentos, libros, películas y archivos sobre la trayectoria intelectual y política de su hermano. «También habrá libros y películas que ofrecen una mirada crítica sobre él, como Che!, de Richard Fleischer, donde Omar Sharif interpretaba a un Che con aires de villano».

Confiesa que no leyó todas las biografías que se escribieron sobre su hermano. «Por eso no puedo decir cuál es la mejor -responde-. En lo personal, les escapo a los biógrafos». Juan Martín vio por última vez al Che en Montevideo, en 1961, cuando su hermano viajó en representación del gobierno cubano, como ministro de Industria y presidente del Banco Nacional de Cuba, a un foro internacional convocado por la Organización de Estados Americanos. Desde Punta del Este, donde se desarrollaba el encuentro entre ministros, el Che había viajado hasta la capital uruguaya para reunirse con su familia. «Fue un día complicado, porque hubo un atentado en Montevideo en el que murió un profesor universitario. Quedamos todos muy consternados», rememora. Juan Martín tenía entonces dieciocho años y la imagen más viva que tiene de ese día es la del abrazo entre su madre y el Che.Por: Daniel Gigena

urante la 45ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el stand 139 del Pabellón Azul es sede provisoria del sello creado en 1985 por Juan Martín Guevara, el hermano menor de Ernesto «Che» Guevara de la Serna. «Soy quince años menor. Pienso que cuando era chico, yo era una especie de juguete para él», recuerda. Su hermano nació en Rosario en 1928 y él, en 1943, en la ciudad de Córdoba.

Fuente: La Nación.

“Mantener viva la memoria de Saúl Ubaldini, es lo que me propuse desde que falleció”

Margarita Muñoz de Ubaldini presentó su segundo libro: “Volver a Saúl”, un escrito que resume la vida de su esposo, el histórico sindicalista. El acto fue el pasado viernes en San Luis Libro.

El jefe del Subprograma San Luis Libro, Pedro Bazán, dio las palabras de bienvenida al público y presentó a Margarita Muñoz de Ubaldini, autora de “Volver a Saúl”. La presentación comenzó con un video, cuyas imágenes y audios reflejaron la tarea sindical de Saúl Ubaldini, el histórico dirigente de la Confederación General de los Trabajadores (CGT), quien falleció el 19 de noviembre de 2006.

Con una postura muy contundente y con el claro objetivo de contagiar el espíritu de unión y lucha por los trabajadores que llevó adelante su esposo durante toda su trayectoria sindical y como diputado nacional, Margarita Muñoz recorre el país con su segundo libro: “Volver a Saúl”.

“Hoy más que nunca tiene vigencia la lucha de Saúl, porque parece que la historia se vuelve a repetir con el neoliberalismo de los ’90, de la dictadura, y parece que Martínez de Hoz dejó su mirada puesta en la economía, pero nuestra visión tiene que estar en el 2019, para lograr el cambio”, comentó.

Este es el segundo libro de Margarita, que viene a completar la historia del recordado sindicalista. “En 1997, en vida de Saúl, yo presenté el primer libro: ‘Saúl Ubaldini, una lucha con causa’. Allí narré toda la historia de él como sindicalista, desde que comenzó como en el frigorífico ‘Lisandro de la Torre’, pero me quedaron diez años inconclusos, así que por eso decidí hacer este segundo libro. Mi hijo no había nacido en ese momento, hoy tiene 18 años, y recordando cada etapa que se fue viviendo a posteriori de su tarea sindical, porque en el primer libro no figuraban los ocho años en que fue diputado, y es importante rescatar su tarea desde la Cámara, porque desde allí también siguió luchando contra leyes que se quisieron imponer. Este libro es un dos en uno, por decirlo de alguna forma. Acá está toda la historia desde que nace Saúl, hasta que muere”, manifestó.

Para muchos escritores, elegir el título que llevará su obra suele ser una de las tareas más complejas. Sin embargo, no fue el caso de la autora de “Volver a Saúl”, porque afirma que al nombre del libro se lo dio la gente. “El nombre del libro se fue gestando con las expresiones de la gente, porque constantemente me dicen personalmente o me escriben a través de redes sociales, y todos coinciden en utilizar palabras como: ‘Si Saúl viviera’, ‘si Saúl volviera’, ‘si estuviera’. Entonces a partir de esas expresiones surgió el nombre. Además porque estoy convencida que tenemos que ‘Volver a Saúl’, en dirigentes honestos, leales a los trabajadores y al pueblo, que puedan enfrentar a este gobierno que está hambreando al pueblo”, expresó.

Recordando los últimos días de vida de Ubaldini, Margarita contó: “Saúl no asumía su enfermedad y lo último que me dijo fue ‘el año que viene voy a volver’ y luego de que pude empezar a reponerme de esta terrible pérdida, mi meta fue mantener viva su memoria. Mi sentimiento es que Saúl está y está presente en cada dirigente honesto de nuestro país”.

Nota y fotos: Prensa Programa Cultura.

Comienza la Feria del Libro “Pensar lo Nuestro”

El próximo 15, 16 y 17 de noviembre, se llevará a cabo la 6ª Edición de la Feria del Libro de San Francisco del Monte de Oro, evento que contará con la participación de destacados escritores y diversas actividades entre charlas, cine y narración.

La apertura será el jueves 15 a las 11:00 y las palabras de bienvenida estarán a cargo del escritor Gustavo Romero Borri y con la participación artística de Intercolegiales Culturales. El Gobierno de la Provincia de San Luis a través del Programa Cultura, acompañan este evento. Para el lunes 12 está prevista una conferencia de prensa en el edificio de Cultura a las 11:00, donde se informará detalladamente cada una de las acciones previstas para los días que dure la feria.

Nota y foto: prensa Programa Cultura.

Llega la Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires con inhallables, curiosidades y rarezas

Reunirá del 7 al 11 de noviembre en el CCK, a los más importantes libreros anticuarios de la Argentina. Habrá en exhibición piezas únicas desde el siglo XV. Ejemplares firmados por sus autores, primeras ediciones de Borges, Cortázar, Girondo, primeros planos de Buenos Aires, cartas manuscritas del 1800 (por ejemplo habrá una de San Martín de 1822 pidiéndole a Martín Rodríguez que mande tropas a Perú). Además de las piezas, es interesante el trabajo que hacen en la obtención y recuperación de los ejemplares. La entrada es libre y gratuita.

Habrá en exhibición piezas únicas desde el siglo XV. Ejemplares firmados por sus autores, primeras ediciones de Borges, Cortázar, Girondo, primeros planos de Buenos Aires, cartas manuscritas del 1800 (por ejemplo habrá una de San Martín de 1822 pidiéndole a Martín Rodríguez que mande tropas a Perú). Además de las piezas, es interesante el trabajo que hacen en la obtención y recuperación de los ejemplares.

La Asociación de Libreros Anticuarios de la Argentina – ALADA – anuncia la realización de la 12ª Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires, que se llevará a cabo entre los días miércoles 7 y domingo 11 de noviembre en el CCK, Sarmiento 151, Ciudad de Buenos Aires, con entrada gratuita.

Las Ferias de ALADA, definitivamente incorporadas a la agenda cultural de la ciudad, se han convertido en un punto de encuentro para los profesionales del libro antiguo del país y del extranjero, así como para bibliófilos, coleccionistas, libreros, entusiastas y público lector en general, que cada año tiene la oportunidad de acercarse e introducirse en un mundo maravilloso de libros curiosos, raros, coleccionables y exquisitos.

Allí pueden apreciarse y adquirirse libros antiguos del Siglo XV hasta libros de las vanguardias artísticas y literarias de principios del Siglo XX. Primeras ediciones y libros firmados por sus autores, grabados, mapas, fotografías antiguas y afiches entre otras piezas, siempre en soporte papel.

La oferta de libros en la Feria es siempre tan variada, como puede serlo la forma de coleccionarlos.

ALADA fue fundada por un grupo de destacados libreros a mediados del siglo pasado y agrupa hoy a más de cuarenta libreros especializados y anticuarios quienes desde sus lugares asumen la importancia de colaborar con la conservación del patrimonio bibliográfico universal.

La 12ª FERIA DEL LIBRO ANTIGUO DE BUENOS AIRES contará con la presencia de un grupo ecléctico y representativo de libreros que desplegarán una variada muestra de sus más preciados libros que ya sea por su rareza, antigüedad o belleza, sin duda despertarán la curiosidad de los visitantes:

Alberto Casares –  Anticuaria “Poema 20” – Aquilanti & Fernández Blanco – Galería Mar Dulce – Helena de Buenos Aires – Hilario Arte, Letras y oficios – L. Figueroa – La Librería de Ávila – Librería El Escondite – Libros La Teatral – Los Siete Pilares – Rayo Rojo – The Antique Book Shop – The Book Cellar & Henschel  – Víctor Aizenman- Antiqvaria Durán.

Algunas de las obras que se exhibirán en la 
12ª Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires:

  • MANUSCRITO COLONIAL BONAERENSE DE EXTRAORDINARIA RAREZA Y CALIDAD, ejecutado en la mejor tradición de la caligrafía española y en excelente estado de conservación. Contiene una detallada información oficial sobre las contribuciones fiscales de estancias y pulperías de los partidos y pueblos de la campaña de Buenos Aires para el año 1797. Se trata del impuesto de alcabalas, que gravaba las transacciones comerciales, la propiedad y los contratos inmobiliarios y que para la Real Hacienda representó tradicionalmente una significativa fuente local de ingresos.
  • BRETON – DUCHAMP: Célebre catálogo que acompañó la “Exposition Internationale de Surréalisme”, la primera de ese movimiento celebrada en la Europa de posguerra (julio-agosto de 1947). Fue organizada por André Breton y Marcel Duchamp, quien junto con el artista italiano Enrico Donati confeccionó el desafiante ready made que individualiza la tirada limitada de un catálogo tan copioso como espléndido. El seno femenino de gomaespuma que precede orgulloso el ingreso a sus exhuberantes páginas, fue individualmente confeccionado y aplicado por Duchamp y Donati en largas sesiones neoyorquinas, y la etiqueta irónica y transgresora que invitaba al público a entrar en contacto táctil con ese objeto artístico despojado de sacralidad (“Se ruega tocar”), explica la exigua supervivencia de ejemplares que, en su condición original como el presente, han alcanzado la categoría de emblemas de la revolución artística
    del siglo XX.
  • GUIÓN ORIGINAL DE FAUSTO, IMPRESIONES DEL GAUCHO ANASTASIO EL POLLO, adaptación dela obra de Estanislao del Campo, de Martinez y Gunche, película de 1922, irremediablemente perdida y de la que sobrevivió este guión del primer actor Carlos Rohmer, y que La Prensa reseña así: “Tras su estreno, La Prensa remarcó su buen olfato ya que “preveíamos que (…) obtendría el favor del público y en efecto, no nos hemos equivocado, pues hubo momentos en que los aplausos se tradujeron en forma de un entusiasmo poco común, sobre todo en algunas escenas en que la fotografía hace alarde de una verdadera pintura. En cuanto a los letreros, bien intercalados y hábilmente comentados en escenas ora de campos, ora de la popular ópera, matizándolo con la narración que hace el Pollo a Laguna, fueron objeto igualmente de las críticas más favorables”. También dedicó un párrafo a los intérpretes: “Se alabó la belleza de Blonda Vivienne como así mismo se criticó su falta de temperamento pasional, se aplaudió a Carlos Rohmer en su doble papel de Anastasio el Pollo, por su acertada composición del tipo y por sus expresiones en rol de Mefistófeles”. El conjunto se completa con fotos de la película, programas y otra memorabilia.
  • BORGES, Jorge Luis: Luna de enfrente
    Primera edición del segundo libro de poemas de Jorge Luis Borges. Año 1925. Firmado por el autor. Presenta un dibujo de portada hecho por su hermana Norah Borges e ilustraciones de la dibujante María Clemencia. Ejemplar Nº 137 de un tirada de 300.
  • CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de: Vida y hechos del ingenioso cavallero Don Quixote de la Mancha. Nueva edición corregida y ilustrada con diferentes estampas muy donosas y apropiadas a la materia Bruxelas, Padro de la Calle, 1671. Dos tomos in 12º, encuadernado en pergamino.
  • ERCILLA Y ZÚÑIGA, Alonso de [1533-1594]: PRIMERA, SEGVNDA, Y TERCERA PARTE DE LA ARAUCANA de D. Alonso de Ercilla y Zuñiga, Cauallero de la Orden de Santiago, Gentilhombre de la Camara de la Magestad del Emperador. Dirigidas Al Rey nuestro Señor. Año 1610. En Madrid, en casa de Juan de la Cuesta, A costa de Miguel Martínez. Portadas de primera, segunda y tercera parte con escudos de armas. Encuadernado en dos volúmenes en pasta española
  • GIRONDO, Oliverio: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. Ilustraciones del autor coloreadas a mano por Ch. Keller. Argenteuil (Francia), Imprenta de Coulouma, 1922. In 4º (32 x 25 cm.), s/n., rústica original. Ejemplar numerado de una tirada de 850 ejemplares. Primera edición del primer libro de Oliverio Girondo. Libro fundamental de la poesía argentina del siglo XX, considerado junto a “Fervor de Buenos Aires” (J.L. Borges, 1923) uno de los más importantes iniciadores de la literatura de vanguardia en Argentina.
  • BORGES, Jorge Luis: Fervor de Buenos Aires. Imprenta Serantes, 1923. Primera edición del primer libro de J. L. Borges. Tapa ilustrada por Norah Borges. Ejemplar en rústica original de una tirada de 300 ejemplares.
  • ALCOCER Tratado del juego / compuesto por fray Frâcisco de Alcoçer…; en el qual se trata copiosamente quando los jugadores pecan, y son obligados a restituyr assi de derecho diuino, como de derecho comun, y del Reyno, y de las apuestas, suertes, torneos, justas, juegos de cañas, toros, y truhanes con otras cosas prouechosas, y dignas de saber.  Libro rarisimo que trata del juego, impreso en Salamanca en 1559. Con una bellísima encuadernación en pleno marroquin beige y guardas verdes con filetes y fierros en  dorado por el afamado encuadernador español: Arias.
  • BARRIE, J.M. Peter Pan in Kensington Garden. Illustrated by Arthur Rackham.
    London, Hodder & Stoughton Limited, (1912). In 4to., tela de editor, con sobrecubierta. 125 pp. Con láminas color fuera de texto, todas protegidas por su glasina original.

