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La Bienal Borges Kafka se realiza hoy y mañana en Buenos Aires con renovadas energías

La cita es en Talcahuano 1261, de 13.30 a 19 y con entrada gratuita, de la mano de escritores como Daniel Guebel y Matilde Sánchez, y de estudiosos de la obra de Jorge Luis Borges (1899-1986) y Franz Kafka (1883-1924), entre ellos Javier González, de la Universidad Católica Argentina (UCA), y Daniel Nemrava, de la checa Palacký.

Los cruces de Borges y Kafka con Miguel de Cervantes -el primero escribió “Pierre Menard, autor del Quijote”, el otro sobre Sancho Panza-; y la admiración del argentino por el judaísmo al que pertenecía el checo son temas que se abordarán en estas dos jornadas de charlas y debates abiertos al público.

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González se encarga de los cruces con el Quijote, los dos días a las 18; y Nemrava de “La resonancia de la literatura argentina en Chequia durante la segunda mitad del siglo XX”.

“Borges siempre dijo que le hubiera gustado escribir como Kafka, lo consideraba uno de los más grandes autores de la literatura universal y fue el primero que lo promovió en el mundo hispanohablante, por eso la tentación de vehicular esta bienal fue enorme desde un inicio”, dijo a Télam uno de sus creadores, Juan Eduardo Fleming, quien en 2008, cuando se realizó la primera, era embajador en la República Checa.

Lo que busca esta iniciativa, que se hace alternativamente entre Praga y Buenos Aires, es “promover y proyectar el genio de dos de los escritores más grandes del siglo XX para colocar a estas ciudades en el centro de la literatura mundial”, resumió Fleming.

A través de su obra, indicó, “se intenta llegar a la literatura comparada, laberintos, sueños, cuentos con la capacidad de vuelcos velocísimos y dramáticos hacia al final, la captación de lo universal en lo singular”.

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“Un camino que conduce, asimismo, a los grandes escritores que los inspiraron -Stevenson, Dostoievsky-, y a los autores contemporáneos que se inspiraron en ellos”, remarcó Fleming.

Ahí se inscriben conversaciones como la que Guebel, autor de “El hijo judío”, mantendrá el martes a las 16 con Patricio Zunini, “Con y contra Kafka”; o la que Sánchez dará junto a Josefina Delgado a partir de la obra de Philip Roth, el escritor judío estadounidense fallecido en mayo último que tan certeramente profundizó en la belleza y brutalidad de su país, en “De la Praga de Kafka a la Newark de Philip Roth” (miércoles, a las 17).

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“Es importante, además, que nuestras universidades sugieran temas y autores para cada bienal y que colaboren en el intercambio de estudios en alemán y español con universidades de todo el mundo, porque las posibilidades que abren estas obras son inmensas”, agregó Fleming.

“A través de Borges llegas a internet: ‘El Aleph’ muestra el mundo en forma simultánea e indefinida y ‘La biblioteca de Babel’ te abre a los hipertextos. ‘El jardín de senderos que se bifurcan’ te lleva a la física cuántica. ‘Funes el memorioso” al funcionamiento de las neuronas en el proceso biológico de la memoria”, graficó.

Organizada por primera vez junto a la Dirección de Bibliotecas porteñas, la Fundación Borges que dirige María Kodama y el Centro Franz Kafka de Praga, el programa completo puede consultarse en www.buenosaires.gob.ar/cultura/bibliotecas.

Para llevar adelante esta edición colaboraron, además, la Kathedra Borges-Kafka de Literatura comparada, la UCA, el Museo Judío de Praga, el de Buenos Aires, y la Fundación Sur.

Diario de Cultura.

La literatura que se metió en los videojuegos

Acaba de salir un juego que transcurre en el mundo del escritor Haruki Murakami. No es el único. 

