“Benarós escribió y pintó hasta los 92 años”

Livia Felce, hija del poeta villamercedino, comparte recuerdos y sueños de quien tempranamente se sintió rodeado por el infinito.

Ya la primera obra ubicó alto a León Benarós en la poesía argentina. “El rostro inmarcesible”, de 1944, ganó el Premio Municipal de Literatura y, entre otras distinciones, fue elegido “El Libro del Mes” por un jurado formado por Jorge Luis Borges, Pedro Henríquez Ureña, Victoria Ocampo, Enrique Amorío, Baldomero Fernández Moreno y Martínez Estrada.

De su pluma también brotó la bella zamba “La Tempranera” que incluso fue grababa por Mercedes Sosa.

 

Un poeta rodeado por el infinito

_ Su padre dijo que al folclore lo vivió antes de escribirlo, ¿sus poemas también nacían así, es decir desde la experiencia?

_ Cuando se nace poeta, es decir, que desde chico, se toma un lápiz y se escribe por deslumbramiento del paisaje que es en general el de la infancia, esos primeros amores llevan a escribir los primeros poemas. Desde los catorce años escribió en su cuaderno “soneto a su aldea” y muchos otros que no quiso dar a luz y que algunos amigos le publicaron en la revista del colegio o del pueblo. Esto sucedió en Chivilcoy. En esos sonetos dibujaba lo que encontraba de pintoresco en la ciudad, pero la nostalgia de los grandes campos, los pastos y paisajes nacen antes, cuando nació en Villa Mercedes, San Luis,  donde su padre tenía campos de alfalfares y más tarde cuando vivió en la quinta de Banfield  y  niño aún se dormía mirando las estrellas, con su guitarra cubierta por el ponchito. Desde entonces sintió que el infinito lo rodeaba. Y ese asombro lo llevó a su poesía.

Luego siguieron en Villa Castex, La Pampa, y antes de pasar a Chivilcoy  dos  años en San Martín, Mendoza. En esta ciudad comenzó el bachillerato y vivió en una casa de campo, amplia en donde conoció las guitarreadas y costumbres de campo. Aquí nació su convivencia con el folklore.

La casa en que nació León, estaba en la esquina de Buenos Aires y 9 de Julio, con entrada por la calle Buenos Aires, Villa Mercedes, San Luis. El poeta nació bajo el signo de Acuario la tarde calurosa del 6 de febrero de 1915.

En otros campos, las mismas soledades pampeanas  lo vieron correr y subir a un caballo bravo y mañoso que salta un zanjón, mientras el niño aferrado a las crines se siente un hidalgo que ha vencido obstáculos. Su infancia fue la de un pequeño libre, investigador de los pastos y las flores que en el futuro estudiaría para escribir sobre ellas con el  conocimiento de un especialista. Esa infancia tan cerca de la Naturaleza y la libertad,  le habrán dado la impronta de un temperamento que puso en cada día y en cada línea de sus poemas, el sentido de sólo obedecer su deseo, su inspiración y su voluntad. Y también de nostalgia. De aquellos parajes nacería años más tarde “La despedida”, que comienza así:

 

Pampa toda donosura,

jagüeles míos, aguadas,

lomitas aquerenciadas

 y de pareja lindura.

Cuándo madrugada pura,

me verás de vuelta, cuándo,

trébol de olor, pasto blando

aromitas del bibí,

pagos donde yo nací,

adiós, que me voy llorando.

 

De lo trascendente a lo popular

_ Benarós fue además un conocedor de la botánica, lingüista, dibujante, caricaturista y pintor, ¿recuerda de dónde nacía ese interés por diferentes disciplinas y cómo lo alimentaba cotidianamente? ¿Tenía algún ritual de escritura?