Diario de Cultura.

Realizarán la Primera Siembra Mundial del Libro en San Luis

El evento es organizado por la Escuela Normal Juan Pascual Pringles de la Universidad Nacional de San Luis.

Se realizará el 21 de septiembre y se repetirá cada 21 al inicio de las estaciones del año. El objetivo es fomentar la lectura e inculcar valores como: la solidaridad, la generosidad, la cultura y el cuidado.

Desde la Escuela expresaron la importancia de hacer extensiva la invitación a todas las instituciones: escolares, bibliotecas, hospitales, reparticiones públicas, sanatorios, entre otros.

La actividad consiste en depositar, en buzones realizados por la Escuela y distribuidos en la vía pública, libros que cada persona pueda tener guardados en su casa y así multiplicar las lecturas.

la jefa de la biblioteca Domingo Faustino Sarmiento, Cira Kirby explicó que “Los libros depositados tienen que decir: Pertenezco a la siembra mundial de libros 2018, dónde lo encontró y la fecha”

Además, sostuvo que a nivel mundial esta actividad se viene realizando hace más de 20 años. “En San Luis sería la primera siembra. El objetivo no es que haya más libros en la Biblioteca, sino que se lea más, por eso se hace en la vía pública, para que realmente llegue el libro no donde hay libros y alumnos, sino en cualquier lugar público para que todas las personas tengan acceso a un libro de cualquier tipo de literatura”, aclaró.

Radio Cadena Popular.

Espionaje sobre la épica urbana

El autor de Arquitectura y Ciudad habla del desdeñado lazo de las urbes con la cultura popular y sus mitologías.

Director del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas (IAA) de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA, Mario Sabugo nuclea investigadores interesados en temáticas referidas a la historia de la arquitectura, el hábitat, la ciudad y los diseños. Arquitecto y Doctor de la UBA, Sabugo es uno de los principales impulsores del modo plural y transdiciplinario que caracteriza a las producciones del Instituto. En esta entrevista conversamos sobre Arquitectura y Ciudad: imaginarios fronterizos (Editorial Diseño), libro que editó junto con la arquitecta Valeria Bril y en el que también escriben los investigadores Raúl Campodónico, Rodolfo Giunta, Ariel Gravano, Miguel Guérin, Héctor Palma, Maximiliano Salomón, Gabriela Sorda y Johanna Zimmerman.

–Las fuentes analizadas en el libro van desde las Aguafuertes porteñas de Roberto Arlt hasta la filosofía de la ciencia, pasando por textos de Le Corbusier o Gottfried Semper. Es notable la intención de integrar y desjerarquizar géneros discursivos diversos, que no suelen dialogar con frecuencia.

–Sí, por eso hablamos de imaginarios fronterizos: porque nuestro equipo de investigación pretende colocarse en la frontera que separa el campo institucional y disciplinario de todo aquello que no lo es. En el campo disciplinario hay un imaginario o universo simbólico que provee las metáforas básicas y sustenta los discursos “oficiales” de la arquitectura, los diseños y el urbanismo. Pero fuera de ese campo hay una multitud, un océano, de discursos alternativos que dicen otras cosas muy diferentes a través de múltiples géneros discursivos, como los artísticos en primer término, incluyendo la literatura, el cancionero y hasta el habla cotidiana. Nuestra intención es poner de manifiesto que la realidad no puede reducirse a la que dibujan los imaginarios disciplinarios y que las mismas disciplinas, si no observan esta limitación, se encontrarán una y otra vez ante continuas perturbaciones que, con sus propios instrumentos teóricos, serán siempre imprevistas, y lo más grave, inexplicables.

–Tu trabajo «Metáforas porteñas: apuntes para un corpus simbólico de la Ciudad de Buenos Aires», incluido en el libro, analiza distintas visiones de nuestra ciudad. ¿Cuáles son las metáforas urbanas que encontraste?

–Encontramos desde las más conocidas, como “Atenas del Plata”, hasta otras no tanto, como la “Señora de la navegación de cien ríos”, que es imagen de Sarmiento. En general puede observarse que las metáforas épicas son las predominantes en el siglo XIX, pintando una Buenos Aires que se sobrepone a todo y gobierna todo, mientras que en el siglo XX los colores se oscurecen y las metáforas pasan a ser antagónicas (como la ciudad de la gallina y la lechuza de Leopoldo Marechal) o directamente irónicas, como la “Cabeza de Goliat” (de Ezequiel Martínez Estrada). Aunque hay otra antigua, la “Gran Aldea” (de Lucio Vicente López), muy estudiada por Rodolfo Giunta, que hoy por hoy tiende a interpretarse en forma épica, pero que en el contexto de la novela que titula se advierte que, por el contrario, es muy irónica respecto a una ciudad que ha crecido en lo material pero que no ha logrado el mismo avance en cuanto a otros valores morales o culturales.

–¿Podríamos decir que en el corpus simbólico que trabajaste Buenos Aires es mujer?

–En el terreno de las ciudades predomina el género femenino, son de ese género términos como “ciudad”, “urbe” y “aldea”. Otro caso es la voz “metrópolis”, que en última instancia quiere decir “ciudad madre”. Buenos Aires es también de ese género al participar en esas mismas voces e incluso en sus metáforas, como “Reina del Plata” en el tango de Manuel Romero o “Novia del Futuro”, en la novela Megafón o la guerra de Marechal. Sería interesante elaborar una interpretación de esa hegemonía del género femenino en el léxico específico.

–También indagaste, en tu tesis doctoral, sobre cómo aparece el barrio en los imaginarios de la cultura popular rioplatense. ¿Cuál fue el hallazgo que más te sorprendió?

–La tesis fue una oportunidad única para ponerme a estudiar de manera razonablemente exhaustiva una serie de preocupaciones que ya tenía, relacionadas con los imaginarios del habitar. Y todo el trabajo documental lo hice a partir de las letras del tango. Creo que lo más interesante para mí fue pasar de una idea puramente polisémica del término barrio a una idea simbólica, como diría Umberto Eco. Yo hasta entonces pensaba en el barrio en dos sentidos: como un territorio físico o como una entidad de carácter social. Estudiando el tango me di cuenta de que es todo eso pero que, en el plano de lo simbólico, puede suscitar muchas otras significaciones que se abren en constelaciones muy complejas. Creo que un gran hallazgo fue la ruta operativa que me marcó la Semiótica y filosofía del lenguaje de Eco, mientras que la ruta filosófica fue principalmente la de Cornelius Castoriadis.

–En ese y otros trabajos tuyos tienen mucha presencia ciertas preguntas referidas a la cultura popular, ¿de dónde surge esa inquietud?

–A mí me parece que uno de los problemas más graves que tiene la arquitectura hoy, y por eso mi énfasis en las cuestiones vinculadas con la cultura popular, es esa especie de creciente autismo que hace que la arquitectura parezca un conjunto de objetos extraños, que de vez en cuando caen en una ciudad. Y que los habitantes tienen que observar resignadamente lo que a los arquitectos celebrities se les ha ocurrido poner ahí. Es catastrófico lo que está pasando con esa arquitectura. Y en nuestra Facultad la cuestión del vínculo de con la cultura popular no es lo que prima. Por eso nuestros trabajos de investigación buscan mirar más allá del campo disciplinar. Pero no solo mirar a otros campos sino ver a los que están afuera, a los que no son ni arquitectos ni académicos de otras áreas: mirar el mundo real, prestar más atención a los que nos rodean.

Revista Ñ.

Un gran salto de los cuadros a los cuadritos

Los cómics de las dibujantes Barbara Stok y María Luque  abordan figuras del arte -Van Gogh y Cándido López- con suma originalidad.

Una de las grandes revoluciones de la historia del arte se produjo cuando los pintores decidieron salir a tomar aire. Desde las cuevas de Altamira hasta bien pasado el Renacimiento, todo se había hecho puertas adentro. Fueron los impresionistas, en los estertores del siglo XIX, los que sacaron los caballetes a la calle para captar el mundo en estado salvaje y se lanzaron a descifrar la complejidad de la luz y la subjetividad de eso que llamamos “realidad”. Muchos de ellos y de sus discípulos fueron pintores viajeros, cronistas de un mundo en estado de transformación, de tierras y gentes lejanas, de animales fantásticos y sucesos extraordinarios que jamás podrían plasmarse dentro de las paredes de un atelier.

La vida de muchos aquellos artistas del quiebre entre los siglos XIX y XX fue una obra en sí misma. Quizás la más romántica, la más sensual de todas sea la de Paul Gauguin –con sus periplos por Martinica y los Mares del Sur–, pero dista de ser la única. La fascinación que aún despierta la particular energía vital de los creadores de aquel período (comparable sólo con la que generan los dadaístas y surrealistas) explica la coincidente llegada a nuestras librerías de dos historietas que bucean en la vida y la obra de Vincent Van Gogh y Cándido López, un mito global y otro local de aquella fabulosa generación que sacó a la pintura de la comodidad de los estudios y la puso cara a cara con el mundo real.

La turbulenta historia de Vincent Van Gogh ha sido contada cientos de veces. Desde obsesivas biografías (como Vida y obra, de Uwe M. Schneede) hasta el sinfín de textos que circulan en la web, la vida del gran pintor holandés está al alcance de cualquiera que desee bucear en ella. Pero el recorte que hace la historietista Barbara Stok en su novela gráfica Vincent (Salamandra Graphic) es otra cosa: propone un acercamiento mucho menos biográfico que emocional a los últimos años de Van Gogh.

El relato que hace la historietista holandesa es el de una artista sumergiéndose en las obsesiones de otro artista –uno de los más grandes, por cierto–, justamente en el momento de gracia de su creatividad, que en el caso de Van Gogh coincidió lamentablemente con el pico de su locura. El foco de Barbara Stok está puesto en los años en que el genio holandés se instala en el sur de Francia, donde produce muchas de las que son consideradas sus obras maestras, pero también convive con incontenibles ataques de furia, depresión y visiones fantásticas que la autora de Vincent logra transmitir con una maestría gráfica que es, al mismo tiempo, perturbadora y magnífica.

A lo largo de las páginas de la novela gráfica de Stok transcurren hitos esenciales para comprender los últimos años del autor de “La noche estrellada”, como la hermosísima relación con su hermano Theo, sus debates con Gauguin sobre el rol del pintor en la sociedad y las escaladas de ataques de pánico, motivados por una sensibilidad excesiva, que acabarán desgarrando la mente y el cuerpo de uno de los mayores artistas de la historia.

Contemporáneo de los posimpresionistas –Cézanne, Gauguin, Van Gogh–, Cándido López fue un creador único en muchos sentidos. Nacido en Buenos Aires Aires en 1840, se formó como daguerrotipista y retratista, y con los años desarrolló un estilo como pintor que lo encuadró dentro del conjunto naïf. Fue un artista de la “realidad”, que retrató el mundo con un nivel de detalle y originalidad inigualable y dejó para la posteridad testimonios de una época en la que las naciones del cono sur de América se conformaron como tales a golpe de cañones y bayonetas.