La literatura que se metió en los videojuegos

El viudo. Uno de los personajes de Murakami; aquí en el videojuego

Hay un viudo que cocina una sopa en calzoncillos y camiseta mientras hierve el agua y suena un cucú lejano. Es uno de los Hombres sin mujeres. Está el deportista que ahora pasa los días en su silla de ruedas, sentado frente al mar porque le falta un pie y tiene aquella “tristeza del corredor” de la que saben quienes pasaron por De qué hablo cuando hablo de correr. Se puede encontrar a un soldado enloquecido por la Segunda Guerra Mundial, como Satoru Nakata, de Kafka en la orilla. Es el mundo de Haruki Murakami. Y es un videojuego.

La literatura y los videojuegos nunca parecieron ser grandes aliados. Sin embargo todos esos retazos del universo creado por el escritor japonés en sus novelas, cuentos y ensayos se unen en Memoranda, que salió en enero. Se consigue online por 15 dólares y se descarga a la PC. Es la más nueva, pero solo una más de tantas aventuras interactivas que tienen relación íntima con los libros.

El estilo visual es hermoso y la banda sonora, preciosa. Trasmiten un aire lejano y casi místico, el mismo encanto que el eterno candidato al Nobel de Literatura usa en su obra: un cruce moderno y milenario a la vez, el mix preciso de Oriente y Occidente con el que cosecha tantos fans. Porque aunque el autor de Tokyo Blues haya visto otra vez el año pasado cómo le arrebatan el premio sueco de las manos, ahora podría encontrar consuelo con este galardón nerd, una suerte de laurel inesperado.

Los videojuegos evolucionaron durante la última década, no sólo en relación a su gráfica, resolución y estética. Hace rato están más allá de encajar cuadraditos y palos para hacer líneas o ser un hombrecito medio pixelado que busca rescatar a una princesa que lo espera en un castillo. Los cambios más reveladores fueron en sus tramas. “Muchos juegos son un tipo de literatura. Hay algunos en los que el relato y la palabra tiene muchísima presencia y otros cuyo género se basa directamente en el texto”, explica Alejandra Bruno, contenidista, diseñadora de juegos y guionista especializada en diseño narrativo.

La protagonista de Memoranda es la lánguida Mizuki, una joven pálida y ojerosa de voz melancólica que olvida su nombre, igual que la chica del extraño relato “El Mono de Shinagawa”, que cierra el volumen de cuentos Sauce ciego, mujer dormida (2006). Tampoco puede recordar otras cosas, por ejemplo números y direcciones. El misterio a develar en esta aventura gráfica podría resumirse en una pregunta simple: ¿realmente está perdiendo la memoria? Para averiguarlo, hay que moverse con pocos datos caprichosos, sentido común surrealista y conocimiento de la obra de Murakami por un universo de bosques y playas repleto de gatos y personajes que asumen como cotidianas las cosas más raras.

“Me dio la impresión de que el juego descansa en la ambientación y la originalidad de los personajes”, dice Bruno. Es que para ir develando las situaciones y pasar de pantalla hay que encontrar en cada escenario con qué o quién interactuar y descubrir de qué forma. El corazón del asunto está en una plaza central, repleta de detalles intranscendentes, pero bellos, que pueden hacer, o no, que el jugador avance en la historia. Es como una saga mítica, la de Monkey Island, pero existencial y medio depresiva. Puro realismo mágico oriental en videojuego.

El inventario de cosas que hay que combinar para pasar de una experiencia de tinte trascendental a otra a veces parece imposible, hay caminos que sólo llevan a pequeñas historias paralelas que no resuelven el misterio. Por ejemplo, cuando hay que buscar un elefante, como el hombre en el relato que le da título al libro de cuentos El Elefante Desaparece (1993). Sobre el final, el mundo y las cosas se presentan a través de sueños, y aunque eso puede sonar confuso, es en realidad la parte más clara de la aventura, ideada por y para fans de Murakami.

“Los videojuegos narrativos comparten mucho con la literatura: la organización de una trama y de subtramas, la construcción de los personajes, de los lugares y del ritmo, entre otros etcéteras. Pero en el videojuego narrás teniendo en cuenta factores como la interactividad, la no linealidad, el tiempo y los requerimientos del juego”, explica Bruno, quien además aclara que Memoranda no es el primero en su tipo y destaca -como ejemplo de otras ficciones interactivas en pantalla que homenajean mundos de escritores- la serie basada en la obra de Edgard Allan Poe, Dark Tales.

Varios escritores cuentan con una o más adaptaciones de sus obras al mundo pixelado, entre otras las novelas El gran Gatsby de Scott Fitzgerald y Neuromancer de William Gibson, igual que el cuento El ruido de un trueno de RayBradbury.

Los más visitados por los desarrolladores, sin duda, son los autores J.R.R. Tolkien, con cientos de historias en la Tierra Media; Arthur ConnanDoyle, con al menos veinte aventuras que involucran a Sherlock Holmes, y Stephen King, con decenas de juegos basados en sus libros.

La industria gamer (jugadora) hace rato que comenzó a ofrecer algo menos lineal. Se apoyó, en principio, en historias creadas especialmente para el formato y en adaptaciones de películas taquilleras, pero hay cada vez más juegos que tienen referencias literarias o parten de libros o de sus autores.

Bruno, que además es docente en Image Campus de la carrera de Videojuegos, donde enseña las materias de Narrativa y Guión, explica: “Las palabras, en una obra literaria, son evocativas. El videojuego, en cambio, es audiovisual y trabaja principalmente la espacialidad. A diferencia de un libro, es un lugar de exploración donde la representación del jugador se mueve para cumplir ciertas premisas del diseño”.

No parece y no es lo mismo, pero la literatura y los videojuegos sí son grandes aliados.

Otros títulos

Hay mucho material relacionado con universos de autores, y es de lo más variado. Entre otros, los del aterrador H.P. Lovecraft (Call of Cthulhu), el renacentista Dante Alighieri (Dante´s inferno), el alucinante Lewis Carroll (American Mcgee’s Alice), la misteriosa Agatha Christie (ABC murders) y hasta el rey del tecno-thrillertom Clancy (Rainbowsix). Oara abril, los fans están a la espera de The Franz Kafka Videogame, un juego de aventuras basado en “La metamorfosis” y “El castillo”.

Fuente: Clarín

Una coartada con el pasado

Literatura argentina. La memoria, la experiencia, la lengua, la política y las relaciones amorosas traman un original relato de Germán García.

Hacia el final de la película Nostalgia de la luz , del chileno Patricio Guzmán, se escucha una voz en off: “los que tienen memoria son capaces de vivir en el frágil tiempo presente, los que no la tienen no viven en ninguna parte”. Para Germán García, escribir en un lapso (y en un lapsus) de tiempo es una forma de trazar una coartada con el pasado, de estar en dos lugares a la vez: uno el de la experiencia, el otro desde donde se la relata. La escritura como una memoria posible, un modo de habitar el tiempo.

En Miserere García (re)lee los primeros tres años de la década del 60 para saldar cuentas con el pasado. Sería injusto reducir el libro a un carácter testimonial o documento de época.

Miserere no es una novela histórica; trabaja con la historia, con las consecuencias de la vida social en la trama personal de los hombres, y viceversa. Su escritura hace durar una época, como quien conserva un fuego (la materia que hace posible el relato, podría decirse siguiendo a Agamben). El tiempo en Miserere no avanza sino que más bien se expande.

García trabaja con un método y no en un género. El método es la asociación. Dentro del período en que se concentra el libro todas las conexiones son posibles y están permitidas. La digresión “adecuada a la finalidad” es un procedimiento para llegar más lejos, para no dejar pasar la oportunidad de decir algo que en otra página ya resultaría demasiado tarde o quizás el narrador podría haberse arrepentido. Hasta hay lugar para que Kafka sea un personaje más. O mejor, para que la lectura de Kafka (como en Respiración artificial ) sea una especie de relato interno del libro.

La escritura de García por momentos es alucinada, onírica, por sobre todo dialéctica. Avanza por contradicciones, correcciones: “prefiero hablar de nuestro pasado común. Que no era común, por supuesto”. García escribe con cambios de frecuencia, con una lengua que combina en un mismo movimiento cierta modulación intelectual con chispazos del bajo fondo urbano. Punto de contacto con ciertos libros de Piglia y Luis Gusmán (psicoanalista como él).

La política es una materia explícita del libro, con datos precisos pero también con especulaciones y teorías que se superponen. La política es el espacio colectivo de disputa donde construir (o al menos imaginar) otra organización social. El personaje desconfía, sus principios son de otra clase: “por mi parte defendí las virtudes barrocas: conocer el amor, saber pelear, comer y hablar”. Los vínculos amorosos, las relaciones cruzadas con las mujeres, siempre conflictivas y vitales, parecen ser el punto de fuga con el cual el protagonista trata de investir de sentido su propia vida.

Piglia anotó en su diario: “Germán García, el único en el que veo una inteligencia que funciona rápido”. Y la escritura de Miserere es una prueba de la velocidad del pensamiento, y de la capacidad del autor para trabajar con el recuerdo como arena de la literatura. El pasado no es inmóvil ni un punto fijo en una línea, sino una construcción privada permanente.

Miserere , una serie de escenas al mismo tiempo residuales y alusivas que conforman una “historia perdida, sin olvido, que visita el presente”, una mitología íntima.

 

Fuente: Clarín

Carlos Bernatek, ganador del Premio Clarín Novela: «Soy todos mis personajes»

El escritor se llevó el premio por su libro «El Canario», cuya trama se adentra en las heridas de la última dictadura argentina. En una conferencia, habló sobre la literatura, la falta de lectura en los jóvenes y su respeto por Ricardo Piglia y Rodolfo Walsh.

 

Carlos Bernatek, ganador del Premio Clarín Novela: "Soy todos mis personajes"

 

El ganador de la última edición del Premio Clarín Novela, el escritor argentino Carlos Bernatek, dio hoy una conferencia gratuita en Espacio Clarín donde habló sobre su libro «El Canario», cuya trama se adentra en las heridas de la última dictadura argentina.

La novela del autor, nacido en 1955 en Avellaneda, ganó entre diez finalistas. La misma tiene como protagonista a Maidana, un conscripto que acaba en la ESMA -el mayor centro de detención y tortura de la dictadura- y es testigo involuntario de los horrores que allí ocurren. Finalmente, logra salir pero queda marcado para siempre.

La periodista y escritora Alejandra Rodríguez Ballester entrevistó al autor ante decenas de personas que se acercaron a Alberti 1242 para agasajar al novelista que ya lleva diez libros publicados, entre ellos «Larga noche con enanos», «Rutas argentinas», «Un lugar inocente» y «Voz de pez». El escritor contó que descubrió la literatura a través de la lectura. «Vocación es una palabra horrenda para hablar de literatura. Para mí, vocación es una galletita», ironizó entre risas.

Carlos Bernatek, ganador del Premio Clarín Novela: "Soy todos mis personajes"

Carlos Bernatek, cuando recibió el premio por su libro «El Canario».

«Un escritor no es un artista. La palabra ´artista´engloba a una categoría particular de escritor, después hay una enorme cantidad de artesanos. Hay artesanato, hay trabajo con las premisas que uno aprende del oficio. Cuando hablamos de genialidad, hablamos de personas que con dos libros no necesitaron publicar nada más», explicó. Para ser preciso, mencionó a Borges y a Kafka como «autores que cambiaron la historia y la literatura». «Kafka no nace todos los días. Creo que este es un país riquísimo en producción literaria. Hay autores argentinos que se leen en todo el mundo», explicó.

Respecto al título de su libro ganador, contó que en un principio pensó en el nombre «Un canario en la mina de carbón», una manera de aludir metafóricamente a Maidana, el personaje de su historia. Según detalló, los canarios eran llevados a las minas y paulatinamente dejaban de cantar y morían con monóxido de carbono.