_ El bagaje de sus mudanzas, debido a la muerte de su padre, lo hizo conocedor del país. Fue abogado, historiador, crítico de arte, pintor aficionado, poeta en sus dos vertientes: existencial y también histórico, en sus romances que cuentan la vida de personajes, basados en puntuales hechos vividos y también de personajes anónimos.  Como Benarós dice en un prólogo:

“En arduos caminos se interna a veces mi sentir. En sendas anhelosas de prohibidas verdades; en aventuras del pensar, de las que vuelve con desaliento, trabajado el corazón por esa sed de asomarse al Todo, a la razón de estar en la Tierra. Como el ávido de agua inocente y pura, después de apurar extraños licores, es bueno entonces arrimarse al canto del pueblo, pulsar con humildad la guitarra del payador. Cuidado con desdeñarla, porque de su boca suelen salir verdades que el más culto no sospecha, sentencias que apuntan a lo profundo del vivir, coplas que no resbalan por la cáscara de los días, sino que salen de los entresijos del alma para dictar los desengaños de la hora extrema.

En tal sentir pendular se hamaca mi sentir: de lo trascendente más arduo a lo popular entrañable”.

León Benarós solía escribir por la noche, necesitaba el silencio y lo hacía a mano en borradores que luego pasaba a máquina y a veces, un tiempo después, merecía alguna corrección o no. Su inspiración, lo dice antes, venía de su percepción de sentir la existencia, de las experiencias tempranas de la pérdida del padre y hermanitas pequeñas. Además, todo le interesaba. Escribió, por ejemplo, El Libro de las Flores, y Flores Argentinas, poesías que tuvieron música del maestro Carlos Guastavino y cuyas descripciones son científicas y literarias acordes con su forma, color, perfume. Y así investigó desde joven, historia, botánica, la pequeña historia de la ciudad de Buenos Aires,  y escribió cientos de artículos que se publicaron durante 50 años en la revista “Todo es Historia” en su sección “El Desván de Clío”, que más tarde, con una selección salió en libro.

 

Un extenso legado literario vigente

_ ¿Cómo Neruda leyó a Benarós?

_ Jorge Luis Borges llevó el Romance de la Muerte de Juan Lavalle para que se publicara en la revista SUR, N°159. Eran 14 páginas a dos columnas. Cuando el escritor Horacio Salas le hizo un reportaje a Pablo Neruda, éste le manifestó su opinión: “León Benarós  dio al romance su verdadera magnitud, alcanzando un nivel que ni el mismo García Lorca había tratado de profundizar”. Luego cuando Neruda visitó Buenos Aires se encontraron en varias ocasiones con mutuo aprecio.

_ Benarós fue amigo de César Rosales, ¿qué recuerdos tiene de su relación con los poetas puntanos?

_ Cierto, León Benarós fue amigo, de los entrañables, de César Rosales ambos se visitaban con sus esposas y participaron juntos en las Jornadas de Poesía en Piriápolis, Uruguay, por varios años. Lamentablemente Rosales partió temprano de la vida. De San Luis, que Benarós visitó en varias ocasiones para dar charlas, recibió la estatuilla de ónix, Trofeo de Villa Mercedes en 1976. Siempre estuvo al tanto de la actividad literaria de su provincia y también en Buenos Aires por propuesta de la diputada Maria A.Torrontegui  recibió un homenaje en la Cámara de diputados de la Nación con la presencia del senador  Adolfo Rodríguez Saá .

A su muerte hice una donación de su obra a la Biblioteca Rosenda Quiroga y organicé la edición “Obra Poética” que hizo San Luis sobre la obra de León Benarós. También por ley se nombró el “Plan de lectura León Benarós” para incentivar dicha actividad en los alumnos en 2002.

_ ¿Siente en la obra de Benarós parte del legado marroquí?

_ No lo creo más que como una curiosidad por sus ancestros, ya que al visitar España buscó calles o lugares de la procedencia de sus padres, Tetuán, por ejemplo. Por el contrario fue poeta arraigado a nuestro país, su tierra, costumbres, historia y leyendas que las hizo vivas a través de los romances, payadas y décimas. Se nutrió del folklore, coplas populares que enriqueció con sus décimas. Tal vez nacido en cualquier parte hubiera sido poeta, pero no lo sabemos. Tenemos lo que realmente hizo y por supuesto tiene la raíz española que nos legó la conquista.

