Archivos del CeDinCi: pasión por descifrar un pasado intenso

El Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas cumple 20 años y reclama nuevo edificio.

Ciertos términos mueren y con ellos, el peso de su significado; otros se revitalizan y así logran cambiar la realidad. Hace 20 años, “cuando se hablaba de patrimonio –si se hablaba–, se pensaba en edificios, en patrimonio arquitectónico”, cuenta la historiadora e investigadora Vera Carnovale. Por aquella época, en abril de 1998, se creó el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDinCi), una asociación civil sin fines de lucro dedicada a la preservación del patrimonio cultural de las izquierdas, cuando la noción de patrimonio documental carecía de sentido público. Hoy celebra su enorme patrimonio y lanza una campaña de junta de firmas para conseguir una nueva sede, más grande, que garantice mejores condiciones de conservación, guarda y accesibilidad de su acervo. La petición cuenta con apoyo de figuras del mundo académico, intelectual y político cultural, locales e internacionales. La lista cuenta con más de 1400 nombres y se actualiza cada día.

El acervo inicial se organizó en base al archivo personal que el historiador Horacio Tarcus había reunido a lo largo de veinte años. Para finales de los 90, los fondos personales de militantes, políticos, sindicalistas, escritores, editores, los acervos de pequeñas organizaciones políticas y sociales se volatilizaban de las maneras más diversas. Cuenta Carnovale que el trabajo en estas dos décadas fue múltiple: recibir fondos (algo que no implica en modo alguno pasividad, sino conocimiento, reconocimiento, trabajo profesional, pasión por descubrir, descifrar y entender), entablar un diálogo con los donantes, buscar acervos, contactar con descendientes de militantes, escritores, editores; procesar los fondos con un rigor archivístico e histórico conforme con los estándares internacionales, y darlos a conocer a través de políticas de difusión. Eso, sumado a una labor de concientización colectiva para “llegar a la opinión pública con una serie de ítems sobre la importancia de preservar y hacer públicos estos fondos en una labor de resistencia contra el olvido”, explica. Hoy, entre el material que custodia el Centro, hay más de 160 mil libros y folletos, 10 mil colecciones de revistas y periódicos, más de 20 mil volantes, más de dos mil afiches políticos y 170 fondos de archivo y colecciones particulares. El problema es que la relevancia de todo este material, así como los constantes reconocimientos de donantes, usuarios e instituciones contrastan con una situación edilicia crítica: el CeDinCi resguarda su patrimonio (4500 metros lineales de documentación) en los 310 metros cuadrados de sus dos sedes de Flores, abarrotadas del piso al techo. Por eso figuras como Beatriz Sarlo, José Nun, Griselda Gambaro, Carlos Altamirano, Noé Jitrik, Michael Löwy (CNRS París), Barbara Göbel (Directora del Instituto Ibero-americano de Berlín), Andrey Schelchkov (Academia de Ciencias de Moscú), entre muchos otros, firmaron pidiendo a los Ministros de Cultura, de Ciencia y Técnica y de Educación de la Nación y de la Ciudad lo que desde el Centro solicitan hace años: una nueva sede para salvaguardar un acervo único y en la cual poder desarrollar las múltiples actividades.

El centro de documentación dedicado a la historia de los movimientos sociales y de manifestaciones artístico-culturales más importante de América Latina logró sobrevivir varias crisis antes de convertirse en un archivo y biblioteca de referencia en el continente. Apuntó a modernizar las formas de catalogación y ofrece acceso online y gratuito a más de un centenar de revistas políticas y culturales –a través de su portal de publicaciones AméricaLee– y a más de cuatro mil fotografías e imágenes históricas en su Imagoteca.

El Centro fue declarado sitio de interés de la ciudad en 1999, y acaba de ser reconocido con el premio Konex a las instituciones culturales. En el CeDinCi descansa la palabra escrita de intelectuales y grandes figuras de la historia.

Revista Ñ.

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