Enrolado como teniente del ejército, López participó de la Guerra del Paraguay, donde elaboró sus cuadros más famosos y ganó fama en una sociedad porteña ávida de testimonios del conflicto. Allí, en la trágica batalla de Curupaytí, una granada le destrozó la mano derecha y provocó que perdiera la mayor parte del brazo. El médico militar que realizó la amputación en una infecta tienda de campaña se llamaba Teodosio Luque, tatarabuelo de María Luque, una de las creadoras de cómic argentinas más celebradas de la actualidad, autora de La mano del pintor, un libro que salta de la realidad a la fantasía para contar la historia de este particular cronista de guerra. Publicado por Sigilio –editorial independiente que concibe al cómic como literatura con mayúsculas y lo mezcla sin prejuicios en su catálogo con novelas de Marcelo Cohen y J.P. Zooey–, La mano del pintor establece un diálogo imaginario y entrañable entre María Luque y Cándido López, en el que se habla de la guerra, de la paz, de la amistad y, por supuesto, de la pasión compartida por el dibujo.

El disparador del relato es “el mal del dibujante”, una afección típica de ilustradores y pintores que inflama los tendones de la mano. Un médico le diagnostica a María ese mal y le recomienda que deje de dibujar por al menos dos semanas. Esa noche, la autora recibe en su cuarto la visita del espectro de Cándido López, que la anima a aprender a crear con su otra mano, algo que él debió hacer tras la amputación.

A partir de entonces se inicia una relación en la que Cándido le habla de las lealtades y los horrores cotidianos de la guerra (un momento especialmente conmovedor es la narración de Curupaytí, la última victoria paraguaya antes de su derrota, donde murieron casi 5.000 soldados, argentinos en su mayoría) mientras María lo interpela y le va mostrando la trastienda del libro que está haciendo a partir de su historia.

Llamado a ser un hito de la nueva historieta argentina, La mano del pintor es la primera novela gráfica de María Luque, que recibió el Premio de Novela Gráfica de la última Feria del Libro de Guadalajara por su nuevo trabajo, Casa transparente.

Revista Ñ.

San Luis disfruta de tres ferias del libro

A los eventos en Villa Mercedes y San Francisco ahora se sumó la Villa de Merlo con una propuesta federal. Las opiniones de cinco autores puntanos.

Ni mercancía, ni pasatiempo. La cultura es un derecho que se respira y comparte en la calle. Con esta visión un grupo de escritores locales propuso la feria al Municipio y la Provincia. La cuna del poeta Agüero hace tiempo que pedía a gritos un encuentro artístico así.

Durante la tarde de este sábado, la plaza Sobremonte se llenó de música y palabras mientras los rayos rosa coronaron la Sierra de los Comechingones. Grandes y pequeños recorrieron los stands o bebieron las bocanadas de poemas que venían desde la esquina empedrada frente a la iglesia antigua.

“Estamos desde ayer al mediodía con actividades cada una hora. Hasta ahora, por la carpa de Cultura pasaron más de mil personas, y en el cubo de realidad virtual los niños hacen cola para ver el cuento de Polo Godoy Rojo. Ayer, en el Casa del Poeta se presentó una obra teatral basada en las fábulas de Polo. Fue a sala llena, más de 120 personas asistieron a la función”, señaló María del Sol Uría, directora de la Casa del Poeta.

“Nos ha sorprendido que Polo en esta zona tenía muchos amigos porque a la Casa del Poeta nos han llegado muchos libros y cartas firmadas por él”, agregó en el espacio que por segundo año consecutivo resultó ganador en la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires.

“Estudiar las obras de los artistas nos permite que las proyecciones sean acordes. En esta propuesta hablamos de ruralismo. Los escritores que han leído la obra de Polo destacan la postura del hombre ante la adversidad climática o laboral. Polo es un enamorado de los parajes y del desafío que proponen como trabajo espiritual y moral”, explicó.

El poeta Pablo Melto también destacó: “La obra de Polo que todo puntano debe leer es ‘Donde la Patria no alcanza´ porque ahí refleja una situación universal: la marginación”.

“Es una convocatoria muy linda para la provincia”, dijo Melto, quien participó en una mesa titulada Memoria, Verdad y Justicia.

El narrador Juanci Laborada subrayó la química que se produce acá. “Está muy bueno que los escritores recorran los stand y uno pueda invitarlos a tomar un café para interactuar con ellos”, sostuvo.

El narrador Juan Andrés Despouy participó en la feria federal.

“Soy de la idea de que los libros hay que sacarlos a la calle así que ha sido muy interesante la propuesta. Estoy muy contento por participar y dar a conocer lo que escribo”, apuntó Juan Andrés Despouy.

“Con estas tres ferias, San Luis está potenciándose bastante en el país”, dijo Darío Oliva tras compartir algunos de sus poemas nuevos sobre la vereda de un café, mientras la luna se dibujaba en los faroles.

“Me gustaría que también se tenga en cuenta a los escritores que están emergiendo y a los que ya tenemos un caminito. Que se dé un poco más de valor o reconocimiento a la gente joven”, pidió el autor villamercedino.

Darío Oliva compartió sus últimos poemas.

Por su parte, el poeta Julio Cejas consideró:  “Esta feria es un gran logro para nuestra provincia. Nos abre un posibilidad de intercambio con autores de Córdoba y Buenos Aires”.

Talleres de escritura, lecturas, dibujo y cortometrajes son algunas de las propuestas de la carpa de Cultura hasta este domingo.

El encuentro del sábado siguió, a las 19:30, en el auditorio de El Poeta con la presentación del grupo “40 dedos” con un homenaje a Astor Piazzolla.

ANSL.

Vidas paralelas en épocas distantes

Una nueva novela de Mariana Docampo propone una ficción que juega con lo traducible y lo indescifrable, lo posible y lo simultáneo.

En una ficción todo es arbitrario. Aun así, hay libros que resultan más deliberados que otros, que hacen de lo injustificado una forma de construcción narrativa. En V de Mariana Docampo la arbitrariedad pareciera ser la gramática explícita de su escritura. Después del planteo inicial, donde el personaje sufre una dolencia en medio de un viaje por Lucerna, se desencadenan situaciones aleatorias que desarticulan las coordenadas del mundo real. La enfermedad se convierte en un modo de delirar la percepción.

V, protagonista de la novela, se divide en distintos avatares. Empieza a tener vidas paralelas en distintas épocas. En la novela se despliegan las posibilidades que pueden suceder, por ejemplo, en el recorrido hasta un árbol. V se desdobla, toma diferentes caminos, algunas de sus versiones trepan el árbol, otras lo atraviesan. Docampo redacta las escenas en un registro que combina la fantasía, el dejo surrealista y un trasfondo de ciencia ficción. Acá todo es posible, cada página suma un nuevo nivel de bifurcación y trastorno, aunque no siempre con la misma gracia.

Los fragmentos van acumulándose como una breve secuencia de sueños afiebrados (quizás ahí haya un modelo posible para la arbitrariedad de la novela) o alteraciones de la realidad cada vez más radicales o inexplicables.

Docampo juega con una idea doble. Por un lado, que no haya nada que entender, que se trate solo de una forma de escapar del sentido, de acentuar la condición polisémica de la novela. Mientras que por otro lado, parece tejer una red de conexiones invisibles, intercambiables, que unen los puntos dispersos. El efecto no es el de una explicación (no se puede acusar a V de ser una novela didáctica) sino más bien el de transmitir impresiones sobre mundos posibles.

El libro trabaja con la indeterminación de género, hasta el punto de utilizar en ciertos pasajes artículos con la “x” en lugar de la vocal. Un lector podría preguntarse cómo suena el libro, ¿Docampo leerá en voz alta cuando corrige o relee su novela? ¿Qué hace al llegar a “lxs”? No es la única intervención sobre el lenguaje que propone la autora. También se encuentran fragmentos escritos en otras lenguas (chino, árabe). Parece una virtud en el primer golpe de vista enfrentar al lector a algo que no conoce, que se vuelve ilegible, que quizás reconoce por la articulación de letras o caracteres pero que no consigue comprender. Hasta podría pensarse que se trata de una novela como de zonas criptográficas. Pero todo eso se echa por tierra con una serie de notas al pie que traducen lo escrito en otro idioma. Queda la duda de cuál es el sentido de incorporar partes en otra lengua si van a aparecer convertidas a la que podríamos llamar la lengua materna de la novela.

Suele ser interesante el trabajo con las posibilidades, las variaciones, las versiones. Y en ese punto es donde V mejor se comporta, casi como si hubiera sido pensada y redactada como una respuesta a la pregunta de por qué hemos adoptado esta forma que tenemos y no otra.

El personaje es al mismo tiempo mujer y hombre, árbol y pájaro. Y la novela, podría decirse, es también más de una novela a la vez.

V, Mariana Docampo. Bajo la luna. 112 págs.

Revista Ñ.

Feria del Libro 2018: fechas, invitados y todo lo que tenés que saber

Los preparativos para la edición de este año ya están en marcha. La 44.° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires tendrá lugar del 26 de abril al 14 de mayo y recibirá, como todos los años, autores nacionales e internacionales de gran envergadura y relevancia.

Se espera un centenar de escritores extranjeros. Dos grandes escritores norteamericanos confirmaron su presencia en la FIL de Buenos Aires 2018. Uno de ellos es Richard Ford y el otro, Paul Auster. Entre otros autores internacionales se destacan las presencias de Yasmina Reza, Mario Vargas Llosa, John M. Coetzee, Juan Villoro, Dan Wells, María Dueñas, Piedad Bonnet, Camilla Läckberg y Elvira Sastre.

Una vez más, el acto de inauguración, que se llevará a cabo el jueves 26 de abril a las 18:00 en la sala Jorge Luis Borges, Pabellón Frers, contará con un discurso de apertura realizado por una escritora argentina. En esta oportunidad estará a cargo de Claudia Piñeiro.

Según señaló Oche Califa, director institucional y cultural de la Fundación El Libro, la 44ª edición estará caracterizada por una fuerte presencia femenina.

Mientras tanto, la ciudad invitada de este año será Montevideo. Se brindará homenaje a la capital uruguaya con tributo a autores clásicos como Mario Benedetti y Mario Levrero y con espacios dedicados a la literatura contemporánea. La ciudad confirmó la presencia de un centenar de escritores uruguayos.

Además, se realizarán actividades destinadas a editores, distribuidores, libreros, ilustradores, bibliotecarios y otros profesionales de la cadena de valor del libro. Durante los tres primeros días la feria estará dedicada exclusivamente a la industria editorial y a la capacitación de los profesionales.

Debido al éxito de los «chequelibros» en la edición de 2017, se volverán a distribuir con la compra de las entradas. Los visitantes recibirán con la compra de su entrada o pase un chequelibro de regalo de $70.- que podrán usar en las librerías adheridas de todo el país a partir del 15 de mayo. Además, con cada entrada estará acompañada de vales de descuento por el mismo valor de la entrada, que podrán usarse para abonar en cualquier stand de la Feria hasta el 10% del valor de la compra.

El ingreso es gratuito todos los días para los menores de hasta 12 años inclusive, visitas escolares y personas con discapacidad. De lunes a viernes (con excepción del 1.° de mayo) para docentes, estudiantes, jubilados y pensionados. En todos los casos es necesario presentar comprobante que acredite condición.

Horarios:

  • Lunes a jueves de 14:00 a 22:00
  • Viernes de 14:00 a 23:00
  • Sábado de 13:00 a 23:00
  • Domingo y martes 1 de mayo de 13:00 a 22:00

Valor de la entrada

  • Lunes a jueves (con excepción del 1.° de mayo): $80.-
  • Viernes, sábados, domingos y feriados: $120.-
  • Pase promocional por 3 visitas (válido para un único visitante en 3 días diferentes): $190.-

Puertas de ingreso

Las puertas de ingreso y las respectivas boleterías se ubican en:

  • Avda. Santa Fe 4201
  • Avda. Sarmiento 2704 y estacionamiento
  • Avda. Cerviño 4474 y estacionamiento.

 

La Nación.

Samuel Cabanchik: «A la poesía le concierne la cuestión del origen como tal»

«Mantel de hule», nuevo libro del poeta y ensayista argentino, explora grandes temas universales como el amor, la muerte y la soledad, a través de un lenguaje que combina elementos del habla popular con ideas y conceptos filosóficos.

«En la poesía de Cabanchik el héroe-sujeto viene enfundado por el mantón plebeyo de lo inminente, de la caída en el desierto que presagia la conjetura de lo inanimado», sostiene el poeta Luis Tedesco en el prólogo al libro publicado por Ediciones en Danza.

