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San Luis Libro presente en las Jornadas para Bibliotecarios

Será este viernes 5 de octubre, a las 18:00, en el Instituto de Formación Docente Continua (IFDC), donde se llevará a cabo la IV Jornada para Bibliotecarios bajo el lema “Bibliotecas: un puente entre lecturas y lectores”.

San Luis Libro participa de estas jornadas activamente, donde la editorial provincial presentará el libro “Rosenda Quiroga: docente entre dos siglos”.

Las jornadas están organizadas por la Biblioteca Pedagógica “Rosenda Quiroga” del Instituto de Formación Docente Continua de San Luis, y es coordinada por el Programa Bibliotecas Escolares y Especializadas de la República Argentina (BERA) en la provincia y forma parte de la Red Nacional de Bibliotecas Pedagógicas.

Las actividades se realizarán del 3 al 6 de octubre bajo la modalidad virtual y presencial. Las actividades están destinadas a bibliotecarias/os, docentes que realicen animación y promoción lectora en todas las áreas y estudiantes.

ANSL.

Javier Planas: «Las bibliotecas siguen dando una riqueza extra a los vínculos»

En «Libros, lectores y sociabilidades de lectura», el investigador y docente narra la conformación de las bibliotecas populares en la Argentina, da cuenta del rol de Sarmiento en 1870 en la sanción de la ley 419 de protección y fomento a esas instituciones, y permite advertir las formas de lectura que se fueron imponiendo en nuestro país.

«Las bibliotecas están en el medio de la construcción del Estado en su faz más burocrática y con la idea de instalar las instituciones del Estado nacional en las provincias», resalta Planas, licenciado en bibliotecología y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de La Plata (UNLP), que comenzó a investigar este tema a partir de «una conferencia de Sarmiento en 1887, un año antes de su muerte, en el que hace un balance general y transita su carrera ligada a las bibliotecas populares».

Planas (Trenque Lauquen, 1983), también docente de la cátedra de historia del libro en la UNLP, y desde hace dos meses director del área de investigaciones que depende del área de cultura de la Biblioteca Nacional, explica, en diálogo con Télam, el contexto en el que se gesta la ley 419 y asegura que «había una gran parte de la población analfabeta y hay una gran distancia entre lo que es la cultura oral y los letrados o quienes tienen niveles de alfabetización».

-Télam: ¿Por qué Sarmiento es una figura central en el libro?
-Javier Planas:
Fue quien empezó a impulsar este tema en Chile en 1840 fundando bibliotecas populares y se encontró con un problema central que era la Iglesia católica, muy conservadora y reacia a la introducción de lo que sería el liberalismo y la disputa por cuales eran los libros seleccionados. En la Argentina cuando se discute la ley de bibliotecas populares la discusión era la misma: qué libros iba a distribuir el Estado en estas instituciones. Y esa experiencia de Chile le da a Sarmiento la idea de que ni el Estado ni la Iglesia pueden imponer qué colecciones van a tener esas bibliotecas. Para él los que organizan las bibliotecas son quienes están en mejores condiciones para decidir qué se necesita en cada lugar.

-T: ¿Cómo se gesta la idea de las bibliotecas populares en Sarmiento?
-J.P.:
El modelo de sociedad de Sarmiento se inspira en sus viajes por Norteamérica, con todo el andamiaje institucional que eso implicaba. El entendía que el comercio del libro necesitaba una demanda y en el interior no había nada parecido a las librerías como sucedía en Buenos Aires. Las bibliotecas están en el medio de la construcción del Estado en su faz más burocrática y de poner las instituciones del Estado nacional en las provincias. Incluso muchos de los libros de las bibliotecas estaban habilitados para su venta y un lector podía comprarse el libro y con ese dinero el libro se reponía en la próxima compra.

-T: La ley 419 de bibliotecas populares es de 1870. ¿Cómo describirías ese contexto histórico?
-J.P.:
En 1870 en la Argentina había una gran parte de la población analfabeta y hay una gran distancia entre lo que es la cultura oral y los letrados o quienes tienen niveles de alfabetización. Entonces pasó algo lógico, que fue que quienes organizaron esas bibliotecas lo hicieron de acuerdo a sus gustos estéticos políticos e ideológicos, sin intromisión del Estado, pero con un estatuto más mesocrático que popular.

