«Narrar siempre ha sido el arma más poderosa»

Protagoniza el Día de Italia en la Feria. Aquí, su mirada actual sobre la literatura, el periodismo y la crónica.

"Narrar siempre ha sido el arma más poderosa"

Discreto. “Si escribiste un libro, no hay que agregar nada. Es vulgar”, dice Baricco, que promete hablar, sin embargo, de “La Esposa joven”, su nueva novela. Fotografía de Cézaro de Luca

Con el tiempo, Baricco se ha vuelto escueto, asceta, casi monacal, mínimo. Esquiva las entrevistas. Su biografía en las solapas de los libros no supera los caracteres de un tuit. Prefiere no hablar de lo que escribe. “Sobre La Esposa joven, mi última novela, no he dicho nada en Italia. Cumplí el sueño de escribir un libro y no decir nada sobre él. Fue lindo”, dice Alessandro Baricco, desde la terraza de la escuela de escritura que fundó en 1994 en una antigua fábrica de bombas de Turín, y a días de viajar a Buenos Aires para participar en la Feria del Libro “Cuando estoy en el exterior es diferente –agrega– porque si quiero dialogar con mis lectores de otros países, tengo que hablar de mis libros. Con el público italiano dialogo mucho y en otras formas: en las escuelas, en los espectáculos, pero he dejado de hablar de mis libros y me resulta algo fantástico. Para mí y para ellos”.

–¿Por qué?

–Porque si escribiste un libro, no hay que agregar nada. Cualquier cosa que se diga es penosa, vulgar. Como decía Proust, es como dejar la etiqueta con el precio en un regalo. Feo, feo, feo.

–Sin embargo un autor puede enriquecer la lectura de su propia obra, aportar claves de interpretación.

–A veces puede haber una utilidad en lo que uno dice, pero si uno tiene que explicar un libro quiere decir que algo no hizo bien. Además, en el fondo, creo que a mí no me gustaría escuchar explicaciones de Flaubert sobre Madame Bovary. Dos o tres frases me podrían gustar, pero cuando los escritores se ponen a hablar durante horas de sus libros me resulta triste.

–Usted no ha sido de pocas palabras, casi monacal, como elige ser hoy.

–En la primera fase de nuestro oficio es bello porque uno tiene necesidad y deseo de explicarse y de entrar en diálogo con tus lectores para que te conozcan. Pero si luego uno tiene suerte y logra contar con un público propio, el resto son sólo técnicas de márketing. Si enciendo la radio y escucho a un escritor hablar de su libro, la apago. Me resulta de una vulgaridad tremenda. Y lo de mi forma monacal, como vos decís, es un viaje largo que ha comenzado hace mucho tiempo. Ya en el 2002 escribí Sin sangre y no había en ese libro ni siquiera dos líneas de biografía.

–¿Acaso no es márketing hablar de sus libros en el exterior ante un público que debe ser conquistado?

–Es un público que no me conoce, que tal vez me vea una sola vez en la vida. Entonces, si vas a dialogar con ellos, es justo que hables de tus libros. Es una parte un poquito más aburrida que otras de mi oficio pero lo hago con gusto. Si me preguntan por enésima vez cuál es mi relación con Seda, no hay problema. Lo que sí me gusta hacer, y hago siempre que puedo, es hablar de otros escritores. Es un modo también de contar quién soy y qué pienso. Es mucho mejor escucharme hablar de Salinger que de mí. Se pueden comprender muchas más cosas sobre mí. O cuando hablo de Rembrandt o de Chopin.

–Su último libro editado en Italia, Il nuovo Barnum (El nuevo Barnum), es una recopilación de artículos periodísticos publicados en los últimos quince años. Allí usted señala que lleva años escribiendo sobre la realidad, refutando a quienes se lo reclaman.