Y apunta: «No hay contenido en la esgrima poética de Cabanchik, hay la pura voluptuosidad de lo que falta, desacato, raspaje en la representación del mundo conocido».

Cabanchik (Buenos Aires, 1958) es doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, donde ejerce como profesor de Filosofía Contemporánea y Fundamentos de Filosofía, desde hace más de 30 años. Es autor de «El absoluto no sustancial», «El revés de la filosofía», «El abandono del mundo» y «El poema ha sido escrito», entre otros libros. Fue senador de la Nación entre 2007 y 2013. El autor habló con Télam sobre su nuevo libro.

A la poesía le concierne, por así decir, la cuestión del origen como tal. Corresponde a una apertura hacia lo que siempre está comenzando, y que opera en nosotros, quienes recibimos al poema como concreción del acto poético, el milagro de encontrarnos fuera del mundo como representación, y por ello, fuera del yo. Pero si tuviera que identificar un origen biográfico del libro, diría que pertenece plenamente a mi presente, en el que la escritura que me reclama me lleva a habitar la lengua a través de una idea que siente.

Télam.

El libro como semilla de supervivencia

Decenas de ejemplares enterrados por militantes en los 70 y recuperados por un hijo 30 años después son el centro de la fascinante investigación de La biblioteca roja.

La tierra tiene la capacidad de destruir todo lo que se guarda bajo su superficie. Ya sea por efecto de las propiedades del suelo, las acciones de los insectos o las lluvias que se filtran, casi nada de lo que es enterrado puede recuperarse en sus condiciones iniciales. Las bibliotecas enterradas nunca vuelven a ser las mismas. No solo por la transformación material de los libros sino porque, desde su vida subterránea, cuentan las relaciones entre política y lectura que las llevó a ser escondidas. Durante los años 70 las bibliotecas se enterraban para reducir el peligro que significaba tener ciertos libros y, al mismo tiempo, se convertían en fósiles de una época y una forma de vida. Una vez desenterrados, adquirieron un valor extra: ahora eran evidencias retrospectivas (y críticas) del Terrorismo de Estado.

Habría que hacer una arqueología política de las bibliotecas enterradas para reconstruir los efectos de la persecución ideológica pero también una historia de la lectura como forma de insurrección.

Si una biblioteca articula una identidad tan privada como social, la dictadura militar encontró ahí un indicio para detectar a quienes torturaba y desaparecía. Los libros se habían convertido en una bomba de tiempo, en delatores de una vida política. Algunos optaron por deshacerse de los ejemplares de un modo que dejara la menor cantidad de rastros posibles, como la quema de los libros (acto de autoprotección que se anticipaba a la práctica incendiaria de la dictadura). Otros eligieron enterrar sus bibliotecas de forma secreta para ocultar los libros sin perderlos del todo, o al menos con la expectativa de recuperarlos en otro lugar del tiempo.

En marzo de 1976 Liliana Vanella y Dardo Alzogaray, jóvenes estudiantes con activa participación política, terminan de enterrar parte de su biblioteca en el jardín de la casa que estaban construyendo en Villa Belgrano, Córdoba. No fue simplemente meter los libros bajo tierra sino que hicieron un pozo de cal y ladrillos (con el objetivo de filtrar el agua) y los envolvieron en bolsas plásticas para hacerlos impermeables. Entre otros, ocultaron El hombre nuevo de Che Guevara, ¿Qué hacer? de Lenin, El hombre y el arma de Vó Nguyen Giáp, libros de Nicolás Guillén, Mao, Karl Marx, León Trotsky y Antonio Gramsci. Cuando regresaron al país, ocho años después del exilio, intentaron desenterrar la biblioteca pero lo primero que encontraron fue una bolsa con un libro deshecho por la humedad y renunciaron a recuperar la biblioteca. Treinta años después del intento fallido, Tomás Alzogaray Vanella (hijo de Liliana y Dardo), Gabriela Halac y Agustín Berti realizan una investigación sobre el destino de la biblioteca perdida y, poco después, en enero de 2017, se inicia la excavación con ayuda del Equipo Argentino de Antropología Forense.

La historia del enterramiento y el proceso de recuperación fueron registrados en La biblioteca roja, un libro atípico que reúne textos breves de distinto tenor (entre los que se destaca el diario de la excavación), fotografías documentales y citas a expertos en la materia sobre la destrucción de los libros. Los testimonios en primera persona de Vanella y Alzogaray son el momento más desconcertante y conmovedor del libro. Un relato que se desdobla en el tiempo y que pareciera que no se puede contar sino de forma superpuesta, paralela, que pone en crisis la linealidad de la experiencia.

Para el antropólogo y especialista en políticas de la memoria, Juan Besse, “la historia de La biblioteca roja es una lección acerca de cómo no es tan sencillo romper lo que conecta una generación con otra, algo conmovedor, la evidencia de que el trabajo inconcluso de una generación se transmite como promesa a la que sigue y hasta puede realizarse”.

La excavación dio como resultado 16 paquetes de libros meteorizados por efecto del agua, el ácido, el humus y el suelo, según describe el paleontólogo Santiago Druetta. Una de las preguntas centrales que plantea La biblioteca roja es sobre el estatuto de esos restos encontrados. ¿Siguen siendo libros? ¿O son algo distinto, reclaman ser llamados de otra forma? ¿Acaso son algo más que libros destruidos por el tiempo? Quizás lo más radical sea mantenerlos en las condiciones que fueron encontrados, con las marcas de la historia y la violencia que los habitan. Los libros no están en condiciones de ser leídos pero esto no significa que sean ilegibles; son la materialización de una experiencia de vida. Hoy los libros de La biblioteca roja se han transformado en piezas múltiples: pruebas que documentan un testimonio, elementos de un patrimonio cultural, social y científico de la historia argentina y, además, no dejan de ser el tesoro bibliográfico de una familia.

La biblioteca roja no es un caso aislado sino que es parte de una serie de prácticas que sucedieron durante los años 70 para enterrar y ocultar libros. Una serie de bibliotecas sublevadas que no se dejaron caer en el olvido ni la censura y que fueron escondidas como un gesto silencioso de resistencia.

Oscar Elissamburu y Nélida Valdez, profesores universitarios de Mar del Plata, enterraron sus libros bajo el tercer álamo después de la tranquera de su casa. A 18 años del entierro, sus hijos se enteran de la historia y quieren recuperar los libros. Casi como un juego de niños excavaban todos los días al volver de la escuela hasta que dieron con la pequeña biblioteca de los padres. La arqueóloga Laura Duguine sostiene que “la diferencia que existe en esta recuperación es que no fue hecha por profesionales y por ende no fue tenida en cuenta la documentación y el registro del contexto del hallazgo”. Se trató de una recuperación tan personal como había sido su enterramiento.

Un caso invertido: el 12 de agosto de 1976 detienen y desaparecen a Luis García. La noche posterior el padre y su hermano Alberto vacían la biblioteca y la entierran enfrente de la casa, atrás de una cancha de fútbol entre unos árboles en San Antonio de Padua. Alberto calcula que enterraron alrededor de 150 libros y revistas. Cuenta que entre los libros enterrados estaban las obras completas de Lenin, El capital de Karl Marx, ejemplares del diario La Opinión, la revista Humor y la revista Descamisados, entre otros muchos papeles. Cuando termina la dictadura los esfuerzos de la familia se concentran en encontrar al hermano que hasta el día de hoy sigue desaparecido. Tras una serie de mudanzas, se enteran de que en ese baldío donde enterraron los libros se construyó una casa. Hoy la biblioteca es imposible de recuperar.

Carolina Ávila vivió en la casa de su abuela y con sus padres hasta los dos años. Después, por seguridad, viajó a Córdoba con la madre. Antes de reunirse con ellas, el padre entierra en el jardín de la casa una vieja lata de galletitas, esas latas cúbicas y de metal con un vidrio redondo en el frente para ver su contenido, repleta de libros y revistas. En agosto del 76 matan al padre de Carolina y esa misma noche detienen y desaparecen a su madre. Durante treinta años la abuela, que era la única que conocía la historia de la lata de galletitas, no se animó a hablar hasta que murió su marido. Entonces confesó la historia. Carolina excavó al lado de unas hortensias, donde señaló la abuela, y encontró la lata con los libros.

En el invierno del 76 la familia Gerchunoff aprovechó una reforma en la casa para esconder la biblioteca en una baulera a la que le construyen una pared adelante para ocultarla. Los hijos, que apenas entraban en la baulera, fueron apilando los libros que los padres les alcanzaban. Tiempo después se ven obligados a vender la casa y a abandonar los libros. Cuando es liberado por la dictadura, Salomón Gerchunoff (padre de la familia y abogado laboralista) va a la casa y le pide al nuevo dueño acceder a la biblioteca pero no lo dejan. Gerchunoff cuenta la historia al dueño pero toma el reparo de no decir dónde estaban escondidos. Sin que los Gerchunoff supieran, la historia se transformó en una especie de mito urbano por el que se la conocía como “la casa de los libros perdidos”. En 2008 pudieron acceder a la casa y recuperar la biblioteca.

La memoria (y quizás una forma de historia) se encuentra en cómo el presente lee el pasado. Y esos libros recuperados pueden ser leídos como una de las formas que adoptó la sociedad de los años 70. Un objeto en el que se puede leer una época.

En La biblioteca roja, Agustín Berti escribe que “la historia de las cosas es también una historia de violencias” y eso puede verse en los libros desenterrados. Pueden leerse ahí las marcas directas e indirectas que la violencia estatal ha producido sobre esos objetos. Y en los cuerpos detrás de los objetos. Las excavaciones y el trabajo para reponer su contexto convirtieron esos restos de libros en deshechos significantes que restauran las vidas sedimentadas.

Juan Besse explica que a los libros recuperados por el trabajo arqueológico “se los puede pensar como ruinas, fragmentos de monumentos lingüísticos que forman parte del archivo de una época, del modo en que hombres y mujeres quisieron y pudieron entender el mundo en el que vivían”. Y agrega que “la ruina es un objeto empírico pero a la vez es un objeto que hace hablar. No hay ruina sin glosa o sin comentario”.

Toda biblioteca, no importa su escala, tiene la capacidad de crear el lugar donde se encuentra, de generar una atmósfera propia. Cada libro tiene un pasado, una trayectoria, un itinerario de lecturas, que genera una especie de ecosistema de lectura. Las bibliotecas ocultadas crean dos lugares a la vez, el lugar de donde vienen pero también el espacio donde se escondieron. Cada libro tiene ahora una doble vida. En las bibliotecas recuperadas puede reconocerse una cualidad que han adquirido por su condición subrepticia, la capacidad de proyectar otra biblioteca, la de los libros que aún quedan por encontrar, pero también la de los libros que cuenten la pesadilla de la historia.

La biblioteca roja, Agustín Berti, Gabriela Halac y Tomás Alzogaray Vanella. Ediciones Documenta, 142 págs.

Revista Ñ.

Confesiones de la carne según Foucault

Aparece en Francia el tomo IV de la Historia de la sexualidad.


Desde París. El 25 de junio de 1984 fallecía Michel Foucault. Una de las cláusulas del testamento redactado en 1982 establecía “pas de publication posthume”, es decir, ninguna publicación póstuma. A pesar de ello, no dejaron de aparecer trabajos de su autoría. En 1994 se publicó en francés una edición en cuatro tomos tituladaDichos y escritos, que reunía textos mayormente breves ya publicados en vida del autor, es decir, sin ninguno estrictamente póstumo.A partir de 1997 comenzaron a publicarse sus cursos en el Collège de France, ya que por haber sido leídos en clases públicas y grabados con la autorización del propio Foucault podían considerarse como ya publicados de manera oral. Más recientemente, aparecieron otros cursos, artículos, conferencias, diálogos y, sobre todo, su tesis complementaria de doctorado. En ninguno de estos casos se trataba de un inédito en sentido estricto: ya circulaban registros orales, ya existían versiones en otros idiomas, o nuevas versiones ampliadas. Si exceptuamos algunos textos breves, entonces, Las confesiones de la carne, el cuarto volumen de la Historia de la sexualidad que acaba de publicarse en Francia, es el primer inédito de Foucault en sentido estricto.

Foucault había publicado el primer volumen en 1976 y los siguientes, el segundo y el tercero, ocho años después, en 1984, poco antes de morir. Pero lo cierto es que también había enviado el manuscrito de Las confesiones de la carne para que fuese publicado, aunque ya no tendría ni el tiempo ni las fuerzas para realizar las correcciones requeridas por la transcripción editorial. Entre idas y vueltas, fueron necesarios casi treinta y cinco años para que, finalmente, este volumen llegase a las librerías.

