Letras bajo el microscopio

Por qué el cerebro es el único órgano que intenta entenderse a sí mismo y el lenguaje también tiene igual condición. Mateo Niro, licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires, y autor junto al prestigioso neurocientífico Facundo Manes, del best seller “Usar el Cerebro”, explica la fascinante relación.  

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Mateo Niro, licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires, y autor junto al prestigioso neurocientífico Facundo Manes, del best seller “Usar el Cerebro”, explica la fascinante relación entre neurociencia y literatura

El cerebro, según Facundo Manes, es “la estructura más compleja del universo”. Flota en una superficie aproximada de 2 m². El neurosiquiatra francés Jean-Didier Vicente, sostiene que desde sus primeros balbuceos hasta el último patatús a los setenta años, salen por la boca humana alrededor de 184.800 millones de palabras. Cotidianas, antirrábicas, mentoladas, tibias, espinosas, laberínticas, al voleo, las letras unidas por el aire significan y evocan. De una palabra puede nacer toda una filosofía. ¿Qué decimos cuándo decimos lo que decimos? ¿Hay algo más detrás del lenguaje? Cuánto más profundamente el sufrimiento y la alegría excavan el corazón, ¿más sube la palabra, como creía Marcel Proust? Ante preguntas parecidas, a la luz, o más bien, al son de resonancias, estudia la neurociencia, con un enfoque multidisciplinario, qué es el lenguaje.

“En estas décadas hemos aprendido más sobre el funcionamiento del cerebro que en toda la historia de la humanidad”, resume el prestigioso neurocientífico Facundo Manes quien escribió “Usar el Cerebro” junto a Mateo Niro, licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA). El best seller va por la 14ª edición, tiene cerca de 150.000 ejemplares en calle.

_ Con personajes como El Quijote, Funes el Memorioso, o miles de otros, ¿la literatura se anticipó a los descubrimientos recientes de la neurociencia?

_En algún sentido sí, y eso proponemos en el libro. Igualmente, más preciso sería decir que se trata de ciertas intuiciones que las neurociencias luego abordaron a través del método científico. Los discursos artísticos no tienen la intención de generar hipótesis para que la ciencia luego dictamine su verdad o falsedad, sino que la motivación está dada en la duda, el interrogante, la inquietud.

_ ¿La intuición es una fuente de conocimiento igual de válida como la razón?

_ Este libro, como le decía, lo concebimos como un diálogo. Y los diálogos son más productivos cuando generan cierta tensión entre saberes, tradiciones, disciplinas. La ciencia y el arte parten de saberes previos y de intuiciones, para, a partir de allí, hacer su recorrido. 

Hasta hace un par de décadas, asistir a una explicación sobre el funcionamiento del sistema nervioso o cómo los diferentes elementos del cerebro interactúan y dan origen a la conducta de los seres humanos, hacía bostezar. Hoy, gracias a la neurociencia, sabemos que el cerebro es algo más que rugosos pliegues detrás del cráneo que gastan el 20% de las calorías del cuerpo por día, o un boom editorial que fascina a multitudes, llena teatros, e imanta al marketing.  Así lo pintó la poetisa estadounidense, Emily Dickinson: “El cerebro – es más amplio que el cielo –/ colócalos juntos-/ contendrá uno al otro/ holgadamente – y tú – también/ el cerebro es más hondo que el mar -/ retenlos –  azul contra azul -/ absorberá el uno al otro – /como la esponja – al balde -/ el cerebro es el mismo peso de Dios -/ pésalos libra por libra -/ se diferenciarán – si se pueden diferenciar –/como la sílaba del sonido”.

_ ¿Qué ha descubierto la neurociencia sobre los cerebros literarios o los lectores?

_ Existen diversas e interesantes investigaciones sobre el tema. De hecho, una de ellas sobre la lectura de Shakespeare, la está desarrollando en este momento la Fundación INECO que preside Facundo Manes. Pero también debo decirle que los estudios literarios y lingüísticos han aportado vasto conocimiento a las neurociencias. Un ejemplo de esto, quizá de los más conocidos de las últimas décadas, es la contribución de las investigaciones del lingüista Noam Chomsky sobre el innatismo de la lengua.

El estadounidense Chomsky sostiene que existen capacidades biológicas o innatas en el ser humano para el lenguaje. En Francia, investigaciones mediante neuroimágenes comprobaron esta hipótesis en bebés. Aunque también, tal como señala “Usar el Cerebro” bajo el título “La adquisición del lenguaje”, hay estudios que la cuestionan. Los expertos dicen que el debate alumbró con el mundo.

_ ¿Cómo influye la tecnología en la literatura?

