Algo de desobediencia y unos perros recurrentes

Dos nuevos libros de Inés Acevedo, Jajaja y Quedate conmigo, expanden el mundo original y cambiante de la autora de Una idea genial.

Algo de desobediencia y unos perros recurrentes

Inés Acevedo. Autora de «Una idea genial».

En Una idea genial, su primera novela, Inés Acevedo relató una historia familiar ambientada en el campo bonaerense y protagonizada por cuatro hermanos. Si bien los personajes y el ambiente retornan en Quedate conmigo, un suceso extraordinario ocurrido durante una tarde de Nochebuena rompe la continuidad entre ambas historias y provoca un desplazamiento de género, de la autobiografía a la ciencia ficción. La caída de un meteorito que resulta ser una nave alienígena que trae a la Tierra dos perros androides saca a Tati, una chica de diez años, de la contemplación del paisaje y la sumerge en una aventura que es, entre otras cosas, un desafío a escribir, porque los extraterrestres solo se irán cuando ella redacte el capítulo final de su libro sagrado.

Quedate conmigo se publica en forma simultánea con Jajaja, recopilación de un conjunto de textos escritos entre 1998 y 2016. Ambos libros componen una trama narrativa con múltiples cruces, como la recurrencia de los perros, la prefiguración de la novela en el cuento que inventa la protagonista de “La niña de la Luna” y la reflexión no tanto sobre la literatura como en torno a las dificultades que la rodean y a las propios vaivenes en torno a los borradores, las correcciones y la expectativa ante la recepción de los demás.

Un hilo visible al respecto son los rodeos de Tati y su decisión final de redactar la profecía que le piden los androides, que la lleva a advertir el modo en que la escritura confunde ficción y verdad. Otro igualmente notable es “Nadie quiere a los extraterrestres”, el relato de la escritura y las gestiones para publicar la novela. La escena determinante parece encontrarse en dos conversaciones con Hebe Uhart, escritora a la que Acevedo dice admirar, de quien anota minuciosamente su decálogo de narradora y a la que escucha con la atención que solo se concede a un maestro. Su desobediencia a las recomendaciones que recibe –primero cuidarse de la ciencia ficción y después olvidarse del manuscrito– son una especie de lección de discípulo: “Hebe fue la primera persona en rechazar mi novela. Pero su rechazo hacia mis fantasías las hizo más mías, las apuntaló”, cuenta.

No se trata de ciego empecinamiento sino de la reafirmación de un mundo donde la lectura de Stephen King desencadena una nueva mirada –con “ojos marcianos”– sobre lo conocido. Lo maravilloso de la novela no está tanto en los episodios sobrenaturales –que refieren más bien a la autobiografía: los “poderes” de Tati recuerdan al padre, meteorólogo aficionado– sino en la historia de iniciación en la amistad, el amor y la literatura que constituye su núcleo, un secreto que relaciona a unos chicos y señala un punto de ruptura en sus vidas.

“Para mí, la maestría está en poder trasmitir la energía de la voz que narra”, dice Acevedo en un relato de Jajaja, y en ese sentido es notable su destreza para elaborar registros muy diferentes como los de “Las cataratas de Iguazú”, donde remeda el español de una coreana –al estilo de los cuentos de Uhart–, o “Miss Strawberry”, el diario de una adolescente estadounidense.

El orden corre en sentido inverso a la cronología, como si fuera en busca, nuevamente, del origen mítico de su escritura. “Días de Banchero” parece inscribir un espacio diferente, el del microcentro de Buenos Aires, pero aquello que funda su sentido de pertenencia al barrio –los murciélagos que anidan en un edificio de Perón y Talcahuano– remite más bien al ambiente natural. Tal vez porque, como piensa Lyvia, otro personaje, “la vida era un territorio y no un lapso de tiempo”.

Quedate conmigo, Inés Acevedo. Marciana, 248 págs.

Jajaja, Inés Acevedo. Mansalva, 168 págs.

Fuente: Clarín.

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