Carlos Audisio y sus “Senderos hacia el vacío perfecto”

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El autor, que el próximo 15 de agosto presentará su primera obra individual, nació en Río Cuarto en el ’59 pero al año de vida se trasladó a San Luis, hasta los 4 años que se instaló en Córdoba. En “La Docta”, siempre estuvo rodeado de libros e incluso llegó a escuchar al maestro Borges. Tras recibirse de médico especializado en pediatría y cardiología infantil regresó a tierra sanluiseña donde ya lleva 30 años.

“Este libro que desviste al mundo y a sus dogmas, hace visible, le da cuerpo y espesura a la soledad, al miedo, al amor, al olvido y al recuerdo”, desliza parte del prólogo de “Senderos hacia el vacío perfecto (mapas y atajos)” de Carlos Audisio.

El poemario se presentará el próximo 15 de agosto a las 21 en el Centro Cultural José La Vía de la ciudad de San Luis.

Carlos, me gustaría saber si tenés registro de tus primeros contactos con la Literatura.

De muy pequeño fue una pasión para mí; leía todo, incluso los diccionarios ilustrados me encantaban, eran fuente de inspiración los dibujos, las palabras, los significados y creo que cuanto libro infantil llegaba a mis manos me lo leía.

En el secundario fue ya más notable, leía muchísimo, en ese tiempo la Literatura se estudiaba prácticamente de una forma topográfica, así como se estudiaba la Historia de Europa, Antigua, Media y así se avanzaba en la Literatura hasta que en los últimos años estudiabas Literatura Argentina y Sudamericana. Leía los clásicos, después los autores americanos y esas primeras influencias en los primeros años del secundario como Bécquer, Vicente Aleixandre, por nombrar algunos, pero ya eran muy inspirados por la belleza de sus poemas, siempre lo disfruté.

Me gusta mucho escribir cuentos, me gusta escribir en fantástico, de ficción, y uno a medida que lee empieza a conocer los movimientos. Sin duda que el surrealismo con Dalí en la pintura y en la literatura Aleixandre, fue increíble para mí conocer “Poemas amorosos” y “Sombras del Paraíso”, por ejemplo.

Creo que fue un camino que hice bastante solo pero muy acompañado de los docentes que en ese momento me estimulaban. Obviamente que ya con Cervantes Saavedra y con el Don Quijote fueron palabras mayores y ni hablemos cuando entré al mundo Borges que al principio fue muy interesante y después ya fue una adicción. En el medio quedaron muchísimas obras desde los escritos de Marco Polo hasta las obras de Shakespeare.

A los 17 años escribí mis primeros poemas, escribía para una banda de rock donde tocaba un amigo y circunstancialmente a su madre, que era una famosa poeta de Córdoba en ese momento, le llegaron unos poemas míos, los leyó, le gustaron y sin yo saberlo, hablo de 1978, los llevó a una revista literaria de Córdoba y me publicaron mi primer poema. Esta señora, Victorina de Olmedo, la honro en mi libro recordándola como mi primera mentora. Este poema se publicó en plena época de represión donde las revistas literarias eran literalmente anuladas y ésta, por su prestigio, había sobrevivido, fue un tiempo muy feo y no solamente había empezado a escribir, sino que había comenzado a vivir la condena y la represión a pensar y escribir.

Sos cardiólogo infantil, ¿cómo se cruza, sí es que lo hace, la medicina con la escritura?

Mi pasión por la medicina arrancó desde temprano, ya desde jovencito quería ser médico, no había ningún precedente en mi familia, casi toda gente de campo y me resultaba tremendamente desafiante entender cómo esos señores podían saber qué enfermedades tenías y que te pudieran curar y yo era un niño muy enfermo, así que con frecuencia me llevaban con alguna dolencia.

No me costó mucho decidirme a ser médico, pero realmente antes de serlo había comenzado a escribir. Luego la Medicina fue muy desafiante para todo, es una visión de entrega y de tiempos, de mucho tiempo y perseverancia.  Me recibí a los 23 años, y siempre la Literatura estuvo ahí, nunca guardé manuscritos, escribía en todos lados, en apuntes, en boletos de colectivo, en los tickets de comercios, en lo que hubiese, luego tipeaba.