Más allá de la ansiedad de sus lectores, del interés de los especialistas y del público (por estos días no hay casi ninguna librería importante en París que no le dedique un lugar destacado en sus vitrinas), es necesario preguntarse qué aporta de nuevo a lo que ya hemos leído y conocemos. Se equivocan tanto aquellos que piensan que todo es novedad como, al contrario, quienes creen que pueden prescindir de su lectura. Y se equivocan también, como ha sucedido en algunas de las primeras reseñas de Las confesiones de la carne, quienes han puesto el acento en que se trata de un libro sobre el cristianismo de los primeros siglos y en el hecho de que el autor sostenga que, por esa época, entre los autores paganos y los cristianos, entre los filósofos y los Padres de la Iglesia, hay una línea de continuidad en lo que concierne a los códigos de la moral, las reglas de lo permitido y lo prohibido. Del interés de Foucault por el cristianismo ya estábamos sobremanera advertidos a través de la lectura de sus cursos de inicios de la década de 1980. Y los historiadores ya nos habían advertido acerca de la continuidad entre el paganismo y el cristianismo, por ejemplo, en la condena de las relaciones sexuales por fuera de la finalidad reproductiva en el marco del matrimonio, la homosexualidad y la prostitución. Los propios Padres de la Iglesia, con no poca imaginación, sostenían, en efecto, que habían sido los filósofos los autores del robo, es decir, que habían tomado sus ideas del Antiguo Testamento. Ya Platón, por ejemplo, habría leído al profeta Jeremías.

Una expresión del poeta René Char, que el propio Foucault hizo poner en la contratapa de la edición francesa del primer volumen y que aparece también en la de Las confesiones de la carne, constituye, sin dudas, su mejor puerta de ingreso: “La historia de los hombres es la larga sucesión de los sinónimos del mismo vocablo. Contradecir esto es nuestra obligación”. Los supuestos sinónimos en cuestión son aquí tres: aphrodisia, carne, sexualidad. Aphrodisia es el nombre de la experiencia griega del sexo. Aphrodisia eran las cosas de Afrodita (que los latinos tradujeron por venérea, las cosas de Venus), aquellos actos a los que la naturaleza asoció un placer tan intenso que los hace siempre susceptibles de exceso y revuelta. Carne es el nombre que se le da a la experiencia cristiana de estos actos y placeres. Sexualidad, el de nuestra propia experiencia, la de los modernos. La experiencia ética del sexo de los griegos, los cristianos y los modernos constituye el eje de toda la Historia de la sexualidad. El primer tomo se ocupa de la sexualidad moderna; el segundo y el tercero, de los aphrodisia griegos; y el cuarto, de la carne de los cristianos.

La experiencia cristiana

Desde el punto de vista del código puede hablarse de una cierta continuidad a lo largo de todas estas experiencias, pero ninguna de ellas se define o puede describirse adecuadamente limitándose a la perspectiva de las reglas de lo permitido y de lo prohibido. Es necesario entender por qué alguien acepta un determinado código, con qué finalidad, a través de qué prácticas se vincula con él. Según el vocabulario de Foucault, las formas de sujeción, la teleología y las formas del trabajo ético son tanto o más relevantes que el código. No es lo mismo, por ejemplo, controlar los propios placeres y moderarlos porque el dominio sobre sí mismo, el gobierno que se ejerce sobre sí mismo, es un requisito para gobernar a los otros en este mundo, que hacerlo porque se quiere alcanzar la vida eterna que ha sido prometida en otro mundo. Por ello, a pesar de la continuidad relativa de los códigos, se trata de experiencias diferentes. Aphrodisia, carne y sexualidad no son sinónimos. Las confesiones de la carne se ocupa describir la especificidad de la experiencia cristiana de la carne, mostrando cómo se formó a partir de la transformación de los aphrodisia y cómo hizo posible la experiencia moderna de la sexualidad.

Los análisis de Foucault se extienden del siglo II al siglo V, de Clemente de Alejandría a Agustín de Hipona, de El Pedagogo a la Ciudad de Dios; se pasa, entre otros, por Tertuliano y Casiano, de quienes ya se había ocupado detenidamente en el curso de 1980 en el Collège de France, El gobierno de los vivos. En efecto, las páginas dedicadas a Clemente y sobre todo a Agustín constituyen los aportes más novedosos e importantes de Las confesiones de la carne. Clemente es el primero en elaborar todo un régimen de actos sexuales que no se establece, como sucede con los aphrodisia, en función de la sabiduría y de la salud individual, sino, sobre todo, desde el punto de vista de las reglas intrínsecas del matrimonio. Pero será necesario esperar a Agustín para que se constituya esa experiencia de la carne, en la que tanto el conocimiento de sí mismo y como la transformación de sí mismo requieren de la manifestación de la verdad, la verbalización del propio deseo, y de la lucha contra el mal que corrompe nuestra naturaleza a partir del pecado de los orígenes. Tanto en Clemente como en Agustín nos encontramos con la matrimonialización del deseo legítimo; pero sólo con Agustín tiene lugar la libidinización de todo deseo. Agustín, en efecto, llama libido al deseo cuya naturaleza ha sido modificada por el pecado original y ya no responde a la voluntad del hombre.

Sin Clemente no puede comprenderse el paso de los aphrodisia a la carne; sin Agustín, el de la carne a la sexualidad. En cuanto concierne al deseo, hablamos todavía la lengua de Agustín. En este sentido, Las confesiones de la carne es una pieza fundamental de esa genealogía del hombre de deseo que Foucault lleva a cabo en su Historia de la sexualidad.

Edgardo Castro es doctor en Filosofía e investigador del Conicet. Es autor de Diccionario Foucault e Introducción a Foucault, ambos publicados por Siglo XXI.

Revista Ñ.

La biopolítica escrita en el cuerpo

Flavia Costa y Pablo Rodríguez problematizan la tendencia que considera enfermedades a fenómenos vitales como la vejez.

El cuerpo es el protagonista en La salud inalcanzable. Biopolíticamolecular y medicalización de la vida cotidiana(Eudeba editores), libro donde todas aquellas cosas que parecen inofensivas como el fitness o la esperanza depositada en una crema antiage no lo son tanto. Porque resultan el instrumental detallado de dispositivos que alimentan la voluntad (ese lugar donde se ejercen las tecnologías del yo) atada a una forma de control. Una forma que lleva a los sujetos a alistarse en una moral saludable.

Los doctores en ciencias sociales Flavia Costa y Pablo Rodríguez son compiladores de textos sobre neurociencias y estudios de casos. Así identifican las matrices contemporáneas de la biopolítica, expresadas en la exigencia y en un ethos de felicidad como medicalización y belleza, pero también como un capital para lograr lo que se desea. Las neurociencias tendrán la ambición de borrar cualquier interpretación social. Y la materialidad del cuerpo, como una plataforma experimental abrumada de signos sobre la que se realizarán los procedimientos de subjetivación, se convierte en una entidad similar al ser.

-El libro muestra como el paradigma cartesiano de separación entre cuerpo y alma fue reemplazado por una preocupación casi exclusiva por el cuerpo. De este modo la incitación a preocuparnos por la apariencia no debería leerse como algo superficial, porque ese cuerpo explicaría lo que somos.

Costa: – Ese dualismo está siendo sometido a un aplanamiento: los polos del espíritu y la materia, trascendente e inmanente, estructura profunda y manifestación de superficie, comienzan a desdiferenciarse de una manera bastante particular. Suponer que en los sustratos ínfimos de lo biológico, como en los genes, hay una suerte de «código de la vida», es un signo de esto. En este marco, se entiende que la tarea del cuidado de sí de vuelque sobre el cuerpo. E implica, como decís, una doble inquietud: respecto de la dotación biológica, que es lo más íntimo pero también lo más impersonal en nosotros mismos, y respecto de la apariencia, del cuerpo que performa ante los otros. En ambos planos se nos incita a tomar el control y no dejarnos estar. Sólo que hoy coexisten distintas opciones entre las cuales el sujeto debe saber elegir, y para las cuales el mercado ofrece vastos repertorios de bienes y servicios: cuidados preventivos (tests genéticos, guarda de células madre en bancos), opciones dietéticas, prácticas de fitness, combinación entre medicina convencional y medicinas alternativas o complementarias. Desde diferentes discursos se interpela al sujeto como un usuario de sí prudente que debe saber encontrar cuál es el kit adecuado.

-También existe la suposición que estos criterios de normalización despolitizan y en realidad hay una politización de espacios que no son leídos como política.

Rodríguez: – Uno de los objetivos del libro y del proyecto de investigación de UBACyT era tratar de ver dos fenómenos que están relacionados: el avance tecnocientífico en ciencias biológicas y los modos de subjetivación que se relacionan con él. Michel Foucault vio muy tempranamente, en 1978-79, el funcionamiento de la lógica neoliberal en términos de tecnologías de subjetivación. Y a esto que mencionabas como una forma política que no se identifica como tal, Foucault lo llama normalización, incluso criticándose a sí mismo, porque dice que hasta ese momento tendía a interpretar el proceso como la adhesión a una norma fija, cuando en realidad el dato clave es que la norma se desplaza. Eso es lo que permite el juego incesante entre formas de saber y de subjetivación, y biopolítica es un nombre posible para ese juego.

-Como esta normalización se realiza siempre desde nociones positivas, que generarían logros materiales y personales, el conflicto queda en el interior del sujeto, no se consideran las determinaciones sociales.

R: – En el siglo XX era común suponer que los problemas eran sociales y que había una reverberación subjetiva. En cambio ahora, al poner el acento en que el individuo tiene que tener todos los conocimientos para solucionar sus propios problemas, hay una exigencia que es incumplible, no sólo por la multiplicación de saberes a los cuales uno tendría que tener acceso, sino por el hecho de que uno es en cien por ciento responsable de sus problemas. Esta presión sobre el individuo se manifiesta en un imperativo de la salud que es inalcanzable porque justamente la norma se desplaza, y esto se demuestra por la cantidad de leyes sobre salud que fueron aprobadas en los últimos años. Creo que la tendencia en la salud pública es el desplazamiento de aquello que se considera normal y anormal, por lo cual diferentes anomalías son catalogadas como enfermedades, generando lo que Foucault llamaba una “economía política de la medicina”. Es el Estado, a través de estas leyes, el que garantiza esa economía política. Veamos el ejemplo de la llamada “ley de obesidad”. Ser gordo supone una enfermedad en relación a un índice de masa corporal que en unos años cambiará y generará nuevos “gordos”. Es una cinta sin fin.

C : – Hay algo que entronca con lo que Walter Benjamin llamó el «capitalismo como religión», una religión de culto permanente donde el eje no es la salvación sino la deuda, o la culpa: uno siempre está en deuda, un poco fallado. Distintos dispositivos se asientan sobre ese operador muy eficaz, en confluencia con la interpelación a los sujetos como empresarios de sí y con la multiplicación de la oferta de nuevos productos para suplir las supuestas carencias. La timidez, por caso, pasa a entenderse como un trastorno a corregir, como si no pudiera aceptársela como parte de la experiencia de lo humano.

-¿Cómo pensar el momento actual de la biopolítica donde, al mismo tiempo que se observa este cuidado de sí, de potenciar el capital humano, por otro existe una idea de vidas prescindibles que son puestas, como señalaba Giorgio Agamben, en un estado de muerte no punible?

R:- En la noción de biopolítica de Foucault las políticas de administración de la vida también son políticas de administración de la muerte. Se trata de acciones y no de nociones y definen al mismo tiempo el tipo de vida que se quiere preservar y el que se deja morir. El aumento de la población desechable va de la mano de que aquellos que quedan del lado de adentro son los que tienen que ser cuidados en su envejecimiento. Esa idea está en el libro en los artículos de Paula Sibilia y Paula Rodríguez Zoya. Se construye la idea de vejez como una enfermedad a ser tratada y revertida, no como un hecho biológico. Si uno toma el caso de Europa, se enfrenta a la población que va envejeciendo con los excluidos que son los que no llegan a envejecer y mantienen la tasa de natalidad creciente. Esto es un gran problema a nivel biopolítico.

C: – En un marco biopolítico, los poderes ejercen el derecho de muerte o de abandono en nombre de la vitalidad del conjunto. Esto está en las primeras formulaciones de la tesis, cuando Foucault describe la función histórica del racismo: justificar el ejercicio de matar en nombre de la vida. No tanto en sentido personal, «mi» vida, sino que, según esa racionalidad, la muerte del «inferior», del «anormal», beneficiaría la vida de la especie o de la raza, la volvería más sana, pura. Una vida «normal», un país «normal».

-También la biopolítica se convierte en un momento dado en una forma de resistencia, lo digo pensando que el sujeto que adhiere a este imperativo de salud y belleza no siempre es dócil y puede usarlo para otros fines.

R: – En el final de La voluntad de saber, Foucault plantea que en nombre de la vida se producen las formas de sujeción pero, a la vez, la reivindicación de la vida está en la base de la lucha. Para resistir no hay que salirse del dispositivo porque es ahí donde te tenés que instalar para luchar; si no, no luchás contra nada. El dispositivo arma la trama, lo cual incluye las luchas. Señalo esto para que no quede la impresión de que se trata sólo de la ofensiva de una salutización generalizada (salutización es una traducción seguramente mala de la palabra en inglés healthism). Depende de cada estrategia dentro del dispositivo hacer una reivindicación de algo relativo a la salud que no nos haga necesariamente “neoliberales”. Frente a un hecho puntual, una ley, una medida de gobierno, hay que preguntarse quiénes se benefician, quiénes se perjudican y quiénes se quedan afuera.

-Marx ya señalaba un proceso de subjetivación de la mercancía pero lo que vemos hoy en la publicidad es que a los productos anti age se les asigna un valor que se termina de cumplir en el cuerpo como mercancía y ese cuerpo es nuestra identidad.

R: -Según la teoría del capital humano, vos a tu cuerpo le asignás un valor como mercancía. Pero sos el responsable del cuidado de tu cuerpo. En términos marxistas, ese cuerpo tiene un valor de uso para vos mismo, pero al decir esto nos instalamos en el triunfo más grande de la lógica del capital humano, porque resulta que a partir de allí empezás a entender tu relación con el cuerpo en términos de inversiones. Uno podría pensar que, siguiendo a Marx, en algún momento el capitalismo consistía en que nuestra relación de sujetos estaba mediada por la mercancía, que nos cosificábamos al mismo tiempo que los objetos se espiritualizaban; de eso se trataba el famoso “fetichismo de la mercancía”. La idea es que hoy toda esta lógica se tramita en el propio cuerpo porque somos mercancía de nosotros mismos, un mecanismo especular que no termina, y que se transforma en una normalización indefinida.

C: – Esa idea del homo oeconomicus que optimiza su propio capital es, dice Foucault en Nacimiento de la Biopolítica, la grilla de inteligibilidad que se propone sobre el comportamiento de un individuo para poder gobernarlo o gobernarse. Uno puede adoptar esa grilla para el autogobierno: invierto en mí para valorizarme en el mercado del placer o del trabajo; me veo como un capitalista que busca ser exitoso. Esta figura, ¿implica la totalidad de lo que somos? Claro que no. Es, con todo lo que eso implica, la interfaz entre el individuo y el poder que se ejerce sobre él.

La salud inalcanzable. biopolítica molecular y medicalización de la vida cotidiana Flavia Costa y Pablo Rodríguez. Eudeba 236 págs. $ 290

Revista Ñ.

Los vicios de la guerra

“Las horas más oscuras” reconstruye la figura de un Winston Churchill despreciable y senil que, designado Primer Ministro, se niega a negociar la paz con Alemania.

 El hombre rechoncho está en su cama terminando el desayuno y remoloneando un poco. Una secretaria nueva entra a la habitación para tomar nota de lo que sea que le dicte. Antes de entrar, un secretario le advierte que el hombre de la cama es muy exigente, autoritario, caprichoso, que habla sin que se le entienda bien, como si balbuceara, que se irrita con facilidad. El intercambio entre el hombre y la secretaria parece simpático y algo accidentado hasta que el tipo hace honor a su fama y cumple con las expectativas: ante un mínimo error de la chica, la echa a los gritos y pide que le manden a otra que sepa hacer su trabajo. Poco después, la esposa sube a la habitación y lo calma, casi como si apaciguara a alguna bestia salvaje entrada en años que gruñe para disimular los estragos de la vejez. Las horas más oscurasempieza en la mañana del día que Winston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo, será nombrado Primer Ministro. La escena tiene algo de tour de force: Joe Wright presenta a uno de los mayores héroes políticos del siglo pasado como un viejo achacoso y de mal genio. De allí en más, la película funciona como un juego o una prueba de habilidad que el director se impone a sí mismo: lograr que ese tipo envilecido se transforme a los ojos del espectador en el líder carismático capaz de convencer a todo un país de sostener la lucha contra la Alemania nazi.

La maniobra era en parte esperable: Wright es un director de esos a los que les gusta dar piruetas inverosímiles. Ya en Orgullo y prejuicio (2005) se divierte haciendo unos largos planos secuencia durante una fiesta y capturando el movimiento de los Bennet en torno a la mesa familiar, mostrando de paso que Jane Austen y el siglo XIX podían filmarse con dinamismo y gracia, sin necesidad de encerrarse en la eterna fórmula del plano-contraplano. En Expiación, deseo y pecado (2007), prueba suerte con otro plano largo pero esta vez de una escala impresionante que recorre la playa de Dunkerque durante la retirada británica. Más de mil extras (y hasta algunos animales) ejecutan una coreografía milimétrica con la que el director retrata la desesperación de la Operación Dínamo y traslada a la puesta en escena la locura que consume a los soldados: el delirio general de la escena, los vaivenes del plano y la colección de personajes perdidos que entran y salen erráticamente del encuadre hacen pensar que se está ante el alarde de un director en su madurez. Pero Wright tiene treinta y cinco años, esta es apenas su segunda película y consigue ese prodigio visual de cinco minutos en solamente un día.

Las películas se suceden y el director idea soluciones estéticas distintas para cada historia. Nunca filma igual, pero cada filme parece llevar la marca de sus excesos y sus juegos formales, como en Hanna (2011), Pan (2015) y, sobre todo, en Anna Karenina(2012) (no tanto en El solista (2009), su película más fallida). Con ese historial, Las horas más oscuras (que competirá en la próxima edición del Oscar por los premios de Mejor Película, Mejor Actor y otras categorías más) supone un desafío para el director: cumplir con los rigores del biopic manteniendo al mínimo las veleidades del estilo. Filmar sin que se note.

En su último filme, Wright respeta las convenciones de la película biográfica: el retratado ocupa el centro de la escena y la puesta se borra a sí misma para resaltar al protagonista. Pero el director se toma una suerte de venganza personal caracterizando con un toque de maldad a Churchill y haciendo que la película alterne con cierta impunidad entre la comedia y el drama: la caricatura del retratado y ese tono anfibio, que va y viene entre los peligros de la guerra y los pequeños vicios del protagonista, puede verse también como una reacción contra la seriedad plomiza que suele exigir el biopic histórico, una vía para dinamitar el género desde adentro.

Escenas a media luz

La mayor parte del tiempo, Las horas más oscuras es un filme de habitaciones a media luz y cortinas cerradas: el Churchill de Gary Oldman se mueve por su casa, los salones oficiales y las oficinas militares casi escapando del sol (como si el cuerpo del actor tuviera una memoria propia y recordara instintivamente personajes como el de Drácula). Los intercambios con sus asesores, el Rey y sus rivales políticos, ocurren casi siempre en las tinieblas: la penumbra general traduce en imágenes el agobio de un protagonista que lidia como puede con circunstancias que lo desbordan. La película se interesa más por capturar el clima lúgubre de esos días que por la reconstrucción histórica. La trama reduce al mínimo la cantidad de información y se queda con un conflicto elemental que consiste en unos pocos aliados y antagonistas: Churchill se niega a negociar la paz con Alemania a pesar del desastre bélico de Inglaterra y de la presión del Parlamento y la oposición. Esas coordenadas narrativas esenciales liman el espesor de la Historia en favor de la dimensión cinematográfica del relato. Las horas más oscuras no es una película sobre el resurgimiento militar de Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial sino el retrato de un hombre común en una situación extraordinaria (igual que en Hitchcock, en Spielberg y en el cine en general). El director incluso le imprime al conjunto un aire casi inocente, como de fábula, que le permite a la película rehuir de la gravedad de los relatos basados en hechos reales para mantenerse siempre dentro de los confines narrativos del cine con sus leyes y placeres.

En el filme, Wright tiene que conseguir entonces que ese viejo regordete que chochea adquiera la estatura suficiente como para ponerle el cuerpo a todos esos discursos famosos, en especial al que se conoce por una de sus frases más recordadas: “Pelearemos en las playas”. Ese fragmento parece funcionar a la perfección en cualquier película y en distintas formas. En Dunkerque, de Christopher Nolan (también candidata al Oscar como Mejor Película), se puede escuchar el discurso leído desapasionadamente por un personaje al final del relato cuando la derrota es absoluta: la lectura sobre las imágenes genera una emoción increíble. En cambio, Wright se sirve de ese discurso de manera más tradicional: reconstruye la escena original en el Parlamento y hace que Oldman lo pronuncie imprimiéndole un notorio énfasis a las palabras y a los gestos. La película termina poco después del discurso, como si los casi ciento veinticinco minutos de duración hubieran sido una preparación para ese momento y, tras semejante explosión de vitalidad, ya no quedara nada más para decir ni mostrar.

Dunkerque y Las horas más oscuras forman un díptico particular: la película de Nolan se concentra en distintos momentos de la retirada mientras que la de Wright describe los entretelones políticos que conducen a la Operación Dínamo. Las dos se parecen en que saben hallar en una catástrofe militar los materiales para contar una épica atemporal. En definitiva, sugieren que el cine está siempre mejor preparado para narrar situaciones límite en las que se está cerca de perderlo todo.

Revista Ñ.

Presentarán el libro “La Chispa” de Osvaldo Bayer

Los días 5, 6 y 7 de diciembre, se realizará la presentación del libro de Osvaldo Bayer: La Chispa. La misma, estará a cargo de Bruno Nápoli, historiador y curador del ejemplar. Se presentará en San Luis, Villa Mercedes y Villa de Merlo.

El libro, es una edición mejorada del periódico fundado, escrito y dirigido por el historiador, escritor y periodista Bayer, La Chispa, lanzado en la Patagonia en el año 1958. El mismo, habla en contra del latifundio, del hambre y de las injusticias suscitadas entre diciembre de dicho año y abril de 1959, en la localidad de Esquel, Chubut.

A pesar de su breve duración, el periódico de Bayer denunció a los latifundistas y terratenientes del lugar, describiendo con detalle el robo de las tierras de Cushamen por comerciantes y políticos, al mismo tiempo, celebró la Revolución Cubana y denunció lo que La Chispa denominó “la gran estafa argentina”.

Osvaldo Bayer, además fue autor y uno de los guionistas de La Patagonia rebelde, entre otros largometrajes, colaborador de Página 12, y reconocido con diversas distinciones por estar permanentemente involucrado en la lucha por las reivindicaciones de los Pueblos Originarios argentinos.

Programa

Martes 5 de diciembre: 20:00 horas – Microcine de la Universidad Nacional de San Luis

Miércoles 6 de diciembre: 17:30 horas – Centro Cultural La Parra, Los Almendros 4, Villa de Merlo

Jueves 7 de diciembre: 9:00 horas – Campus Universitario, ruta 148 extremo Norte, Villa Mercedes

Jueves 7 de diciembre: 17:00 horas – ATE seccional Villa Mercedes, Belgrano 422

La actividad es organizada por la CTA Autónoma, Asociación de trabajadores del Estado (ATE), y la Asociación de docentes universitarixs (ADU). Es auspiciada por la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), Facultad de Ciencias Humanas (FCH), Facultad de Psicología(FaPsi), y Facultad de Ciencias Físico, Matemáticas y Naturales (FCFMyN).

Noticias UNSL.

Luciana Reif: «Hoy en día la intimidad de las mujeres se ve atravesada por cuestiones de género»

Reif, que obtuvo el premio a la Creación Joven de la Fundación Loewe por su poemario «Un hogar fuera de mí» sostuvo que en el libro «hubo un juego muy potente entre lo intempestivo del deseo, las luchas feministas y sociales».

Reif (Lanús, Buenos Aires, 1990), que recibirá 8 mil euros por esta distinción para poetas jóvenes, fue premiada en el marco de la entrega del Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe 2017, donde resultó ganador el poeta Ben Clark (Ibiza, España, 1984) por su libro «La policía celeste», que fue premiado con 25 mil euros.

Socióloga por la Universidad de Buenos Aires y becaria de investigación del CONICET y la Universidad Nacional de Avellaneda, Reif es autora del poemario «Entrada en Calor». En diálogo con Télam, la poeta habló sobre su nuevo libro y la distinción que la «tomó totalmente de sorpresa».

Télam: ¿Esperabas recibir esta distinción o te tomó por sorpresa?

La distinción me tomó totalmente de sorpresa. Había presentado el libro a dos concursos nacionales, y al concurso internacional de la Fundación Loewe que para mí era imposible de ganar. Cuando no salí premiada en los concursos argentinos, ya olvidé por completo la posibilidad de obtener este premio. El lunes 31 de octubre estaba saliendo de una reunión en Saavedra, y recibo la llamada de España comunicándome la noticia. Al principio pensé que era un chiste o una equivocación, que me iba a pasar como le paso a «La La Land» en los Oscar, y me iban a decir que el premio no era mío.