_ La tecnología influyó en la literatura desde el momento mismo que se inventó la escritura hace miles de años. Los distintos avances técnicos permitieron, por ejemplo, la mayor difusión a través de la imprenta. Hoy la digitalidad e Internet permiten mecanismos de difusión a escala global e inmediatos y también modos de elaboración diferenciales. Un ejemplo de esto es la relación que se establece entre los distintos textos a través de los enlaces en el llamado “hipertexto”.

El norteamericano Jonah Lehrer es editor y periodista de las mejores revistas de divulgación científica del mundo. Publicó “Proust y la neurociencia”, basado en la teoría de la memoria del novelista francés. Otros artistas de fines del XIX y comienzos del XX, como Paul Cézanne, Virginia Woolf y Gertrude Stein, también desarrollaron ideas que ahora la ciencia expone.  En “Usar el Cerebro”, entre otros temas, se detalla la relación entre el efecto placebo y los “Cuentos de Canterbury” o se revela qué tuvieron en común Van Gogh, Beethoven, Churchill y Virginia Woolf. Cuando visitó San Luis, el pasado 18 de octubre, Manes, fundador y actual director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro en la Ciudad de Buenos Aires, dijo que “la memoria humana es el acto más creativo”.

Facundo Manes visitó San Luis el pasado 18 de octubre (foto ANSL)

Facundo Manes visitó San Luis el pasado 18 de octubre (foto ANSL)

_ ¿Sólo somos, como dice Facundo Manes, “cerebros con patas”?

_ Y sí. Si entendemos que nuestro cerebro es el responsable de las acciones más cotidianas desde respirar hasta escribir los tratados de la ciencia o las obras literarias más sofisticadas, sí. Además, como dice Facundo, en esos procesos hay una relación que se establece entre la biología y el ambiente, la cultura. 

_ En este diálogo con la neurociencia, ¿personalmente como escritor, que ha descubierto?

_ Más allá de que mi “diálogo” con las neurociencias y con Facundo no comenzaron con el libro, realizarlo fue profundizar esa interacción. Muchas veces, los que nos movemos en esferas llamadas “humanísticas”, nos sentimos cómodos en los terrenos de las ambigüedades y la polisemia. Entonces, cuando nos enfrentamos a discursos de las ciencias “duras”, nos genera cierta incomodidad. Puede ser que también suceda en el trayecto inverso. En mi caso, esa incomodidad significó más bien un gran desafío, un aprendizaje de que de la divergencia de ideas, de métodos, de tradiciones, muchas veces surge la novedad. 

Mateo Niro nació en San Martín, provincia de Buenos Aires, en 1972. Realiza el doctorado sobre glotopolítica y dicta clases de semiología desde 1998 en la UBA. También es docente de sociolingüística en el Profesorado Superior “Joaquín V. González” y de narratología en la Universidad de General Sarmiento. Fue coordinador de centros culturales públicos de la ciudad de Buenos Aires y subsecretario de Cultura y Educación de la Municipalidad de San Martín. Actualmente es coordinador del Programa de Bibliotecas Comunitarias del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires y dirige el Centro de Documentación Epistolar. Publicó ensayos y artículos en libros y medios especializados de la Argentina y del exterior sobre lingüística y literatura. Es autor de la novela infantil “Los secretos del relojero”. Para televisión, produjo los ciclos de Facundo Manes “Los enigmas del cerebro” (C5N) y “Cerebro argentino” (TecTV).  Recientemente, Unicef lanzó “Historias prematuras”, un libro de distribución gratuita, donde Mateo Niro, escribió uno de los diez relatos ficcionalizados.

_En “El pensamiento del afuera”, Michael Foucault dijo que “la palabra de la palabra nos conduce, por la literatura, pero quizás también por otros caminos, a ese afuera donde desaparece el sujeto que habla”. Hoy, a la luz de los estudios neurocientíficos, ¿estamos en condiciones para responder qué hay detrás del lenguaje? 

_Yo le puedo responder más desde la lingüística y, en tal caso, del trabajo conjunto de ésta con las neurociencias. El lenguaje es un elemento sumamente complejo y fascinante y, así como decimos en el libro que el cerebro es el único órgano que intenta entenderse a sí mismo, el lenguaje tiene esa misma condición de recursividad: entendemos (o intentamos entender) al lenguaje a través del lenguaje. La lengua no solo se relaciona con cuestiones ligadas a la comunicación sino también al arte, a la identidad, a cierto carácter cohesivo de las comunidades. Fíjese, si no, el carácter central de las políticas lingüísticas en procesos revolucionarios de la historia como la Revolución Francesa o la Revolución Rusa. 

Nota: Matías Gómez

Foto: Gentileza

Fuente: Agencia Noticia San Luis.

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