Con el balón y la pluma, Alberto Gatto comparte sus «Sueños de gol»

En un encuentro disputado frente a frente en una oficina del edificio Estrategias del complejo de descentralización administrativa Terrazas del Portezuelo, nos animamos a entrar a la cancha junto a uno de los ídolos del Club Sportivo Estudiantes, quien ha sido elogiado públicamente como «el mejor 7 de la historia del fútbol de San Luis», estamos hablando del hábil win derecho, Jose Alberto «el Pato» Gatto.

Alberto, en la actualidad, siempre con la "redonda" presente.

Alberto, en la actualidad, siempre con la «redonda» presente.

Se trata de un emblema y estandarte del «Albiverde», con presencia de mediocampista, veloz jugador de periférica visión, de gran pie, de respetables gambetas, y que (como rescata de su fuente inagotable de recuerdos) en uno de sus grandes partidos dejó revolcado sin chances por el piso al arquero local para dejarlo solo frente al arco ni más ni menos que al «Búfalo» Funes, quien compartió delantera con el «Pato» y quemó  la red con un derechazo inolvidable.

En esta oportunidad, en la entrevista regada de anécdotas deportivas, Gatto contó sobre la experiencia de escribir un libro con su historia.

—¿Cuándo y cómo comenzó la iniciativa de este libro?

—En el año 2012 San Luis Libro propuso que puntanos deportistas contaran historias, anécdotas, relatos y entrevistas que reflejaran la memoria de los hechos deportivos de la provincia. El libro nació casi por casualidad, como una iniciativa que fue creciendo con el tiempo hasta desembocar en la convocatoria al concurso sobre las «Historias del Deporte de San Luis». En ese entonces fui invitado, por mi trayectoria deportiva, a generar un relato sobre mi experiencia en las canchas.

—¿Cuándo se terminó de editar el libro sobre tu vida deportiva?

En el año 2016 se editó el libro, donde relato en primera persona las historias y anécdotas de mi carrera por el Club Sportivo Estudiantes, junto a la historia de proezas del deporte como Simón Escobar, Rosendo Hernández y Federico Schmidt.

Alberto, festejando un gol de su hijo Nicolás vistiendo la camiseta del "Verde".

Alberto, festejando un gol de su hijo Nicolás vistiendo la camiseta del «Verde».

—¿Cómo se llama este libro y qué tiene para ofrecer?

—Es «Sueños de Gol». El relato en primera persona donde cuento distintos momentos de mi vida, ya rememorado como ex futbolista. Sólo tres días me bastaron, con la valiosa colaboración de mi hija Agustina, para escribir y llenar de historias este libro.

En el primer capítulo nos encontramos con «El sueño del pibe», donde «el Pato» nos cuenta el periplo realizado para poder jugar en Estudiantes, y relata (entre otras cosas) que cuando niño vivía a una cuadra del club, pero su padre lo fichó en el club Huracán; Alberto, un poco insatisfecho, a pesar de su corta edad sólo quería jugar al fútbol pero le «tiraba» el «Verde». Tenía que cruzar gran parte de la ciudad para asistir a los entrenamientos en el «Globo», aunque palpitaba en su corazón la intención de jugar en el club de sus amores, él quería vestir la «verdiblanca». Es por eso que faltó durante un año a los entrenamientos, para que los dirigentes lo dejaran «libre», y así consiguió el pase al «Albiverde».

—¿Cuándo comenzaste a jugar profesionalmente?

—A los 14 años, debido a mi gran habilidad fui el jugador más joven en debutar en la selección mayor puntana de fútbol. Los años pasaban y de a poco me afianzaba en mi posición de volante por derecha (o win derecho), los jugadores cambiaban pero yo me ganaba cada vez más el derecho a vestir la casaca de Estudiantes.

Alberto únicamente vistió la camiseta de Estudiantes. Lo quiso llevar San Lorenzo de Almagro, Velez Sarfield, Gimnasia de Mendoza, pero él se mantuvo siempre fiel a sus colores, jugó desde los 14 años hasta la fecha de su retiro. Todavía muy joven, y por desinteligencias en la directiva del club por aquel entonces, Gatto se retiró del deporte profesional a los 29 años de edad.

Gol, con pelota y cuerpo.

