La intepretación multiplica la obra

Vigencia del autor de «Las palabras y las cosas». El Congreso «La actualidad de Michel Foucault» revitalizó con nuevos análisis los clásicos del autor francés.

Madrid. ¿Por qué un filósofo, un escritor tiene vigencia? O, por el contrario, ¿por qué la historia sepulta a ciertos pensadores? ¿y por qué la siempre tumultuosa actualidad parece exigir la lectura de ciertos autores?

Los días 6, 7 y 8 de marzo se realizó en la Universidad Complutense de Madrid el V Congreso Internacional “La actualidad de Michel Foucault”, organizado por la Facultad de Filosofía de esa universidad, la Red Iberoamericana Foucault y el Grupo de investigación Pensamiento Español y Latinoamericano. El Congreso –que se realiza desde hace seis años– “reúne a especialistas en la obra de Foucault, en particular, de Iberoamérica, y se ha transformado en uno de los foros en español y portugués de mayor relevancia en la materia”, explica Marcelo Raffin, filósofo argentino. Las 12 conferencias pronunciadas por especialistas, las 25 mesas de comunicaciones, la gran cantidad de expositores (alrededor de 120) y los muchos países representados (Argentina, España, México, Brasil, Colombia, Italia, Chile etc.) confirman las palabras de Raffin y dan cuenta de la vigencia del pensamiento de Foucault. Y son una oportunidad para preguntarse cuál es la clave en la que se cifra esa actualidad.

Las universidades y las actividades académicas en general (como en este caso el Congreso Internacional ‘La actualidad de Michel Foucault’), no deberían limitarse a la transmisión más o menos erudita de saberes o a la conservación comentada de un archivo (“Un nuevo archivista es nombrado en la ciudad”, escribe Deleuze en la primera línea de su libro sobre Foucault). También deben operar sobre el tiempo, extrayéndole al devenir temporal potencias aun no realizadas.

Las palabras de Gustavo Romero, otro argentino especialista en Foucault, permiten entender de qué manera particular el pasado se realiza en el presente, incluso acrecentando su gravitación, a través de la obra de Foucault. Romero destaca la “inmensa circulación de los libros de Foucault traducidos al español y al portugués”, también la presencia cada vez más fuerte de sus textos en las universidades y planes curriculares y dice: “actualmente el español es el idioma en el que más se lee y se escribe sobre Foucault”.

Eterno retorno de lo mismo (el pensamiento de Foucault) aunque diferenciándose. Foucault murió en 1984 y su obra induce comentarios, congresos, revistas especializadas, seminarios y traducciones, una actividad hermenéutica que, lejos de agotar su obra, la multiplica. Matías Saidel, otro filósofo argentino y expositor en Madrid, puso el acento en la actualidad del pensamiento de Foucault, decisiva por ser “una ontología crítica del presente y una apertura hacia otro devenires posibles.” La clave para comprender la vigencia de Michel Foucault no se cifra solamente en la importancia que ciertos conceptos desarrollados por él –biopoder, genealogía, cuidado de sí, tecnologías del yo, etc. tienen para entender algo del presente, la historia de ese presente y las luces oscuras del futuro, sino en la forma en que, a través de sus textos, podemos comprender cómo la palabra salva el tiempo. Al modo de los profetas, la palabra de Foucault muestra cómo el pasado continúa desenvolviéndose en el presente y que, porque vivimos en lo que no ha sido aún, es imprescindible continuar indagando en su trabajo. Para poder, al menos, afirmarnos en la lucidez de un pensamiento que, paradójicamente, señala cesuras, transiciones y penumbras iluminadas por palabras.

Solange Camauër es Dra. en Filosofía, escritora, Premio de Novela Negra Getafe-Madrid.

Revista Ñ.

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