El refutador de leyendas: Pedro Bazán presentó “La imaginación sumergida”

Abrazado a sus dos hijos, Pedro Bazán realiza, inconscientemente, un acto que se ha permitido muy pocas veces en su vida. Llorar. Apenas, pero llora. Contenido por la presencia de muchos conocidos que asistieron a la presentación de su nuevo libro, “La imaginación sumergida”, el escritor sólo deja que sus ojos se humedezcan y tomen el rojo de la alegría. Son lágrimas que salen desde lo más profundo de su sinceridad.

En esa escena completa de ternura y amor fraternal se comprime –como las emociones en el pecho de Pedro- una buena parte de lo que acaba de suceder en la presentación de su nueva novela, un intrincado policial plagado de humor negro que le llevó diez años terminar.

“La imaginación…” cuenta la historia, entre otras, de Sebastián, un hombre que accidentalmente es hijo del mar. También relata la vida de su madre, una mujer convertida en prostituta para encontrar al hombre que embarazó. Y de Salcedo, un policía que busca su condecoración. Y de un escritor en busca de la consagración.

Fue Paola Duhalde –periodista, escritora y compañera vital para Bazán, pero sobre todo madre de su hija más pequeña- quien vio en lo que inicialmente era un cuento, una potencial novela. “Ella me dijo, una vez que leyó el manuscrito, que podía profundizar en la historia”, reconoció el autor en la presentación.

El hecho de que el emotivo acto se haya realizado en “Los libros de Charlie. Palacio cultural” fue especial para Bazán, ex periodista de El Diario de la República y actual jefe de San Luis Libro. La presentación fue la tercera actividad del emprendimiento, que encontró en Fernando Salino, el presentador del libro, una sentida explicación.

“Es muy bueno buscar salir del duelo y del dolor creando una biblioteca, si esto pasara más seguido, otra sería la actualidad cultural”, sostuvo el rector de la ULP.

Sin caer en la autoindulgencia, Pedro prefirió que su alocución se centre más en la literatura universal que en su novela. Contó que cuando era chico y vivía en la zona rural de Rufino se adentraba en las siestas en la biblioteca de la casa y gracias a los clásicos griegos abría puertas imaginarias. Sumergía su imaginación.

“Me emociona la literatura”, puntualizó el escritor en un momento de su charla, entre recomendaciones de Kafka, García Márquez, John Kennedy Toole y Jack London, entre otros. Y fue durísimo con los que considera los responsables de que la gente se aleje de la lectura, los académicos  y los docentes. “No logro aceptar que se etiquete a los autores”, protestó.

Tan preocupado está Pedro en refutar teorías, que a veces, según dijo Salino -quien se consideró su amigo- se boicotea sus propias sentencias. A tal punto llega esa posición, que el presentador dijo que él y el autor piensan exactamente lo contrario “en casi todo”.

La más lúcida apreciación que hizo el rector en torno al alumbramiento de la novela fue cuando la calificó como “un excelente ejercicio de libertad”. Salino celebró el hecho de que Bazán haya tenido a esta altura de su vida la necesidad de contar lo que sucede en “La imaginación…”, una obra que si bien no es autobiógráfica tiene algunos condimentos en los que se reconocen las costumbres del autor.

Los whiskys que se toma uno de los personajes, “son los whiskys que alguna veces se tomó Pedro”, confió el presentador, con el simpático e hidalgo reconocimiento de Bazán, sentado a su lado.

El Diario de la República.
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