_ ¿De todos sus libros cuál todavía relee y siente que la acompaña de forma especial?

_ Releo en este momento El Desván de Clío, y muchas veces El Rostro Inmarcesible porque me trae recuerdos de mi Juventud cuando con mi madre lo leíamos en voz alta. También me acompaña Memorias Ardientes, en donde el poema El Ínsito está dedicado a César Rosales. No sé si es un libro, es toda su poesía existencial, cada vez más profunda en el continuo de su obra.

_ ¿Cuál poema considera que lo definiría mejor?

_ Para conocer a Benarós puede bastar un soneto y prenderse de su música y su sentido, a veces metafísico, pero implicaría leerlo más.  Según en qué vertiente se busque no hay un solo poema, como en el caso de La Despedida, al principio, ya que esa nostalgia nos emparenta a casi todos. En lo existencial, puede ser de Memorias ardientes (1970), Primer Premio Municipal.

 

“Por EL FILO del tiempo me resbalo,                   

sin barandales y sin asidero,                   

 intentando negarle al vertedero

 alma que ausculto, reconozco y calo.

 

En la mitad del corazón me instalo

con todo el ser, efímero y entero,

indagando hasta el día postrimero

la orilla terrenal en que recalo.

 

Déjenme ser, llevado por los vientos,

rescatado por altos pensamientos,

llenando con pasión horas vacías.

 

Andando y viendo, aunque fugaz y herido.

Precipitado a lo desconocido

desde los barrancales de los días.

 

_ ¿Cómo imaginaba su padre el panorama literario en la provincia?

_ Siempre pensó que en San Luis hay gente joven capaz de llenar el vacío que dejen los autores que se van yendo de la escena literaria. Siempre hay una cadencia de reemplazos y cada “árbol se verá por sus frutos”.

_ ¿Cree que Benarós vivió en poesía?

_ ¿Cómo se puede penetrar el interior de otro ser? Si me atengo a su vida de estudio y de trabajo, puedo dar el testimonio de que su tiempo estuvo dedicado a la escritura. Era abogado, pero no ejerció la profesión, desde los 14 años escribió en sus cuadernos  los sonetos de los que hablé. Y luego investigó y escribió sobre tantos temas. No iba al cine, no se tomaba vacaciones. Su biblioteca enorme, lo ayudaba a vivir y deleitarse con objetos que coleccionaba: máscaras, títeres italianos, ángeles, mates, herraduras, llaves antiguas, cuadros, tarros del lechero ambulante y mil cosas que llenaban sus paredes. Durante el día escribía los artículos, profusos en varias revistas, y por la noche escribía poesía en cualquier papel, que luego pasaba en limpio como si de pronto un susurro le dictara un poema. Tenía su cuaderno de proyectos en que desde el título le daba la tónica de lo que iba a escribir y luego iba formando las secciones con los temas abordados. Escribió y pintó hasta los 92 años. Esto tal vez sea vivir en poesía.

León Benarós fue cofundador de la revista literaria Correspondencia México-Argentina (1946) y del periódico Contrapunto (1944-1945). Pertenece a la Generación del 40. Murió a los 97 años, el 25 de agosto de 2012. Publicó más de veinte libros y como letrista registró 250 obras.

Colaboró además en la prensa nacional e internacional. Obtuvo múltiples distinciones y reconocimientos. Fue miembro fundador de la Academia de Lunfardo. Algunas de sus poesías han sido traducidas al francés, al inglés y al alemán. Su poesía “La Telesita” ha sido traducida al quichua.

 

Nota exclusiva para CdT: Acrílico.

Fotos: Gentileza Livia Felce.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *