“Memorias de un inmigrante”

Don Marcelino abandonó Siria en 1912 cuando tenía 16 años. Anduvo por varias provincias antes radicarse en San Luis. En más de 130 páginas recopiló su vida en iluminadoras y desgarradoras estrofas.  

“De regalón a marino”, así sintetiza en unos de sus versos el primero de tantos obstáculos que enfrentó Marcelino Saá apenas abandonó su tierra natal y se embarcó hacia Argentina con españoles, italianos y africanos.

Publicado por su familia en 2016 mediante la editorial El Tabaquillo, este libro funciona además como modelo de fortaleza ya que no le fue fácil adaptarse, incluso en tierras puntanas.

Primero se arraigó en La Botija, al límite con La Rioja, donde instaló un almacén de ramos generales. “Pero siempre continuó siendo el médico y comisario del pueblo. Los vecinos recurrían a él para solucionar todo tipo de problemas: como la redacción de documentos legales, traslados a otros poblados, gestionar obras públicas para el vecindario, solicitar vacunas para la población, entre otras cosas”, cuenta en el prólogo su hija, Felipa Florentina Saá quien también recuerda cómo Marcelino colaboró en la construcción de un embalse para aprovechar el agua del río y en las plantaciones de diversas especies en aquella zona desértica.

Luego, en 1950 abrió un aserradero que sostendrá con el apoyo y sacrificio familiar en la capital puntana. La situación política y social lo había empujado hacia estas sierras donde murió el 28 de agosto del 1962. Con fe y lucha, este inmigrante árabe pudo forjar un futuro pero siempre atesoró la hora de aquel adiós ante su madre, padre y hermanos:

“¡Ah! Ese momento

tan difícil de olvidar

lo quisiera recordar

hasta en la tumba fría

porque desde ese día

jamás los pude abrazar”.

 

Nota: Matías Gómez, para Caminos de Tinta.

 

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