Télam.

 

La UNLC cumplió tres años y presentó un libro sobre su historia

La rectora Agustina Rodríguez Saá agradeció el trabajo de la Fundación Pro Universidad y de los legisladores puntanos que propiciaron la creación de la institución.

La Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC) cumplió tres años y lo celebró con la presentación de un libro que cuenta su historia. Se titula “Universidad Nacional de los Comechingones. Origen y puesta en marcha”,  y fue escrito escrito por el periodista merlino Gustavo Menéndez.

En el acto de festejo que se llevó a cabo este martes en el Salón de Usos Múltiples de la sede ubicada frente al barrio 227 Viviendas, la rectora Agustina Rodríguez Saá agradeció el trabajo de la Fundación Pro Universidad y de los legisladores puntanos que propiciaron la creación de la UNLC.

“Nosotros somos parte de este proceso fundacional que es único y es un verdadero honor poder formar parte, además de una enorme responsabilidad”, dijo Rodríguez Saá en el acto por la celebración del tercer aniversario de la Universidad Nacional de los Comechingones.

La Rectora agregó que esta celebración viene precedida “de muchos años de trabajo y, sobre todo, de mucha entrega tras un objetivo tan noble como es la creación de una universidad nacional”.

“A partir de abril de 2016 comenzamos con el equipo de gestión a dar el primer paso. En este año y medio cumplimos con dos grandes objetivos”, detalló Rodríguez Saá al referirse al Estatuto Provisorio con el que ya cuenta la casa de estudios y al Proyecto Educativo Institucional que evaluó por la Coneau.

Por último, la rectora se refirió al centenario del natalicio de Antonio Esteban Agüero y resaltó la posibilidad que tuvo la Universidad de haber tenido su primera sede en la Casa del Poeta. “En las venas de esta universidad corre sangre agüeriana”, dijo.

La ley 26.998 de creación de la UNLC fue aprobada por el Congreso de la Nación el 22 de octubre de 2014 y promulgada por el Ejecutivo el 7 de noviembre de ese año. En abril de 2016 asumió Rodríguez Saá como rectora organizadora.

El Diario de la República.

Tras los pasos del autor de “El Principito” por Argentina

El escritor y aviador Saint Exupéry estuvo en nuestro país en los años ’20 con la misión de descubrir nuevas rutas aéreas. “Me encontraba en Argentina como en mi propio país”, escribió.

Exupéry llegó a nuestro país como empleado de la compañía francesa de aviación Aéropostale y se quedó por 15 meses, con la misión de descubrir nuevas rutas aéreas en la Patagonia, hacia Chile y Paraguay. Una vez cumplido su objetivo, regreso a su país y en una carta resumió su inolvidable viaje: “Me encontraba en Argentina como en mi propio país, me sentía un poco vuestro hermano y pensaba vivir largo tiempo en medio de vuestra juventud tan generosa”.

EN EL MUNDO. ¿Dónde queda el parque de diversiones inspirado en El Principito?

Su cuento de hadas

La ciudad que recibió a Exupéry fue Concordia, ubicada en la provincia de Entre Ríos. Cuenta la historia que el aviador tuvo un aterrizaje forzoso en el castillo San Carlos, donde en ese entonces vivía la familia Fuchs Valon.

Se quedó hospedado unos días hasta que pudo reparar su avioneta. Años después escribiría sobre esta experiencia inspirado en Edda y Suzanne Fuchs –hijas del matrimonio Fuchs–, refiriéndose a ellas como “las princesitas”. Asimismo, en su libro Tierra de hombres (1939) describe el incidente: “Había aterrizado en un campo y no sabía que iba a vivir un cuento de hadas: fue en un campo cerca de Concordia, en la Argentina”.

Actualmente, se puede visitar el castillo San Carlos, ubicado a cinco minutos del centro de la ciudad, donde se encuentra un monumento a El Principito. Además, se puede dar un paseo por las ruinas y recorrer el parque por el que, hace unos años, caminó Exupéry. Más info.

 

Fuente: Voy de Viaje.

Mercedes Guiraldes:”La idea de la muerte es una fantasía constante en la vida de las personas”

En su obra «Nada es como era», Mercedes Güiraldes describe de qué forma le cambio la vida haber sufrido de cáncer.

En «Nada es como era» Mercedes Güiraldes se sumerge en una experiencia conmovedora y autobiográfica sobre el cáncer que, como un torbellino, modificó su vida y a pesar del dolor y la angustia le permitió abrirse a una nueva dimensión que le implicó renuncias y transformaciones, como lograr el deseo mil veces postergado de escribir un libro.

En el libro, editado por Tusquets, Güiraldes va gradando la información según suceden los hechos: desde la detección del tumor en su pecho izquierdo, la perplejidad ante la confirmación del cáncer, los tratamientos, la transformación de su vida y de su entorno. Los disfrutes ante la superación de las etapas críticas, los caminos inimaginables de la autoayuda, y cuando ya todo parecía superado, la aparición de un segundo tumor.

La enfermedad, que para Güiraldes significó sentirse atrapada en un cuerpo enfermo, rozó también el núcleo duro de su profesión como editora: la lectura, un hábito que en algún momento sintió que perdía y que regresó con la palabra salvadora de Proust, siguió con Joyce y continuó con obras literarias o ensayos atravesados por la enfermedad y la supervivencia.

En diálogo con Télam, Güiraldes manifestó que poder escribir el libro fue muy liberador, al tiempo que «las vergüenzas y los miedos desaparecieron con la enfermedad».

– Télam: En la introducción decís que el libro no es un intento de literatura del yo y tampoco es una crónica, pero está basado en tu vivencia personal. ¿Por qué las aclaraciones?
– Mercedes Güiraldes: Este libro es una declaración de intenciones. Me propuse escribir la historia de mi cáncer sin pensar en hacer literatura, sin pensar en un género en particular. Lo único que quería era contar esa experiencia lo más ligada a la realidad, y al mismo tiempo hacer uso de estrategias narrativas que hicieran de la lectura algo menos arduo y difícil. También me propuse ayudar a gente que pasó por esa situación, como a mí me ayudó leer libros de todo tipo referidos a experiencias límite, que podían ser literatura o no. Autoayuda, un género que a mí me espantaba, relatos de campos de concentración, experiencias como la tragedia de los Andes o libros más teóricos como las metáforas del cáncer de Susan Sontag.

– T: En el libro decís que siempre fuiste bastante hipocondríaca, ¿habías pensado alguna vez en la posibilidad de tener cáncer?
– M.G: Siempre jugamos con la idea de nuestra muerte, porque la idea de la muerte es una fantasía constante en la vida de las personas. Pero de ahí a que te digan que tenés cáncer hay un abismo. El cáncer es la realidad pura, ahí se acabó la fantasía, la neurosis, ahí realmente tenés un problema serio y aparece todo un mundo que te arrastra y te arrasa.

– T: Uno podría pensar en el cáncer como un sismo que resquebraja las estructuras sobre las que se asienta tu vida ¿Qué representación te hiciste vos a partir del diagnóstico?
– M.G: Para mí la imagen era la de la prisión. Y estar presa de dos formas: encerrada dentro del cuerpo, y preguntándome por qué estoy en este cuerpo enfermo, que es algo que aparece habitualmente en las personas enfermas; como si fuéramos una cosa distinta de nuestro cuerpo y sintiendo que querés salir de ese cuerpo enfermo. Por otro lado, encerrada en un protocolo, que en el caso de un cáncer agresivo como el mío es durísimo, y las soluciones médicas son aún más difíciles de sobrellevar. Ahí también me sentía presa, porque tenés que agradecer, te diría, que exista una quimioterapia para tu cáncer, porque lo peor que te puede pasar es que te digan que no existe un tratamiento. Entonces tenés que agradecer algo que te provoca un malestar y trastoca tu vida durante mucho tiempo de un modo terrible.

– T: De la lectura surge que la contención de tu familia fue muy importante…
– M.G: Me di cuenta de lo importante que eso era para mí. De todas formas no en todo momento uno es capaz de recibir ayuda. Hay momentos y núcleos duros de la angustia en los que te cerrás totalmente a la ayuda; te cerrás en vos misma y aparecen sentimientos difíciles y normales que son la ira, el enojo, la desesperación, pero cuando podés asomar la nariz te agarrás como de una tabla de salvación, lo que hace una diferencia fundamental.

– T: ¿Qué momento recordás como uno de los que te cerraste particularmente?
– M.G: Cuando mis padres me querían mandar a un cura sanador y lo tomé a mal, porque estaba por empezar quimioterapia. Entonces pensaba: ¿cómo se les va a ocurrir esa idea? Me dolía que pensaran así y luego los entendí. En cambio con mi marido fue como un descubrimiento, porque si bien hacía 20 años que estábamos juntos no sabés cómo va a reaccionar el otro, y él funcionó del mejor modo posible que puede haber, acompañándome sin ponerse en primer lugar. No es fácil estar con una persona que está enferma un año entero, una mujer que está borrada de la escena. Sentí que éramos el príncipe y la Cenicienta: me decía ‘vas a estar bien’ y era verdad. Se dio una situación que dentro del momento espantoso que fue, resultó reveladora para la pareja.

– T: ¿Qué camino sentís que tuviste que ir construyendo a partir de la enfermedad?
– M.G: El cáncer lo cambia todo: tu forma de ver tu propia vida, la forma de ver a la gente que te rodea. Recuerdo que salí de la cirugía y le dije a mi mamá: no voy a tener nietos, porque de pronto pensé que no iba a llegar a vieja. En ese momento de mucha angustia uno permea toda la vida, para bien y para mal, todo junto. Hay cosas que antes te parecían importantísimas y a partir de una situación así te das cuenta de que te dejabas llevar por orgullos o te hacías problemas que tenían una solución bastante al alcance de la mano, y entonces hay una transformación de los vínculos.

– T: La experiencia te llevó a escribir un libro, ¿antes de esta situación cuál había sido tu vínculo con la escritura?
– M.G: Siempre escribí de modo errático, de chica sobre todo. Cuando fui más grande no me gustaba lo que escribía o no tenía sobre qué escribir, mi escritura era más bien de tipo diario, ideas que iban surgiendo, no publiqué casi nada, solo un cuento. Las vergüenzas y miedos que tenía desaparecieron con la enfermedad. Se rompió un temor o idea que tenía sobre mí misma acerca de que no iba a poder publicar nunca un libro, y escribir fue muy liberador.

 

Fuente: Télam

Pierre Lemaitre: “No hay crimen perfecto si el asesino no olvida su delito»

La novela «Tres días y una vida», del escritor francés sondea los dilemas morales de un chico que ha cometido un crimen y que no logra sortear el peso de su conciencia.

La novela «Tres días y una vida», con la que el escritor francés Pierre Lemaitre revalida su tradición narrativa, sondea los dilemas morales de un chico que ha cometido un crimen y que a pesar de eludir una condena social no logra sortear el peso de su conciencia, una cuestión que para los lectores argentinos adquiere matices singulares a partir de los debates recientes en torno al proyecto de bajar la edad de inimputabilidad de los menores.

Lemaitre nació en París, tiene 65 años, y hace solo once que debutó en la literatura. Desde entonces no ha perdido el tiempo: ganó el prestigioso Premio Goncourt por su obra «Nos vemos allá arriba», se hizo conocido con una una saga policial que tiene como protagonista al comisario Camille Verhoeven y ha sido el guionista de la versión cinematográfica de su libro «Alex».

Por estos días el escritor que en abril próximo llegará a la Argentina para participar de la Feria del Libro entrega el más intimista de sus relatos, una trama planteada en tres tiempos que bordea el retrato psicológico y que en un guiño «chandleriano» explora la idea de una culpabilidad que se proyecta sobre quien perpetra un asesinato pero no exime al resto de la comunidad.

En los tres días que preanuncia el título de la novela publicada por Salamandra se condensan los acontecimientos cruciales de la historia: Antoine Courtin es un chico de 12 años que en un instante de ira golpea a su vecino de seis y lo mata. Desde entonces, el relato bascula entre el pánico del joven a ser descubierto, el desfile de sospechosos sobre los que recae alternadamente la responsabilidad del asesinato y las insidias pueblerinas que deja al descubierto el episodio.

Las bifurcaciones que Lemaitre plantea con su prosa sin rodeos resquebrajan las fronteras morales del lector y de los habitantes de la localidad de Beauval, donde transcurre la historia. De algún modo, la necesidad de identificar al asesino del pequeño Remy tiene motivaciones que van más allá de reestablecer el sentido de justicia: el escritor sugiere que hallar a quien quebrantó la ley es siempre tranquilizador porque permite «aislar al culpable» y alimentar la fantasía de que el resto de la sociedad no es responsable de contribuir a un sistema que por sus exclusiones a veces termina empujando al delito.