-T: La ley de Bibliotecas populares termina siendo derogada. ¿Qué postura tomó Sarmiento?
-J.P.:
Sarmiento reniega de conflictos con la comisión y de las selecciones que hicieron en las bibliotecas diciendo que tendrían que haber elegido otros libros. La derogación de la ley se da en el marco de una de las grandes crisis de orden mundial que es la que va de 1873 al 86, con las mismas respuestas que se dieron cíclicamente en la historia argentina donde se decide reducir el gasto público y pagar la deuda. En esa reducción del gasto público se recorta lo presupuestado para las bibliotecas.

-T: En el libro hay una frase de Sarmiento en la que dice que «no hay que culpar a nadie de que no lea», y dice que «la falta está en el que pone a su alcance solo libros llamados buenos»…
-J.P.:
La disputa en ese momento era por quién cerraba los catálogos. Las bibliotecas terminaban comprando más literatura de folletín que otra cosa, porque eso gustaba a los lectores. Sarmiento ahí tiene un problema de concepto: dice que se compre lo que los lectores quieran para que lean, pero también decía que había que alimentar cierta bibliografía. En esa época no había especialistas en promoción de la lectura, el presidente de la comisión protectora de bibliotecas populares, que era un cargo honorífico, era el presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, que era un punto clave de casi toda la organización económica de todo el país. Eso es típico del siglo XIX, cuando los funcionarios cumplían múltiples funciones.

-T: ¿Cómo eran las prácticas sociales de lectura?
-J.P.:
Las bibliotecas funcionaban como modo de socialización de inmigrantes que venían con muy diversas experiencias. Por ejemplo, en la biblioteca de Chivilcoy, creada por Dorotea Duprat, una francesa que se instaló en Paraguay y luego escapó con su familia a esa ciudad bonaerense, se hacían reuniones de noche, en las que se leía y discutía. Eran abiertas pero hasta cierto punto, ya que en general cultivaban una sociabilidad en las que sectores de la cultura popular no participaban o lo hacían a cuentagotas. Desde las bibliotecas había una intención de mezclar esa sociabilidad pero eran dos sistemas muy distintos.

-T: La ley de bibliotecas se restituye en 1910. ¿Por qué sucedió esto?
-J.P.:
Una de las razones por las que el Estado argentino en 1910 restituye la ley es porque lo hace como una suerte de reacción conservadora, ya que ven que los espacios contrarios a su ideología como los anarquistas y los socialistas están formando bibliotecas.

-T: ¿Cómo describirías la vida de las bibliotecas populares en los últimos años?
-J.P.:
Lo que cuesta es sostenerlas en el tiempo, muchas son financiadas por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP). A veces tienen un anclaje territorial fuerte pero después esos barrios cambian y la biblioteca pierde visibilidad. Sin embargo, las bibliotecas siguen dando una riqueza extra a los vínculos de sociabilidad, ya que en muchos de los pueblos hay una sola y por allí pasa gran parte de las actividades sociales de los habitantes. Lo que nunca se pudo hacer es montar un sistema de bibliotecas públicas. Esto es: que se haga cargo el Estado de las compras y el pago al personal.

Para leer el cable de la nota acceder a: http://cablera.telam.com.ar/cable/513387/javier-planas-las-bibliotecas-siguen-dando-una-riqueza-extra-a-los-vinculos-de-sociabilidad

Fuente: Télam.

El mejor de los tiempos

El ex cronista de Clarín, Alberto Amato abrirá su arcón de recuerdos y hablará de grietas, libros y presente con sentencias firmes.

 

El hijo de la biblioteca. Alberto, un maestro de periodismo que da cátedra.

El hijo de la biblioteca. Alberto, un maestro de periodismo que da cátedra.

Con su hermano seis años mayor, Alberto Amato bromea con que son hijos de una biblioteca. Su padre fundó una en el barrio de Mataderos que se llamaba “Cultura y renovación” y que tuvo el aporte inicial de un grupo de anarquistas españoles que tenían una imprenta. Luego, fue a tocar allí Atahualpa Yupanqui y los asistentes, como entrada, donaron más ejemplares.

Allí, don Amato –un hombre de fuerte perfil romano y escasísima educación formal- conoció a la madre de Alberto. Tuvieron dos hijos. Uno, el periodista que pasó por la revista Gente y por el diario Clarín. El otro, el mayor, el cantante José Ángel Trelles.