«Una tarde de gloria»

En este capítulo Alberto cuenta lo que pasó una tarde en la que se disputaba una semifinal en la ciudad de Villa Mercedes, contra Alianza. «Son bravos los mercedinos», dice el «Pato» que dijo esa tarde, antes de entrar a la cancha; una persona de la hinchada se acercó con un dedo acusador y le dijo «Pato, así vas a salir vos de la cancha». Con el temor propio de una amenaza de esas características, de igual modo Alberto entró a la cancha y fue el deleite para los presentes con sus piques largos, sus amagos y gambetas. Según nos cuenta Gatto, ese día el «Loco» Lucero le hizo un gol de arco a arco al «Cabezón» Miranda, lo cual terminó siendo tapa de la revista «El Gráfico». «Ese día ganamos 3 a 1. En el tercer gol, me la tiran larga, gambeteo al arquero y a mi izquierda lo veo al ‘Búfalo’ que me la pedía, y así fueron él más el balón, directo hacia la red, concretando el último gol de la tarde y el paso a la final con el ‘Verde’. Esa tarde la rompí, jugué uno de mis mejores partidos. Por eso para mí fue una tarde de gloria, jugar con uno de los mejores jugadores que dio el fútbol argentino, esa misma tarde ver el mejor gol de la historia de arco a arco, todo glorioso esa tarde».

—¿Qué otros capítulos vienen con «Sueños de gol»?

—Otro capítulo es «Con voz ronca»; con ese te vas a querer morir cuando te lo cuente. Rápido: 20 de junio del 83 u 84, ese día en el aniversario del club se organiza un cuadrangular en nuestra cancha donde vinieron Velez Sarfield de Buenos Aires, Talleres de Córdoba, Pueyrredón de Villa Mercedes y nosotros, los anfitriones, organizado para festejar el aniversario.

—¿Y qué pasó esa tarde?

—El cuadrangular duró dos días, por supuesto a nosotros nos tocó jugar con el equipo más débil, para poder tener chances de jugar la final, y así fue, pasamos a Pueyrredón y luego jugamos la final contra Velez. Ganamos 2 a 0 con gol de Lalo Zabala y Silvio Magallanes, ese día jugué el mejor partido de mi vida, como será que el defensor me dijo «¡Me pasás una vez más y te corto la cabeza, la c***** de tu madre!».  Ese mismo día, ya siendo la noche, la institución organizó una cena para todos los clubes. Cuando estamos sentados, después de comer los postres y ya por terminar el agasajo, me toca el hombro un señor con el uniforme de Velez Sarfield y me dice: «¿Vos sos el 7, Gatto?», respondí que sí y me dijo: «Basile quiere hablar con vos…».

Esto está narrado en el libro:

…Eran 10 metros, las zapatillas que tenía eran unas «Derby» Topper, blancas, me pesaban 200 kilos, no llegaba nunca hasta donde estaba el tipo. Sentado, el «Coco» fumaba unos Virginia Slims y tenía otro atado de Benson Hedges sobre la mesa:

—Pibe (por esto el título del capitulo), ¿querés jugar en Buenos Aires?

—Por supuesto que sí, pero le explico: yo soy jugador del club y el pase no me pertenece.

—Bueno, ¿quién es el presidente? Quiero hablar con él.

Habló con el presidente, seguramente le habrán pedido una cifra que ni me molesté en preguntar, cifras orbitales por mí. Al rato el «Coco» viene, se acerca él y me dice: «Pibe, vos lo podrás valer, pero allá no te conoce nadie, no podemos pagar esa plata por vos». Y en el libro, ese último párrafo termina cuando yo voy a llegando a mi casa, me encuentro con un amigo mío del barrio que me dice: «‘Pato’, que partidazo te jugaste hoy, la verdad quedé emocionado de ver tu manera de jugar al fútbol».

Así Gatto, emocionado con la anécdota, cierra: «Tendrás que leer el libro para terminar de comprender lo que te cuento».

Jugador y DT, Gatto y Bilardo.

«David y Goliat»

—¿Qué historia se encuentra detrás de este título?

—Habíamos ascendido a jugar la final con Aldosivi en Mar del Plata, año 87. Entonces, a modo de celebración, el club invita a River Plate, que andaba haciendo una gira por todo el país, porque había salido campeón de la Copa Libertadores, con gol del «Búfalo» Funes, en la cancha de River. Ese dia vino Francescoli, Pumpido, Alonso, todo el plantel. La cancha llena. Yo era «jetón», era de levantar la tropa, de agitar a mis compañeros jugadores, no me quedaba callado nunca, tenía respaldo porque yo decía que hasta que no trajeran a uno mejor que yo, era intocable, podía hablar. Ya en el vestuario, hablé con los muchachos:

—¿Vieron cómo está la cancha? ¿y no vamos a cobrar ni un mango nosotros?

