Si el destino juega a los dados

Radiografía de la violencia en el conurbano, Luto presenta una vida puntuada por infortunios, rencores, prejuicios y toques de fantasía.

Si el destino juega a los dados

Edgardo Scott. Autor de los cuentos de «Los refugios», de la novela «El exceso» y del ensayo «Caminantes».

Es curioso que el género del western no tenga más peso en la cultura argentina. Todas las condiciones están dadas: las historias de frontera, los paisajes espectaculares y remotos (qué maravillas podría haber hecho un John Ford argentino), hasta los antecedentes literarios (José Hernández, Mansilla, mucho de Borges), pero, comparado con otros géneros como el noir, no parece haber cautivado el imaginario argentino de la misma manera que hizo con el estadounidense.

Quizá es por eso que el texto de la contratapa de Luto, de Edgardo Scott, arriesga el error extravagante de identificar el libro como “western orillero”. A pesar de las dos escenas de violencia con que comienza y termina la novela, nada podría estar más lejos de la verdad. Los antecedentes de Luto pueden localizarse no cabalgando al lado de Zane Grey sino, como tanta literatura argentina, en los entornos venerables de la Francia decimonónica, más específicamente en los proyectos realistas de Balzac o Zola.

Retrato de una vida pequeñoburguesa en el conurbano, Luto tiene como protagonista a Chiche, el dueño de un local de muebles y electrodomésticos en el que a fines de los 80 o comienzo de los 90 –los parámetros de la novela son a la vez muy focalizados y un poco vagos–, acontece la gran tragedia de su vida. Un día cualquiera (título de la primera parte), su mujer es asesinada por ladrones durante un tiroteo que empezó el propio Chiche en el intento de proteger su mercadería.

La escena es una pequeña joya de prosa desenfadada aunque hay, quizá, algo en la mecánica del crimen que no cierre del todo: al sentirse atacado, ¿el ladrón no debería haber respondido al origen de los disparos, es decir contra Chiche, en lugar de tirar contra su mujer?

Sea como sea, el evento, como es de esperar, marca un punto de inflexión en la vida de Chiche. Sin embargo, en vez de ser el catalizador para un cambio, lo que asegura es que nada cambie. La verdadera tragedia para Chiche es que la muerte de su esposa es la muerte de toda posibilidad de crecimiento o evolución. Aunque de ahora en adelante tendrá que arrastrar una carga agravada por el resentimiento, el rencor y el prejuicio, no puede decirse que no existieran antes.

Tal vez ahora incrementen sus fantasías –alimentadas por un gusto por las películas de acción de Hollywood y una obsesión por las noticias policiales– de convertirse en héroe al defenderse a sí mismo o a alguna dama de los ‘negros’ –el prejuicio más marcado y, en última instancia, fatal de su vida–, pero seguramente no son nuevos. Después de todo, había comprado mucho antes las armas que usó en el tiroteo trágico, y no dudó en usarlas. Las únicas novedades psicológicas son la culpa y su negación.

Estructurado en una serie de capítulos cortos con títulos que simbolizan con eficacia la vida lóbrega que lleva Chiche –‘Baldío’, ‘Negocio’, ‘Perros’, ‘Negros’, ‘Hija’– esta novela corta –no se dejen engañar por la cantidad de páginas, fácilmente se puede leer en un día– presenta un examen magistral de un personaje preso de sus propias manías, que no puede, ni quiere, escapar del laberinto vecinal que se ha construido. Es, efectivamente, un capítulo excepcional de una posible comedia humana argentina.

Luto, Edgardo Scott. Emecé, 204 págs.

Fuente: Clarín.

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