«14 días», por Gabriela Pereyra

Lo que sigue, posiblemente se trate de “Lectura no apta para cuerdos, normales y otras etiquetas” así se presenta este fragmento dentro de mi cuento “Mario, el estratega”, pero cada tanto una historia comienza por el final:

“.quieren no siempre casi pero, pueden siempre no que Advierto. feliz ser quiero no diciendo están fondo el en ,”feliz ser puedo no”:dicen Cuando .entiendo Nada. .. digo Te .ajena la ni ,propia la Ni. tiempo mucho por no menos al ,felicidad la soportar para preparados están no hombres Los .feliz ser quiere “siempre” no uno definitiva En .siempre el fugaz tan y horrible tan palabra Qué”.

En resumen, queda claro que “uno no siempre quiere ser feliz”. El alivio y la redención llegan para los seres “boicoteros” por naturaleza, porque al parecer, no es su culpa o nuestra culpa. Un conjunto de factores desordenados y ordenados alterarán el producto final del hombre como ser que accede a un estadio de felicidad permanente. Lo siento, pero la ciencia dice no, la biología dice no, el ADN dice no, la filosofía dice no, la religión dice no, en fin. Vuelva a la fila de vidas y espere en próximo expreso a la felicidad esporádica. No somos diseños fallidos, simplemente que no estamos diseñados para ser felices.

Silencio. ¿Cómo que no seremos felices? Cómo si a cada lado que se mire, los gigantes de mercadotecnia crean caminos con luces de neón que nos acercan al final de cada túnel un producto “necesario” para ser feliz. La felicidad tiene su propia industria, de eso se ha tratado el mundo moderno, posmoderno y el que vendrá. ¡No puede ser!, ¿quién miente? Hay felicidad for export habitando diferentes universos dentro del planeta, con un clic, la lejana felicidad se pone al alcance de la mano. Y al rato, se esfuma. ¿Quién miente?

Durante gran parte del siglo X d.C., Abderramán III (o Abd-ar-Rahman III) reinó como el más poderoso príncipe de la dinastía Omeya en España. Fue conocido como el Emir de Córdoba desde el 912 hasta el 929, y más tarde como el Califa de Córdoba desde el 929 hasta el 961.
«He reinado ahora por más de cincuenta años en la victoria o en la paz; amado por mis súbditos, temido por mis enemigos, y respetado por mis aliados. Riqueza y honores, poder y placer, han aguardado mi llamado, tampoco parece haber faltado ninguna bendición terrena en mi felicidad. En esta situación, he enumerado diligentemente los días de felicidad pura y genuina que me han tocado en suerte: Suman catorce: -¡Ah, hombre! ¡No pongas tu confianza en este mundo presente!», reflexionó.

Rafael Euba describe en una nota de la BBC que la felicidad es una construcción humana, una idea abstracta que no tiene equivalente en la experiencia humana. Los afectos positivos y negativos residen en el cerebro, pero la felicidad sostenida no tiene una base biológica. Comenta que el ser humano está diseñado para sobrevivir y reproducirse desde el mundo biológico y natural, el estado de satisfacción plena bajaría el sistema de alertas.

El hecho de que la evolución haya priorizado el desarrollo de un lóbulo frontal grande en el cerebro, lo cual da capacidades analíticas y ejecutivas, por sobre la capacidad natural de ser felices, dice mucho sobre las prioridades de la naturaleza.

Distintas ubicaciones geográficas y circuitos en el cerebro están asociados con ciertas funciones neurológicas e intelectuales, pero la felicidad, al ser una mera construcción sin base neurológica, no se encuentra en el tejido del cerebro.
Los especialistas suponen hasta que el estado depresivo es un estado de preservación, en algunos casos para no caer en situaciones de riesgo, y que además activa la capacidad resolutiva ante la adversidad.

Las religiones contribuyeron al renunciamiento que acerca a una vida más moral, controlar los impulsos y deseos son marcas culturales de la religiosidad que por lógica también alejan de lo placentero y de la aceptación de infelicidad como lo que “debe ser” y aquello otro, “el mundo feliz”, como un horizonte, una tierra prometida, un mientras tanto llegamos.

La felicidad no está en nuestros genes de forma natural, por eso aparecen además los cuestionamientos a sustancias externas como drogas que pudieran activar sensaciones similares a estados de felicidad, pero que terminan al diluirse el efecto, no perduran. A veces las personas reniegan de su esencia infeliz y proclaman: “Ya quisiera ser estúpidamente feliz”, cuando en realidad lo que quieren decir es ya quisiera ser menos reflexivo, no darme cuenta de los hilos que mueven las marionetas con carita feliz.
A no deprimirse, que el ser humano, lo que tiene de infeliz también lo tiene de terco, así que es preferible contar catorce días, que ni vivir para contarlos.

Por Gabriela Pereyra para La Opinión.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *