Radiografía de un fantasma tangible

Una lectura de la obra ensayística de Ezequiel Martínez Estrada confirma al autor como modelo de ética intelectual.

Radiografía de un fantasma tangible

 

Maximiliano Crespi

El ensayo es el género de la revuelta. No sólo porque cada tanto osa arrogarse el derecho (casi exclusivo) a la interpelación de la lógica sobre la que se organiza la polis; también porque, cuando se asume como una verdadera ascesis, el trabajo del pensamiento desata una serie de crisis que cuartean la consistencia ideológica y la “naturalidad” lingüística del ensayista. Eso desencadena una transformación en el cuerpo pensante y altera sus colocaciones en el plano de la historia. El ensayo cambia al ensayista al cambiar su manera de relacionarse con la lengua y con las voces de su tradición.

Esa idea subyace a El suplicio de las alegorías, el extenso volumen en el cual Gerardo Oviedo traza una lectura historizada e integral de la ensayística de Ezequiel Martínez Estrada. En la línea de David Viñas, la investigación estructura una lógica progresista sobre el arco vital en que se presume la metamorfosis. El movimiento es uno y uniforme: de la Pampa al Caribe, de la condenada Cabeza de Goliat a la Habana redimida. El vitalismo neorromántico del profeta telúrico que cuaja en la ontología fatalista de los comienzos es tensado (¿compensado?) por una suerte de ética libertaria y salvacionista leída en las efusiones latinoamericanas y antiimperialistas posteriores a la Revolución Cubana.

El devenir militante y materialista, que la crítica de Viñas contraponía al número 265 de la revista Sur (donde se buscaba “exorcizar el último izquierdismo del vate de Oro y piedra”), es retomado por Oviedo y registrado en las mutaciones de ese cuerpo sensible que es la lengua estradiana. La lectura descubre que el viraje contraliberal se concreta también en “escenas discursivas” y da cuenta de la correlativa mutación que ellas abren en la matriz de interpretación (el desplazamiento desde una metafísica resignada a un entusiasmo moral de cuño denuncialista).

De la profecía apocalíptica a la promesa de redención lo que cambia es el lugar de enunciación. No se habla ya desde arriba hacia el llano, sino desde el llano hacia el llano. De la Pampa a la Isla de Utopía se da una ampliación del espectro (de lo nacional a lo continental), pero también una alteración real en el orden del lenguaje y la ética de la escritura. La abrazadora arqueología de Oviedo se aboca por ello a topografiar la transformación del pensamiento estradiano tanto en sus elaboraciones conceptuales como en sus figuraciones retóricas y sus modulaciones sintácticas. De la “conjetura impresionista” a la contorsión barroca, de la geografía abstracta de la “Pampa espectral” (que determinaba el fracaso argentino) a la contingencia onírica de una Isla (donde la mitologización exaltada se hace símbolo de una promesa teológico-política de redención latinoamericana), Martínez Estrada se dobla pero no se quiebra.

En la filigrana de esta lectura longitudinal se vuelve tangible la ten-sión dramática que carga el proceso de transformación política de ese pensamiento que hace carne sus propios diagnósticos. Pero también –y acaso por eso mismo– la reivindicación de ese Martínez Estrada a quien el propio Oviedo no vacila en valorar como “un modelo de ética intelectual” en cuya obra emerge “una de las formas posibles de la salvación profana”. La profesión de fe no atenta contra el rigor crítico. Más bien lo potencia.

En el intenso libro de Gerardo Oviedo, el vitalismo milenarista estradiano es discutido en su opacidad, interpelado en sus contradicciones y expuesto en sus titubeos, siempre sin indulgencia y sin reservas. De ese modo busca incorporarse a la arena del ensayo crítico, donde la batalla por los sentidos de la historia no cesa de librarse en tiempo presente.

El suplicio de las alegorías, Gerardo Oviedo. Caterva, 410 págs.

Fuente: Clarín

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