La penitencia del Poeta Obrero

Hugo Mavit nació en Villa Mercedes y comenzó a escribir siendo muy jóven. Luego, ya en la adultez, retomó ese hábito abandonado bajo el seudónimo de Poeta Obrero. Como un trabajador de las palabras, en los últimos cinco años participó de talleres, de libros de antologías y grupos literarios. Fue jefe de redacción del periódico El Mercedino de la Villa, y actualmente es el único autor de la provincia que forma parte del staff de la Editorial Dunken. En el 2015 publicó su primera obra, y hace unos días presentó su nuevo libro: «Poemas penitentes», un poemario de cuatro capítulos; los primeros son proclamas contra ciertas problemáticas actuales, mientras que el tercero refiere al amor y al desamor, para finalizar con un cuarto capítulo que expresa en poesía su propia conversión religiosa.

Hugo Mavit, escritor villamercedino conocido con el seudónimo de Poeta Obrero.

Hugo Mavit, escritor villamercedino conocido con el seudónimo de Poeta Obrero.

El Poeta Obrero conversó con Caminos de Tinta, en una charla donde habló de su camino recorrido como escritor, de sus gustos literarios, de su reciente obra, y de la rebeldía en la tarea literaria.

—¿Cómo empezó a escribir?

Desde chico empecé a escribir, sin ningún conocimiento más allá de las cosas que uno escribe desde el corazón, aunque después fui cultivando eso con talleres literarios. Ese fue mi primer despertar. El tema es que yo escribía y tiraba todo, porque en ese tiempo me daba vergüenza. Después pasaron los años, ya era una persona adulta, y tuve que buscar unas boletas de la luz para ir a pagar. Hurgando por todos lados, encontré en unos cajones de mi madre un montón de hojas arrugadas. Me puse a leer y ahí me di cuenta que mi mamá había guardado todas las cosas que yo escribía; ella las sacaba del cesto donde yo las tiraba porque le gustaba lo que hacía. Debe haber sido porque mi mamá es docente.

—¿El gusto por la literatura desde niño viene por esa madre docente?

Sí, por supuesto. Pero también me parece que lo tengo en los genes, porque he tenido varios familiares escritores. Tengo un bisabuelo francés, que se llamaba Henri Mavit y era filósofo. Eso es por parte de mi papá, por parte de mi madre había un tío abuelo, Gutiérrez Soto, que también era poeta pero cordobés. El hermano de mi mamá escribió un libro de poesías referido a Justo Daract y mi padre le recitaba poemas de Becquer a mi mamá cuando eran novios.

—¿Qué comenzó leyendo de chico?

Era romántico, leía a Neruda y a Becquer. Hasta que un día conocí a Edgar Allan Poe, y me transformó. Empecé a escribir cosas más dark (oscuras). Leí a Benedetti, Galeano, Borges… y de los escritores provinciales me gusta Agüero.

-Recién habló de un primer despertar, ¿cómo se dio el segundo?

El segundo despertar se dio por el año 2010, cuando empecé a escribir en mi Facebook con el seudónimo de Poeta Obrero.

—¿Por qué eligió ese seudónimo?

Porque yo trabajaba en una minera en La Toma, y había algunas cositas que no me gustaban porque es un trabajo insalubre. En ese momento comencé a escribir algo sobre eso, fueron uno o dos poemas. Y cuando regresé a Villa Mercedes, en el 2012, como más o menos me ubicaban como el Poeta Obrero, por el Facebook, me invitaron a ser parte de los cafés y talleres literarios de la ciudad.

-Además de los talleres literarios, ¿tuvo alguna formación académica en Letras?

No. Estuve cerca de meterme a estudiar Periodismo en Buenos Aires, pero por esas cosas de la vida, entré a estudiar el Profesorado de Educación Física acá. Ahí dejé lo literario, mas o menos desde los 19 años a los 26. Recién empecé de vuelta cuando estaba en La Toma, como te conté.

Mavit, en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Mavit, en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

-«Poemas penitentes» es su nuevo libro. Ya había sacado otro el año pasado, «Poemas de un poeta obrero». ¿Con qué van a encontrarse los lectores en esta nueva entrega?

«Poemas penitentes» es un reclamo a las cosas malas que hace el ser humano. De ahí el nombre, la idea de penitencia como un castigo a esos actos. En el libro van a encontrarse con poemas que titulé «Ni una menos», «Corruptos», «Indiferente», «Racismo», «Vietnamita» (que habla sobre la guerra). Aluden generalmente a reclamos sociales. En este nuevo libro repetí algunas cosas que hice en el anterior; por ejemplo, en ambos hay un poema que lleva el mismo título del libro, en ambos el primero y el último poema tienen el mismo título, en ambos el segundo poema es un acróstico vertical, son cosas que hago por mero gusto.

-¿Por qué decide plantear en la obra esos reclamos sociales?

Mirá, yo soy rocker, y así como el rock & roll es en muchos casos un reclamo, para mí la literatura también lo es. Esa rebeldía es indispensable para el escritor, más allá de lo creativo o artístico, se puede influir en la sociedad mostrando conceptos propios. A través del arte han nacido muchísimas cosas que han hecho cambiar el mundo.

-Y en base a esa rebeldía, ¿cómo define su literatura?

Es muy difícil definirse, porque cuando te definís te estás encasillando en algo. Hago versos libres, no uso la rima. De hecho la rima está cayendo en desuso, se busca el desrimado para que importe más el mensaje global del poema. No escribo sentimientos, como hace unos años atrás; hoy es mucho mayor la parte de ficción en mis poemas.

—¿Por qué se dio ese desplazamiento?

Es que cuando uno empieza a escribir los sentimientos están mucho más involucrados, pero cuando se va madurando, cuando se aprenden recursos estilísticos, se adorna de otra manera la creación literaria. Ya no son sólo sentimientos, aunque los sigue habiendo, pero entra a jugar la ficción. Es otro vuelo, porque podés llegar a escribir cosas que le han pasado a otros. Eso da más libertad al escritor. Escribir no es solamente exteriorizar sentimientos.

—¿Se considera un escritor puntano?

Mercedino. Pero un proyecto de escritor, más allá de los libros que saqué. Aunque sí me he siento escritor en algunos momentos, como en la Feria Internacional de Libro de Buenos Aires, donde fui como un escritor de la Editorial Dunken. Me sentí orgulloso de representar a Villa Mercedes allí.

 

A continuación, Hugo Mavit recitando el poema «Consejo»:

 

Nota: Kafka Tamura.

Foto: Facebook de Hugo Mavit.

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