«Eso es un poco lo que le pasa a Maidana, un personaje que no quiere dormir, que prefiere evitar soñar porque teme las cosas que pueden pasar. Nos encontramos con un Maidana joven, haciendo la colimba en la Escuela de Mecánica de la Armada. En la novela reina el pasado y el presente que tiene que ver con la última dictadura argentina».

Carlos Bernatek, ganador del Premio Clarín Novela: "Soy todos mis personajes"

El escritor dio una conferencia ante decenas de espectadores. La misma fue moderada por la periodista y escritora Alejandra Rodríguez Ballester.

En referencia a eso, amplió: «Siempre me interesaron los personajes subalternos, la microhistoria. Hay pequeñas víctimas y pequeños personajes y no por eso la historia deja de pasarle por encima o por al lado. En esta historia el personaje es subalterno: termina siendo guardia en un centro clandestino como fue la ESMA. Toda su vida cambia porque termina siendo partícipe involuntario de una realidad que lo supera. Su responsabilidad es coyuntural. Pasa de ser un inscripto a ser un guardia».

El escritor resumió que «El Canario» habla de la amistad, la historia, la soledad, el sufrimiento y las consecuencias que los golpes de la vida dejaron en cada uno de los personajes de la historia, «lo que dejó en esos cuerpos y en esas voces».

Al mismo tiempo, aclaró que la mayoría de los personajes que aparecen en la historia cuentan con un pasado «que se hace presente». «Yo soy todos los personajes de mis novelas. El único modo de poder contar bien una historia es poniéndose en la cabeza de los personajes, de modo que cobren vida con verosimilitud, sino reproducimos títeres. La mala literatura se nota rápidamente, cuando el escritor cae en los lugares comunes», sentenció.

Carlos Bernatek, ganador del Premio Clarín Novela: "Soy todos mis personajes"

«El Canario» trata sobre las heridas de la última dictadura argentina.

Bernatek especificó que la idea de la novela «El Canario» se originó en 1994, con uno de sus trabajos anteriores «Pasión en colores». «Esto pasa cuando los personajes quedan vivos. En este caso quedaba como un interrogante abierto. Veinte años más tarde me plantee retomar aquello que había dejado aquella vez. Esto era una prueba para mí mismo, de ver si yo era capaz de contar de manera distinta la misma historia», confesó.

Su novela fue elegida por el jurado integrado por la escritora argentina Sylvia Iparraguirre, el cubano Leonardo Padura y el español Juan José Millás. Bernatek, de entre 536 historias concursantes. Entre los escritores que dijo admirar, mencionó a Miguel Briante, «injustamente olvidado» para él.

«Su libro ´Ley de juego´ para mí es como la Biblia», reveló También -contó- aprendió de Ricardo Piglia y Rodolfo Walsh. «De Borges lo único que se puede aprender es a copiarlo. Borges se reiría de esa gente que dice que fue su referente de escrituraporque él fue único», lanzó.

Para este escritor, «la literatura es una disciplina viva que se va modificando todo el tiempo. Cuando se piensa que todo está dicho, los dramas y las pasiones humanas siguen siendo las mismas que hace años, lo que cambia son los modos expresivos de narrarlo y la estética de lo que se relata».

«El pasado se puede leer de distintos modos con el paso del tiempo y eso es algo que permite la literatura. Los lectores le dan dinamismo al texto, con una mirada distinta. El tiempo no solo nos quita sino que también nos da: nos da la sabiduría de ver en la palabras lo que quizá no vimos antes», argumentó.

Por último, una espectadora del público le preguntó cómo se puede hacer para que los jóvenes lean más, a lo que Bernatek ironizó: «Si tuviera esa respuesta, sería best seller o ministro de Educación». Y concluyó: «Así como el que prueba la droga, no la suelta, habría que probar con la lietaratura, quizá ese chico que arranca no la deja más».

 

Fuente: Clarín