Cuando Alberto era adolescente y jugaba al básquet en un club de Liniers, descubrió que allí había otra biblioteca de nombre poderoso. Se llamaba “Democracia y progreso”. “Es increíble el nombre que le ponían en aquellos años a las bibliotecas”, añoró Amato, un hombre que recorrió el mundo gracias a su profesión, primero; y por puro gusto, en la actualidad.

De aquellos anaqueles repletos de historias escritas hablará el cronista en la charla que el miércoles a las 19 dará en “Los libros de Charlie. Palacio Cultural”. La charla se llamará “Bibliotecas, periodismo y otras historias” y será gratuita y abierta a todo público.

“Las bibliotecas fueron el primer intento de democratizar el conocimiento. Sus fundadores decían: ‘juntemos el conocimiento, pongámoslo acá y que no sea de nadie, que sea de todos”, sostuvo el periodista, quien pasó la primera noche de insomnio en su vida la tarde que leyó, cuando era un niño, “Historia de dos ciudades”, de Charles Dickens.

Situada en Londres y París, la novela del autor inglés todavía retumba en la cabeza de Amato en su primera frase: «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos». Pero sobre todo porque aquella lectura le quitó un miedo que tenía en su infancia. “Creía que los libros tenían armas, pero eso era culpa del sacerdote que me enseñaba el catecismo”, bromeó.

Sin duda, el momento que más polémica generará en la charla será el dedicado al periodismo, sobre todo por lo determinante que suelen ser los pensamientos de Alberto. Con el poder de la experiencia, Amato cree que en la profesión hay una grieta extra a la que expuso Jorge Lanata y de la que el kirchnerismo hizo una bandera. “Hemos caído –sostuvo- en la trampa brutal de creer que el periodismo militante es periodismo, cuando no lo es”.

La ruptura principal en la prensa es, para el cronista, “el amplio espacio que hay entre el periodismo y los consumidores”, una brecha que se debe fundamentalmente a tres factores: “La escasa formación profesional –enumeró-, las decisiones de las empresas de hacer periodismo sin periodistas, y el conformismo de los lectores con la información que le dan”.

Para Amato, esa degradación se potenció con el kirchnerismo, pero comenzó en los 90, “cuando el menemismo intentó callar el periodismo de investigación”. Y experimentó su debacle definitiva cuando internet fracasó en su misión de democratizar la palabra. “Lo que hizo fue democratizar el insulto y el anonimato”.

Habitual colaborador de El Diario de la República –sus reuniones mensuales con los periodistas de este medio para analizar las publicaciones son tan tensas como útiles-, Amato es un convencido de que el periodismo debe caminar por la vereda enfrentada a la que transitan los gobiernos. “Si no, se deja de hacer periodismo y se empieza a hacer propaganda, como dijo Horacio Verbitsky cuando trabajaba en Página 12 y era opositor”, ironizó.

Sobre el papel de los empresarios de medios, Alberto señaló que su concepción consiste en ser fuertes económicamente para resistir el momento del embate del poder. Con eso, volvió a poner en posiciones enfrentadas a periodismo y gobierno.

“La prensa a favor de los gobiernos es muy cara y muy inútil. La gente percibe cuando un medio está alineado a un gobierno y deja de consumirlo. Creo que lo que el lector espera de los periodistas es que le meta el dedo en la oreja a los gobernantes”, señaló y consideró –con preocupación- que muchos medios, sobre todo los televisivos, derivan la información hacia el entretenimiento.

No obstante, Alberto aseveró que buena parte de la crisis de la profesión se debe a que los trabajadores de prensa ya no tienen un sentido de pertenencia al medio que los cobija. “Es importante que los periodistas comprendan que su fuerza mayor está en el medio para el que trabaja”.

El tercer segmento de la charla –tan jugoso como los anteriores- estará dedicado a las múltiples anécdotas que Amato recolectó en sus años de profesión. Pequeñas viñetas compartidas, directa o indirectamente, con El Che Guevara, con Alfredo Alcón, con Daniel Barenboim y con el mismísimo Charles Chaplin desfilarán por medio del vehículo más fuerte que Amato tiene para hacerse entender: la palabra.

Fuente: El Diario de la República.