Al autor de «Irene» y «Vestido de novia» le interesa confrontar al lector con sus contradicciones y explorar el componente maleable de un sistema moral que lo lleva a identificarse con un personaje que ha cometido un crimen horrendo. «Es uno de los temas del libro y de mi obra en general. ¿Debemos perseguir la justicia o la verdad?», apunta Lemaitre a Télam desde París.

Nuestra vida está constantemente poblada de fantasmas y fantasías… sea uno o no un asesino

Pierre Lemaitre

«Aquí el dilema queda instalado por el hecho de que el lector ‘comprende’ a Antoine, al punto de que estaría dispuesto a perdonarlo. Pero al mismo tiempo reconoce su culpabilidad. Entonces, ¿Antoine es más culpable de silencio que de asesinato? Una de las funciones de la literatura es interrogar al lector sobre ese tipo de cuestiones», interpela Lemaitre.

– T: La novela permite reflexionar sobre la manera en que un niño comete un crimen y (no) es capaz de interpretar sus alcances ¿Qué dilemas morales se abren cuando consuma un delito alguien que aun no tiene una comprensión cabal de las normas sociales?
– P.L: Este libro no es tanto la historia de un crimen como la historia de un error. Claramente, Antoine merecería las circunstancias atenuantes: se trata de un accidente más que de un asesinato. Lo que me ha interesado más bien es esa terrible trampa por la cual «el destino» de Antoine, conducido a matar sin ser descubierto, se convertiría en «suerte». Para él, en cambio, es una desgracia para toda la vida. Queda preso de un dilema moral que él mismo será incapaz de analizar, porque carece de madurez. Pero él «siente» el dolor de los padres, sabe que conocer la verdad sería para ellos algo necesario. Pero más allá de su fuerza, Antoine es en el fondo un niño frágil y será luego también un adulto frágil.

– T: Se podría pensar que la protagonista silenciosa de la novela es la naturaleza, en tanto por un lado es capaz de transformar los vínculos -las relaciones en la comunidad se re-pactan a partir de los dos huracanes que sacuden al pueblo- y por el otro es el factor central que le permite a Antoine rehacer su vida…
– P.L: Tiene toda la razón. Esas dos tormentas de 1999 fueron un gran evento en Francia: nunca había ocurrido algo semejante. Son un verdadero personaje de la novela en la medida en que tienen un accionar sobre el destino de los protagonistas. Antoine, y en parte también al lector, piensan que esta tormenta va a «limpiar» todo. Como si los dioses pasaran un paño sobre su crimen. Grave error. Su drama personal sobrevivirá a las tormentas y saldrá a flote.

-T: La atmósfera de pueblo pequeño parece crucial para que las sensaciones del protagonista tengan esas características opresivas. ¿En una megalópolis su padecimiento hubiera sido menos omnipresente?
– P.L: Exacto, esta historia no habría sido posible si Antoine hubiese vivido en una gran ciudad. Para que este relato se desarrolle era necesario esa densa red de relaciones entre las personas, la posibilidad de rumores en círculo estrecho, en definitiva, un lugar de tamaño modesto. En una gran ciudad, Antoine hubiese quedado, de alguna manera, perdido en la multitud. Pienso que hubiese sido menos desafortunado porque su drama no le sería recordado constantemente como le ocurre cuando ya de grande vuelve al pueblo a visitar a su madre, mientras persiste sólo un deseo, el de escapar.

– T: Antoine es acechado por fantasmas y pensamientos que no se concretan en la realidad. ¿De qué manera nos atraviesan nuestras propias ficciones y nuestra percepción del mundo termina siendo una construcción a medio camino entre la fantasía y la realidad?
– P.L: Nuestra vida está constantemente poblada de fantasmas y fantasías… sea uno o no un asesino. Es inherente a la naturaleza humana, ya que es inherente a la conciencia. Obviamente, en el caso de un asesino, ocupan un lugar particular. En el fondo, Antoine ha cometido un «crimen perfecto» ya que nadie lo descubre, pero en realidad, ningún crimen es perfecto si el asesino no lo logra olvidar, si es visitado constantemente por su fantasma. Cuando no hay juez, a menudo uno se convierte en su propio verdugo.

– T: ¿Qué fenómenos cree que han contribuido a la consolidación del policial y la novela negra en Latinoamérica y en Europa en los últimos años?
– P.L: El thriller es la caja de resonancia de todo conflicto social, de toda pregunta que moviliza al mundo. La crisis económica que golpeó a Europa a partir de mayo del 68, como el giro de los años 80 ha sido una fuente de inspiración, especialmente en la forma de neo-thriller francés. Al igual que en la Argentina la dictadura o la existencia de «villas miseria» han inspirado a Oliverio Coelho para escribir «Borneo», a Leonardo Oyola para «Gólgota» o a Martín Kohan para «Dos veces junio».

Fuente: Télam

 

«Las bailarinas no hablan», el segundo libro de Florencia Werchowsky

Werchowsky construye la historia de vida de una bailarina clásica desde su ingreso al Colón, siendo apenas una niña, hasta que se integra al ballet más prestigioso de la Argentina.

En su segundo libro, «Las bailarinas no hablan», Florencia Werchowsky se pone en el cuerpo de una bailarina clásica del Teatro Colón para dar pulso a una trama cargada de experiencias sobre la pesada maquinaria de exigencia que sostiene una vida de sacrificio y sufrimiento, pero que, al mismo tiempo, es capaz de convertir a una danza tan solemne como formal en un acto casi mágico y de aparente libertad.

Entre que Werchowsky dejó el ballet y se metió con la escritura pasaron muchos años -su primer libro, «El telo de papá», la publicó en 2013. Se formó en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón pero ya no es bailarina sino «ex», como prefiere definir su paso por la profesión que dejó a los 17 años, y que ahora retoma como narradora.

Con «Las bailarinas no hablan» (Reservoir Books), Werchowsky construye la historia de vida de una bailarina clásica desde su ingreso al Colón, siendo apenas una niña, hasta sus 30 años cuando se integra al elenco estable del ballet más prestigioso de la Argentina. Como su autora, la narradora se llama Florencia pero, advertencia, una y otra no son la misma. Por lo pronto la protagonista, a diferencia de la escritora, nunca deja de bailar.

A medida que trascurre la trama de esta bailarina -la niña, la adolescente, la joven- y sus daños colaterales, se anida a su biografía un retrato (político podría decirse) del ambiente del ballet así como del Teatro Colón y sus conflictos sindicales y edilicios desencadenados durante el menemismo. «Una de mis intenciones era mostrar que el mundo de la bailarina es mucho más rico que el mundo cisne negro que se cuenta», dice Werchowsky a Télam.

-Télam: En el texto parece haber muchas referencias autobiográficas: misma formación, mismo nombre, misma procedencia del Sur del país. ¿Hay un límite entre realidad y ficción?
-Florencia Werchowsky: No es mi vida, es una ficción, pero sí entra generacionalmente. Aunque no me lo proponga, entra en esta tendencia a construir «literaturas del yo», que son un poco sintomáticas de la generación, en línea con el estilo o ritmo de vida. Hay un culto a la persona y al yo en general, como consecuencia del siglo XXI, del capitalismo, por decirlo de alguna manera. En mi caso, la diferencia es que esa literatura del yo está completamente blanqueada. Mi propuesta es tan transparente como confusa porque yo también sé que en la ambigüedad de hacer autoficción se esconden formas de enmascararse. Hay una impostación en el hecho de utilizar la propia vida para construir ficción.

-T: La novela está escrita al ritmo de breves capítulos que siguen la cronología biográfica de la protagonista. A medida que crece van cambiando sus percepciones sobre el arte que la habita. ¿Cómo fue la construcción de esa estructura?
-F.W.: El proceso de recopilación de las memorias es medio permanente. Hubo un plan de trabajo que es más mental y después una instancia de escritura y maquinación. Esa parte de maquinación es acaso la parte menos planificada del relato, que es cuando el recuerdo y la ficción empiezan a llevarse bien para construir algo. Y en esa zona de indefinición, los recuerdos son los recuerdos de esa época. La parte narrativa es mental, la cinestésica es más emocional, y es la que más trato de respetar, porque con el tiempo los recuerdos tienden a evitarse o a darles una forma adulta y en ese crecimiento crecen o se anquilosan. Yo pretendo conservarlos, que estén fresquitos pero no congelados.

-T: ¿Qué creés que le aportó a esta novela la distancia entre tu experiencia como bailarina y como narradora?
-F.W.: La bailarina no se expresa, no puede hablar en las clases ni en los ensayos. Todo eso se contiene hasta que un día sale y puede salir en forma de libro o de hernia de disco. Esta disciplina tiene esa parte oscura que saca lo peor de la gente y al mismo tiempo genera unas cosas maravillosas. Yo lo viví, lo conté y lo tengo mentalmente procesado. A diferencia de lo que me ocurrió a mi, la narradora del libro no dejó de bailar y no se liberó de eso que la oprime ni de esa institución que en vez de permitirle bailar pareciera impedírselo todo el tiempo. Por eso, la narradora muchas veces está enojada.

-T: Si el ballet es una forma de comunicarse pero de terceros, como coreógrafos y docentes («es una disciplina exterior», dice la protagonista), ¿cuál fue el cambio personal que viviste con la escritura?
-F.W.: De la formación tan rigurosa que tiene el ballet, tan agresiva y represora de la persona que se impone sobre el cuerpo y la voluntad, en ese paquete de martirios, para mí lo más doloroso era la represión creativa de la bailarina. Se supone que una actividad artística implica creatividad, pero no en el caso de estas bailarinas o la bailarina que a mí me toco vivir. Al ser tu

cuerpo un instrumento de expresión ajena, no tiene la posibilidad de crear. Las bailarinas no hablan, hay una deliberada marca de mutismo en todo lo que hacen. Eso me molestaba mucho. Entre que dejé de bailar y me puse a escribir este libro pasaron muchos años, así que fue liberador, pero no como una gran explosión de energía. A mí no me ocurre la idea romántica del escritor que un día se emborracha y escribe emocionalmente poemas divinos. Para mí la escritura es un ejercicio mecánico y mental.

-T: ¿Y qué puntos en común encontrás entre ambos universos?
-F.W.: El rigor, la autoexigencia. En mi caso, escribir es una tarea de lo más mecánica. Si no te sentás todos los días, el libro no se escribe. Hay que tener método y rutina. Yo trato de escribir todos los días, aunque escriba una línea y al otro día la borre. En mi caso, solo metiéndole horas es la forma que tiene de ocurrir, que es un poco el modo del entrenamiento del ballet.

-T: Como muestra la novela, algo que parece ser una gran diferencia es que en el ballet destacan unos pocos, no muchos como puede suceder en la literatura…
– F.W.: Si, es muy diferente a los libros. ¿Qué es escribir bien? Hay cánones y reglas de mercado pero es arbitrario; hay gente que escribe bárbaro y nadie la lee pero no hay bailarines que bailen increíblemente bien y no estén en un ámbito de exposición. La bailarina baila en tanto se expone y en esa exposición quedan reveladas las diferencias. Con el escritor, la escena es más sinuosa y variopinta. El ballet clásico tiene una sola forma de hacerse, la literatura tiene miles.

Fuente: Télam

Presentan el libro “Leviatanes”

El autor Mauro Cuello propone un recorrido “donde se revela a la naturaleza humana irremediablemente inquietante en medio de la cual, el hombre es un náufrago si persiste en dejar atrás sus raíces y no detiene su carrera para recomponer las heridas”. La cita es este sábado a las 18:30, en calle San Martín 383.

El autor Mauro Cuello presenta su libro Leviatanes este sábado a las 18:30.

El autor Mauro Cuello presenta su libro Leviatanes este sábado a las 18:30.

“La poesía que habita las páginas de ‘Leviatanes’ pone en escena la construcción que el hombre hace de sí y de su entorno, y cada verso es un encuentro de vicisitudes y gozos que se contraponen y a veces son partes del mismo juego, como si fueran cómplices”, dice el prólogo del libro de Mauro Cuello. A la presentación en la Casa de Las Culturas este sábado asistirán también artistas invitados.

«La poesía es el camino del hombre, es la vida que se muestra desnuda, sin razas, sin idiomas que separen y también es el fruto del vientre de la tierra», asegura el autor en el espacio que creó para «Leviatanes» tiene en internet.

 

Fuente: Agencia de Noticias San Luis.

Foto: Facebook Matías Cuello.

Protegido: Espacio CdT – Nuevas historias microbiológicas…

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