Entré en la universidad en el ’77 fui de la primera tanda de estudiantes en la época de la represión y me recibí en el ’82, cuando caía la dictadura y hacía  desmanes con la Guerra de Malvinas. Todo eso fue muy movilizador, fueron muchos dolores, veías como personas de mi propia generación eran enviados a morir, esto me llevó a otras cosas como participar en política, por un tiempo dirigí un periódico quincenal que se llamaba “Tribuna Popular” en Río Cuarto donde estaba haciendo mi especialidad de Pediatría, escribía editoriales y cuentos de ficción relacionados con la democracia y con acercar una visión más social hacia lo que debía llegar a la gente y sobre todo procurar la paz institucional en nuestro país, era un tiempo de mucho idealismo, éramos muy jóvenes, pero todo fue bueno en la medida que me permitió ir esculpiendo el deseo de un mundo diferente, más allá que posicionado en el hoy podemos tener otra visión. Este es el punto entre la Medicina y la Literatura y se han llevado muy bien, creo que más de una vez la Literatura salvó el interior de mi propia cabeza, porque viví cosas muy tremendas que me enriquecieron también.

¿Qué sentís en el cuerpo cuándo escribís?

Es tan subjetivo que podría decirte que uno entra en una suerte de trance, parece plantearse como algo seudomístico, pero no deja de estar cercano a la verdad, realmente uno puede entrar en una introspección, en una suerte de observación de las cosas posicionándote en vos mismo o desde cualquier punto donde  la inspiración surja y la temática se desarrolle.

Es como respirar un oxígeno que permite ir y moverte en el espacio y en la densidad que lo desees hacer, ahí es donde surgen cosas maravillosas, a tal punto que a veces uno termina de escribir un segmento, un fragmento de una poesía o un cuento, dándole la forma a las historias, a los personajes, y a veces es tan poderosa la sensación que lo terminas de escribir con lágrimas en los ojos,  “eso” que sale es realmente un placer. Y a veces, todo escritor o poeta lo sabe, hay períodos de latencia, es como si el alma se tomase un recreo, solamente para luego venir y avasallar con las cosas que quiere decir, es tan maravilloso, solamente necesitás un lápiz y alguna superficie donde escribir.

¿Identificás el momento en que tus palabras empezaron a circular solas, cuándo profesaste la necesidad de compartir ese vuelo con otros escritores?

Primero fue esa publicación a través de la que considero mi mentora como comenté y luego con el tiempo se fue dando de conocer gente, escribir y estar en una revista y en otra. Colaboré con muchas publicaciones, publiqué en varias, incluso en revistas underground, se llamaban así porque corrían de forma anónima, eran de poesía, no eran militantes de movimientos subversivos, eran literarias, de ideas, pensamientos y fragmentos de prosas, pero lamentablemente era un tiempo donde todo eso se consideraba subversivo porque era prohibido pensar, entonces nos jugábamos realmente la vida escribiendo en esas circunstancias y ahí fue donde publiqué y colaboré en la revista “Psiglus” con poesía y un artículo sobre surrealismo; en la revista del grupo “Laurel”, un grupo literario importante en Córdoba. En 1984 me fui pero seguí colaborando con otras revistas de algunos pueblos del sur cordobés, estaba en Río Cuarto, en el diario “Puntal”, en la revista «Nueva Generación» de General Deheza, en la isla de Alcira Gigena, y también en las primera ferias culturales que se comenzaron a hacer en democracia donde todavía casi a fines de los ’80 nos amenazaban por presentarnos en esos espacios, todavía en esos tiempos, que estaba la presidencia de Alfonsín, pero dos por tres estaba el fantasma y las amenazas de que iban a volver, solo por expresar porque en realidad, en mi caso, nunca milité en ninguna situación violenta ni en ningún grupo que tuviera que ver con violencia.