—Tenés razón —dijo uno—. Está bien, es River, respetamos, pero tenemos que cobrar algo si somos anfitriones.

—¿Y quién va a hablar?.

—El «Pato» —respondieron varios.

Fui hasta el «Bocha» que era el presidente y le conté lo que pensábamos…

—»No, ¿estás loco? —dijo— Vamos a hacer una cosa, vamos a jugar por los puntos.

—¿Cómo por los puntos?.

—Claro, si ganás, tanto dinero. Si empatás, otro tanto, y bueno, si perdés…

En el libro dice «Soy boludo pero no como vidrio», y continúa el relato:

—¿Qué le vamos a ganar a River? No no, así no…

—¿Entonces qué vas a hacer?

—No jugamos.

—Bueno no jueguen, anda a decirle vos a la gente -contestó el «Bocha».

Estaban el Adolfo y el Alberto en la platea (hace el paréntesis Alberto).

—Mira que yo voy —continuó el presidente del club—, te van a colgar de un eucalipto si no se juega el partido.

Al final, después de una tormenta logramos arreglar:

—Está bien, —dijo el «Bocha»— cámbiense que vamos a jugar.

Nos dejaron cien pesos, que eran como mil pesos de ahora. Y ese fue el hondazo que David le pegó en el medio de la frente a Goliat, aunque en el libro está relatado de otra manera.

Estando en el vestuario se acercó el Enzo Francescoli

—»¿Viejo, qué pasa —preguntó, algo fastidiado—, por qué se está demorando el partido?

—Y, pasa que no nos quieren dar un mango a nosotros.

—Tenés razón en lo que estás planteando, pero hermano, nosotros estamos cansados, hace semanas que andamos arriba de colectivos, yendo para un lado y para el otro. La verdad es que queremos jugar e irnos a casa…

Ese día entramos sin hacer el precalentamiento, así nomas entramos a la cancha. Ese día también fue uno de los mejores partidos que hice en mi vida. En la primera pelota que toco, sale a marcarme el lateral izquierdo, como queriendo venir a comerme, y de 5 metros le metí un caño. Como yo juego pegado a la línea, lo escuché al «Bambino» Veira decir: «Tengan cuidado con el 7 que no es ningún huevón». Ese día perdimos por poco, 3 a 2.

—¿Termina de esta manera tu apartado en «Historia del Deporte»?

-No. Hay un capítulo más. El último, que se llama «El Pato no se va».

—¿Cómo resumes esta experiencia deportiva y literaria?

—En esta parte final del libro cuento cómo decido mi retirada del club y del fútbol. Cuando mi decisión por casarme y el nacimiento de mi hijo influyeron también en lo futbolístico. Había cumplido una etapa. En cierta parte del final también relato cuando mi hijo juega al fútbol, está relatado cuando Nicolás le hace el gol a Tombolini, allá en el estadio «Juan Gilberto Funes»; que después de tantos años se juntan de vuelta en el Argentino «A», Juventud y Estudiantes, el clásico puntano, ese fue un hecho histórico, el 13 de octubre del 2013. Venía Juventud con la racha de jugar hace muchos años este Torneo Argentino, hasta que Estudiantes ascendió de categoría y pudieron encontrarse nuevamente en un clásico. La cancha explotaba. Nico hace el gol y recuerdo que le tomaron una foto en el momento justo que mira al cielo extendiendo su brazo agradeciendo por esa alegría, por esa conquista.

Ya sobre el cierre, el brillo en los ojos de Alberto es algo evidente e inevitable…

—En esa época, en la que escribí el libro, mis tres nietos jugaban en Estudiantes, los tres jugaban con la «7» en la espalda, ahí describo que cuando mis nietos llegaban del entrenamiento y me contaban las jugadas, los goles reales o imaginarios que convertían, me di cuenta que el «Pato» nunca se había ido de Estudiantes.

Nota para Caminos de Tinta: Keno.

Fotos: Libro «Historia del Deporte» y cortesía de Agustina Gatto.

Video: Archivo de Agencia de Noticias San Luis.

Corrección y edición: Sinforiano Digital.

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