Jorge Sallenave: “El ser supremo es la naturaleza”

Cuando acaba de finalizar el plazo de presentación de obras para nuestra convocatoria de ficción especulativa (CoLiPuCiFa2018), Jorge Sallenave reflexiona sobre la ciencia ficción, uno de sus géneros preferidos al que le dedicó cinco obras. Filosofía entre el humo y los ruidos del hotel.

Con el codo derecho sobre la mesa en el Hotel Regidor, mientras piensa Sallenave gira la muñeca y aspira lentamente un Marlboro Gold. Hace una mueca simpática. Acomoda el cenicero con pequeño tiritones. El ruido de las tazas abomba. Una breve tregua del frío arrojó a los vecinos al resplandor gris de la vereda. Mientras tanto, nos hundimos en esta charla de café.

_ ¿Tiene una visión pesimista u optimista del futuro?

_ La mayoría de los escritores que se han dedicado a la ciencia ficción han visto el futuro como negativo, no sólo en forma individual sino que los sistemas políticos imperantes en estos libros hablan de una sumisión del mundo en manos de determinadas personas. En general, los extraterrestres, salvo ET, logran dominar al humano.

Pero a esta pregunta no la puedo responder sin despegarme de la situación humana. Hay dos posibilidades: O el hombre nace bueno y la sociedad lo pervierte, como planteaba Rousseau, o que el hombre nazca malo y la sociedad lo perfeccione, como planteaba Hobbes. En la historia se ve cómo las diferentes sociedades del mundo han sido violentas: árabes, griegos, romanos, argentinos…

_ ¿Cree que la historia se repite?

_ El ser supremo es la naturaleza, maneja todos los extremos sin que nos demos cuenta. Hemos avanzado muchísimo en tecnología pero un meteorito puede hacer pedazos la Tierra. Nosotros no podemos modificar la naturaleza. Si hacemos historia vemos que han habido congelamientos, erupciones, especies increíbles extinguidas, continentes separados. Un millón de años para la naturaleza tienen tan poco valor como un segundo nuestro.

Hasta el día de hoy no veo que el ser humano, en su parte interna, haya mejorado. Estamos cubiertos de guerras, con problemas de alimentación, salud y esto me hace suponer que no cambiará mucho porque pareciera ser que el hombre necesita poder.

_ ¿Esta conciencia del espacio mínimo que ocupa el hombre en el universo también la tiene presente al momento de escribir?

_ He asumido que conviene escribir sobre segmentos pequeños. No toco temas de políticos o militares célebres, muy por el contrario, siempre he tomado como medida al ser humano común o, hablando en lunfardo, a los perejiles de la comunidad.  Yo me siento una persona común. Nos ha tocado un segmento de vida, para algunos más cortos para otros más largo, pero cada uno tiene el valor refulgente de la naturaleza.

Revistas y experimentos caseros

El primer contacto de Sallenave con la ciencia ficción fue a través de revistas nacionales e internacionales. Luego inventó chispazos caseros. “Mi madre era dueña de una farmacia, yo le sacaba unos recipientes de aluminio para poner potasio y los encendía como cohetes”, narra el autor que nació el 10 de febrero de 1944.

Ya más grande, con Migliozzi, (esposo de la historiadora “Cholita” Carreras), Jorge armó una radio a galena. “Cortamos un lata de galletitas a la mitad para colocar una válvula o potenciómetro”, dice mientras fuma y con su habitual suspenso, lanza: “Cuando prendimos la radio sólo tomaba señales de Alemania”.

Sallenave se recibió de abogado, escribano y procurador en la Universidad de Buenos Aires. Trabajó como guionista de historietas, radio, televisión y fue columnista de diarios. Publicó sus historietas en Editorial Columba, Dante Quinterno y otras. Hizo programas en Radio Rivadavia, Radio El Mundo, Radio Excelsior.

La ciencia ficción está plasmada en sus obras «La Quinta», «Tréboles y Diamantes», «Cuentos del viento», «Lamagrande», «El Señor Standard», «La Señorita Oil» y «Bengolea».

Entre los libros que lo influyeron como lector de este género, Sallenave enumera: «El día de los trífidos», «La guerra de los mundos», «Veinte mil leguas de viaje submarino», «De la tierra a la luna», «Crónicas marcianas» y «Fahrenheit 451».

Nota: Acrílico.

Fotos: ANSL.

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