Fue un tiempo hermoso porque surgieron movimientos musicales y todos muy poéticos, todo tenía que ver con todo. Ir a escuchar al “Flaco” Spinetta o ir a ver a Borges en una conferencia o ver una película a lo mejor de Ingmar Bergman de los ’50, tenía el mismo impacto de creación e incentivo para  tantas cosas buenas y lindas para descubrir y hacer.

Luego vinieron algunas antologías, una en Río Cuarto de poetas regionales, se publicó con pocos números pero tal vez haya ejemplares en alguna biblioteca. Ya en San Luis pude entrar en el ’92 en el círculo de los poetas de San Luis, un círculo que ya no existe, pero en ese momento conjugaba un montón de escritores que tuve la suerte de conocer, muchos ya no están y así fue Dardo Neftalí Torres, que era presidente del Círculo de los Poetas de San Luis, que me recibió y prontamente me abrieron no solamente las puertas del Círculo sino de sus propias casas.

Teníamos talleres maravillosos, allí estaba Justina Contestín, el arquitecto Guillermo Almela Pons, la señora Montiveros, Polo Godoy Rojo que ya vivía en Córdoba pero nos visitaba periódicamente y cuando venía hacíamos reuniones en la casa de Justina que eran maravillosas, esa gente me influenció muchísimo, fue una época de mucha producción, era un  joven al lado de estos monstruos y terminé presentando en una antología con ellos, editada por San Luis Libro, fue dentro de los ’90. Luego publiqué en el diario “La Opinión”. Pasaron muchos años sin publicar, pero seguía escribiendo, mi libros son pequeñas colecciones de poesías, algunas con varios años para elaborarlas, voy por la 16 de las cuales 3 salen en este libro.

Leí que integrás el Taller Literario “Silenciosos Incurables” que dirige Viviana Bonfiglioli, ¿cómo llegaste ahí, qué te aportó, publicaste algunos de tus escritos?

En el 2015 empecé a ir, recuerdo que asistía los martes de 22:00 hasta la medianoche. Fue una época muy linda, juntarnos, conocernos, el recital de poemas a fin de año, la verdad que esta metodología que tiene Viviana Bonfiglioli es un lujo, hay una creatividad  impresionante en todo aspecto, eso ha sido muy enriquecedor y fue ella quien en un punto me empezó a decir que tenía que publicar, siempre me había negado,  supongo que tenía miedo un poco al rechazo y por otro lado a la desnudez de quien muestra sus poemas, no sé una cosa extraña. Pero el ejercicio del taller de mostrar, leer y compartir y a la vez escuchar lo de los otros que son maravillosos escritores fue una interacción que me permitió abrir mi juego mental, mi poesía hacia los demás que por muchos años estuvieron encerradas en mi mesa de luz.

La decisión de publicar es muy cercana, lo decidí en enero de este año 2019, pero la primera colección que se publica en el libro, para que se den una idea, pertenece al período que va del 2002 al 2004 y después así sucesivamente, así que tienen su tiempo de añejamiento y  de correcciones y emprolijamiento.

San Luis ha sido un lugar donde  llegué con mi pull de experiencias previas que fueron bastantes en cuanto a escribir y  participar,  pero para publicar era como que yo me trababa a mí mismo. Aquí pude sentirme cómodo, ha sido una provincia muy buena conmigo, estoy muy agradecido con gente de las artes que realmente aprecio y creo que es una cuna de artistas y escritores, hay que seguir afianzándola y permitirle a la gente que le gusta ingresar proyectos y cuestiones que le permitan expresarse.

¿Sí tuvieras que definir los hilos de tu urdimbre literaria, qué colores, personas, estados, paisajes, palabras, colocarías ahí?

Es una pregunta maravillosa porque me lleva a destejer lo tejido para poder ver por todos los lugares, todos los colores, todas las personas y circunstancias que fueron tejiendo esta pradera hermosa que fue poder expresar en letras, pero sí esto se pudiese escuchar, oler, nombrar, las personas serían muchísimas porque para bien o para mal me tocó pasar por etapas de desarrollo personal desde muy joven hasta ya mi adultez, estoy en los 60 años.