–Porque existe una idea según la cual la verdadera literatura es la que habla de la realidad, la denuncia, la interpela de un modo incómodo y hace una lectura directa de lo que sucede. Es una de las posiciones teóricas que más me fastidia y me irrita porque me parece una simplificación. Prefiero hablar de las cosas que la gente conoce pero desde otro punto de vista, sorprendiendo a la realidad por la espalda. Este modo es, según me parece, más propio a mi talento, a la literatura que me gusta. Pero ojo, también me parece bien lo que hace Roberto Saviano. No es que uno tiene el monopolio sobre cuál es la verdadera literatura. Son dos técnicas diferentes pero, en definitiva, no es que yo escribo fábulas. En lo que yo escribo la gente reconoce la realidad cotidiana.

–¿Cuál es el sentido de convertir en libro algo efímero como lo son los artículos periodísticos?

–No soy un periodista. Por eso en realidad cuando escribo estos artículos estoy escribiendo un capítulo de un libro. Para mí, el verdadero objetivo es que terminen en un libro que, a su vez, se convierta en una novela sobre el presente. Es mitad autobiográfico y mitad sobre el presente.

–El año pasado se enojó cuando le dieron a Bob Dylan el Nobel de Literatura. ¿Se borraron los límites entre lo que es literatura y lo que no lo es?

– Todavía quedan algunos límites pero la geografía es más compleja hoy. De algún modo en el siglo XX trazamos límites muy precisos en todo. Antes no era así. Es algo propio del Novecento. Hay ahora un natural reflujo para poner otra vez en movimiento los límites. Pero esto no quiere decir que entonces uno escribe algo sobre un muro y lo llama literatura.

–¿Qué relación hay hoy entre literatura y non-fiction?

–Hay diferentes nombres para la non-fiction. También está la palabra ‘narración’. Pero ojo, narración no es siempre literatura. Literatura es un nombre que usamos para referirnos a un tipo de narración sobre un saber técnico que es sustancialmente el de la escritura y el de la novela. Es un oficio muy particular, que tiene su historia que parte en el siglo XVII, y una serie de utensilios y técnicas artesanales. Llamamos a eso literatura. Hacer canciones, murales o periodismo no es hacer literatura. El oficio de escribir un libro, con una lógica, con personajes inventados, en situaciones que no existirían si no fuera en ese libro, es un oficio muy refinado, muy sofisticado. No creo que sea una buena idea bajarlo de esa categoría y considerarlo una cosa indistinta.

–¿La literatura es más fatigosa que la narración?

–No. Es diferente. Exige capacidades diversas y tiene tiempos diferentes. La literatura es algo largo en el tiempo, implica un trabajo paciente.

–¿Qué es hoy narración?

–Es una línea que recorre una zona. La línea la eligió alguien que te toma de la mano y te lleva a hacer el recorrido. Esa línea atraviesa una zona de la experiencia humana.

–Usted ha dicho que a Europa le falta una narración y en Argentina se habla, sobre todo desde el último gobierno kirchnerista, de relato. ¿Es una característica de nuestro tiempo pensarnos en términos de narración?

–Es una cuestión de tomar conciencia. Hablamos mucho de storytelling, de relato, de narración pero lo practicamos menos. La narración siempre ha sido el arma más poderosa. Napoleón fue sobre todo storytelling. Había batallas pero lo principal era la historia que se contaba. El siglo XX montó dos guerras mundiales sobre el storytelling, el nazismo era storytelling, el extermino judío era storytelling. La Guerra Fría era storytelling. Nosotros hoy, con el relato de Kirchner, Berlusconi o Trump, nos contentamos con pequeñeces pero hablamos mucho más porque hemos teorizado mejor. Somos más conscientes. Esto nos hace creer o tener la impresión, falsa, de que vivimos más de storytelling que nuestros ancestros. Pero el Medioevo era sólo storytelling.

–Está por viajar a Buenos Aires para la Feria del Libro. ¿Hablará entonces sobre La esposa joven?

–Sí, claro.

–Seguramente le preguntarán por qué incluyó a la Argentina en la novela.

–Hacés bien en decírmelo. Debo entonces pensar una respuesta y tenerla lista para cuando llegue la pregunta.

Fuente: Clarín

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