Se entremezclan colores hermosos como si fuera un arco iris, los hermosos perfumes de las montañas, soy un apasionado de las montañas, pero también los perfumes de la pólvora de otros tiempos, y los de la sangre de otros tiempos, de amores de otros tiempos, se tejen tantísimas personas que conocí que hilaron el gusto, el deseo, el consejo oportuno, la palabra que da alivio y la otra, la de la agresión, la de la amenaza, del no meterse, no hacer, no escribir, no decir, la invitación al miedo. Entonces todo está tan enmarañado de una manera tan tremenda que hoy realmente es como tener un paño de múltiples colores, nombres y personas.

Entonces es cada cosa que uno mira y que queda reflejada en el disco rígido de tu mente, con la cámara hermosa que son las retinas de nuestros ojos, sin complejidades podés abarcar una imagen que te queda grabada para siempre, que una sensación, una persona, una buena charla, que se siente a flor de piel, con una voz que te enamore o con una instancia de estimulación para gritar contra la injusticia o el avasallamiento de la denigración de los seres humanos.

Todo es, forma parte, tiene que formar parte de este tapiz que es el poder escribir y trascender en la escritura y si te gusta hacer esto es tu deber hacerlo, es tu deber jugarte. El poeta, es escritor, se desnuda frente a su obra cuando la muestra, eso es lo que estoy viviendo ahora, esto es la Literatura, es un río, es un río que puede correr manso y después, de repente, turbulento ante la copiosa lluvia o la bajada del agua de las montañas o puede caer en la sequedad absoluta y resquebrajante de la sequía, es parte todo de lo mismo, eso es lo que te dibuja, eso es lo que te da el color, eso lo que te da la forma, eso lo que te da la inspiración, desde la emoción, eso es la emoción: el dibujo de cada estímulo que se explota dentro de tu cabeza en forma de palabra, eso es, eso es.

“Senderos hacia el vacío perfecto (mapas y atajos)” es tu primera obra individual. ¿Qué momentos tiene, cómo te gustaría que el lector los atravesara?

Los senderos hacia el vacío perfecto en realidad es una invitación extemporánea, donde el tiempo del escritor deja de ser importante para que el lector al leerlo le invoque en su memoria, en sus fibras más íntimas su propia experiencia en ese punto si es que la tuvo, de acuerdo a sus posibilidades podrá imaginarlas o a lo mejor recordarle alguna persona, una situación, una emoción. Entonces es una invitación a la emoción y los senderos son poesías que llaman a caminarlos con las emociones a flor de piel.

Las secuencias de poesías en realidad tienen que ser absolutamente decodificadas por quien las lee, y según avance, va a ir moviéndose, en muchos aspectos, no es solamente de amor ni autobiográfica porque en realidad son piezas que tienen que romper el cerrojo que las atrapa conmigo, con el autor. Hay que liberarlas. No somos tan diferentes sí uno empieza a decodificar las experiencias desde la emoción.

¿Carlos, por último, cuáles fueron los senderos hacía tu vacío perfecto?

Mis senderos son los que camino permanentemente, los senderos hacia el vacío perfecto son las emociones caminadas y en el tamiz de las sensaciones quedan atrapados momentos, recuerdos, olvidos que no se olvidan y tantísimas otras cosas como también rebeldías hacia el poder, hacia los dogmas, profundos cuestionamientos hacia lo instituido y hacia lo interno de mí mismo.

Mis senderos están propuestos desde un mapa que lo dibujan mis emociones pero al compartirlas el lector decodifica y también puede jugar con sensaciones, pensamientos, sentires. Y así tantas otras cosas, es un deseo tal vez ambicioso, pero de eso se trata la poesía, la poesía tiene vida cuando otra persona, que no es el autor, la hace vivir.

Fuente: Cecilia Sosa para Cultura Rundún.

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